Mollavao no se libra de la basura: ahora le toca al aparcamiento

Tras vallarse la finca de Malvar, el párking disuasorio es la nueva zona cero de vertidos en un barrio que está harto de su mal aspecto


pontevedra / la voz

«Somos un patiño feo. E non hai maneira de cambiar esa imaxe do barrio de Mollavao, éche triste». La frase la pronunciaba ayer un vecino entrado en años y en canas que paseaba por las inmediaciones del aparcamiento disuasorio, popularmente conocido como la parcela donde se instalan los circos. En realidad, si se recorre este terreno de cabo a rabo, uno entiende que al hombre no le falta la razón. ¿Por qué? Porque Mollabao no logra librarse de la basura, de los vertederos incontrolados. Hasta que hace unos días se limpió y valló, la antigua parcela de Malvar era la gran zona cero de los residuos. Ahora, parece que le cedió el testigo al párking. En él hay un poco de todo, desde restos de podas y hasta estiércol a un sofá amarillo que, conforme pasan los días -lleva ya un tiempo allí-, va perdiendo el color y los cojines, ahora esparcidos por el terreno.

Empezamos por ahí, por esa esquina de la parcela de los circos donde alguien decidió desprenderse del sofá amarillo. Ahí, hay algo de todo. Desde una manguera negra hasta restos agrícolas, un váter o varios televisores destrozados. E incluso hay bolsas llenas de basura orgánica abiertas y desperdigadas, con sus restos de comida por allí tirados y sus latas aceitosas rodando por el suelo. Una perrita, Laika, se acerca a husmear. Pero su dueño, Manuel, habitual del aparcamiento, la llama enseguida para que se aparte de la basura: «Isto é un noxo, eu veño aquí coa cadela pero nin pasear se pode, porque está todo cheo de lixo», indica.

Cerca del sofá y del resto de los vertidos, hay una especie de zona acotada con unas piedras y una puerta metálica y, tras ese cierre, tierra y piedras. ¿Estos también son vertidos? No. Enseguida aparecen trabajadores de Viaqua, la concesionaria del saneamiento y el abastecimiento, y explican que, en realidad, ahí guardan ellos material que sacan de las obras para luego volver a utilizarlo. A cuenta de los vertidos de basura, tuvieron que vallar su espacio para que no se mezclase con los desperdicios.

En otra parte de la parcela, pegada a una casa con los cristales destrozados, hay también un neumático enorme tirado y, al lado, unas arquetas sin tapa y con varias mangueras al aire. Incluso hay una llave de agua que cualquiera podría abrir sin problema. En esa parte, la basura se entremezcla con la maleza aunque, afortunadamente y por tratarse de la primavera, ahora hay flores que alegran la horrenda estampa. Si se va por la parte de atrás del aparcamiento, la que da a la carretera vieja de Marín, la situación ya roza el esperpento. Allí está José Manuel, un hombre que vive en la caja de un camión y que no deja de acumular cachivaches alrededor del vehículo que tiene como hogar. A mayores, cerca de donde él vive, también hay restos de escombros y de electrodomésticos.

La parcela donde se ubica el aparcamiento disuasorio es de Costas. Por ese motivo, el margen de maniobra del Concello a veces es bastante limitado.

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