monforte / la voz 15/06/2017 07:50 h

La aldea de A Barca, en Sober -dunto a la desembocadura del Cabe-, fue durante siglos un paso habitual para cruzar el Sil desde la orilla lucense hasta la ourensana. En el lugar existió un puerto fluvial llamado Barca de Santo Estevo. Sobre las embarcacaciones que pasaban el río en este y otros tramos tenían jurisdicción los monjes de Santo Estevo y Santa Cristina de Ribas de Sil.

En tiempos de Felipe IV se pidió licencia real para construir un puente en este lugar, pero el permiso no llegó. El único puente que se levantó, el actual, data de 1955, después de la construcción del embalse de Santo Estevo. El último barquero de A Barca fue Casimiro Álvarez, tenía una embarcación de las conocidas por barco de dornas. Con ella podía pasar personas y animales, aunque en los últimos años solo llevaba gente a la estación de ferrocarril de Santo Estevo.

De la parte alta de la aldea sale el llamado Camiño do Tirxo, de tradicional uso ganadero y agrícola. Su nombre se debe a que lleva al lugar de O Tirxo -a unos ochocientos metros-, donde hay un conjunto de pequeñas cuadras utilizadas para guardar ovejas. El camino lleva también a viñedos y praderías a las que se llevaba a pastar el ganado vacuno y lanar.

Décadas de abandono

Toda esta parte de la ribera de A Barca, formada por viñas, pastizales y huertas, quedó abandonada hace unas tres décadas. Del viejo camino solo se mantiene transitable un tramo de apenas un kilómetro, que finaliza en el lugar donde se hallan las cuadras. Quienes lo mantienen limpio de maleza son Antonio y Avelina, dos vecinos de A Barca que residen actualmente en Ourense. El camino seguía más adelante en dirección a la presa de Santo Estevo para dar acceso a varios viñedos y después tomaba altura para salir a la localidad soberina de O Arroxó. Era una vía de comunicación entre A Barca y Sober, pero este tramo quedó abandonado hace medio siglo, cuando se abrieron nuevas pistas.

El Camiño do Tirxo arranca de un acceso que lleva a la primera vivienda en la parte alta de A Barca. Aunque el tramo accesible no es muy largo, merece la pena recorrerlo por la espectacularidad del paisaje y del bosque lo rodea. Está formado sobre todo por alcornoques, aunque en el lugar de A Touza queda una reducida masa de castaños.

Hasta hace unos treinta años, esta zona estaba dedicada sobre todo a viñedos, que convivían con alcornoques centenarios. Por debajo del camino, hacia la aldea, había también huertas. Un vecino de A Barca, Antonio, recuerda que de aquí salía mucho vino, que se vendía en gran parte en Lugo. Los cestos cargados se uvas se llevaban a hombros desde las viñas hasta la aldea.

Una manguera sobre el Cabe

Una vez elaborado, el vino se transportaba en pellejos hasta la estación de Santo Estevo, donde se vertía en barriles para seguir viaje en tren. Cuando se construyó la carretera hasta este lugar, empezaron a llegar pequeños camiones a la estación. Entonces se instaló una manguera dese a aldea hasta a estación, pasando por encima del Cabe, con la que se travasaba el vino hasta los barriles colocados en los camiones.

A medida que se abandonaron estos terrenos, el alcornoque fue ganando protagonismo y hoy es la especie dominante en esta zona. Hay grandes ejemplares, algunos con alturas superiores a los quince metros. En otros tiempos se extraía el corcho en A Barca. Él no recuerda haberlo hecho, sabe que un tío suyo sí. El corcho se llevaba a la estación del tren. Lo que no tiene claro este vecino es cuál era su destino. Hace un par de años se realizó una extracción de corcho en algunos alcornoques. «Eran uns tratantes de Sarria e fixeron a feito», dice.

El camino pasa por los lugares de A Touza y O Carrión para finalizar en O Tirxo a la altura de las cuadras. Destaca la cantidad de antiguos bancales abandonados, antes destinados a viñas y huertos, y la considerable altura de algunos de sus muros.

DESDE SOBER

Hay que salir por la carretera que lleva a Santo Estevo de Anllo y Nogueira. Esta última localidad se halla a 6,4 kilómetros de Sober. Una vez allí, es preciso seguir por la carretera que lleva a A Barca, que se encuentra a una distancia de tres kilómetros

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