«Soy paralítica cerebral y no tengo complejos»

D. CELA LUGO / LA VOZ

A MARIÑA

óscar cela

La atleta se retiró, con 52 medallas de oro conseguidas, por un desprendimiento de retina

27 mar 2017 . Actualizado a las 23:40 h.

Hilda Rodríguez Rodríguez fue la primera lucense en subirse al podio en unos Juegos Olímpicos. A lo largo de los 12 años que compitió en atletismo y boccia con la Federación de Paralíticos cerebrales consiguió 52 medallas de oro, dos de ellas en Atlanta. Con casi 62 años cumplidos, de lo único que se arrepiente es de no haber disfrutado algo más de la vida. Enumera más de una docena de países en los que compitió, de los que dice que poco más conoció que los edificios oficiales en los que se celebraban las recepciones que tributaban a los equipos. Hay algunas sombras en su exitosa vida deportiva de las que prefiere no hablar. Se nota que conserva algún recuerdo doloroso que no le impide mostrar una amplia sonrisa. Habla rodeada de decenas de sus trofeos más queridos, entre ellos las medallas olímpicas, que le han intentado comprar y de las que no se desprende, la Medalla Castelao y fotografías en las que están muy presentes las infantas Elena y Cristina por las que siente un gran respeto y cariño.

-¿Por qué se retiró?

- Fue una retirada forzosa. Veo muy poquito. Cuando regresé de la Copa del Mundo de Boccia, que se disputó en 1999 en Mar de Plata sufrí un desprendimiento de retina. Me operé, pero en el 2000 se volvió a desprender y ya no volví a competir. Fui muy miope toda la vida. No puedes ir a una Paralimpiada sin ver, pero yo jugaba bien. No me digas cómo.

-¿Cómo llegó al deporte?

-Siempre me gustó. Desde muy pequeña mi padre me llevaba al baloncesto. Todo empezó en 1988, que fue cuando empezaron las competiciones para paralíticos cerebrales. El presidente de la asociación a la que pertenecía me preguntó si quería hacer deporte. Tenía 35 años y se celebraban en Portugal los primeros Juegos Ibéricos. En la segunda edición ya competí y no paré hasta que me tuve que retirar. Participaba en atletismo en cinco modalidades y en boccia. El 50% de nuestras medallas las conseguimos gracias a los voluntarios. Sin ellos no lo habríamos conseguido. Había pocos pero eran imprescindibles y nos acompañaban a todas las competiciones.

-¿Tuvo ayudas?

-En 1994 tuve que dejar el atletismo y centrarme en la boccia porque podía entrenar sola, con mucho trabajo, y en atletismo necesitaba apoyo y no lo tenía. Solo tuve la ayuda de dos objetores de conciencia en 1998 y 1999. Para hacer un deporte de competición hay que entrenar.

-¿Cómo entrenaba?

-Oficialmente entrenaba dos horas los sábados, pero en realidad me llevaba mi padre varias veces por semana al San Vicente de Paúl. Durante dos años fui a entrenar a Ourense con el equipo. Iba sola en el coche de línea, con la comida en la mochila. A la estación me acercaba mi padre. La silla iba en la bodega. Los conductores me ayudaban.

-Con su experiencia ¿qué consejo le daría a otros deportistas?

-Yo les diría a todos los deportistas «minus» que nunca entrenen sin un fisioterapeuta y sin control de un médico. Si no lo haces, como me pasó a mí, te pasa factura y muy elevada. Estoy como estoy y tengo bastantes problemas derivados de aquella época pero, si hoy me dicen ahora ¿juegas? No lo dudaría. Me haría además mucha ilusión.

-¿El deporte le abrió puertas?

-Hice COU y administrativo, pero nunca llegué a trabajar. Llegué a dar 150 pulsaciones en la máquina de escribir, en aquellas tan duras. Aún no existían las eléctricas y mucho menos los ordenadores. Las empresas no quieren a gente como yo. Y si eligen a una «minus» es porque tiene muy poca discapacidad.

-¿Ganó dinero?

-Te pagaban los viajes. La asociación los nacionales y la federación los internacionales. Yo siempre he vivido de mis padres y ahora de una pensión. Solo tuve beca los dos últimos años.

-¿Cree que se avanzó en el trato a la discapacidad?

-Se avanzó mucho, pero no lo que debiera. Todo el mundo piensa que por ir en silla de ruedas no te enteras de lo que pasa a tu alrededor . Cuando iba con mi padre le hablaban a él. Le decían «¿é logo a pequena?» Ni me miraban siquiera. Ahora voy al HULA sola en mi silla eléctrica. El personal se pone muy nervioso cuando me ve y me hace preguntas absurdas. No se dan cuenta de si voy sola es porque puedo hacerlo. Me dan ganas de decirles: no soy tonta, soy paralítica cerebral. Puedes tocarme que no rompo. Realmente no me importa. Hay gente que se hunde con este tipo de cosas. Yo no. Yo me río. No tengo prejuicios ni complejos.

«Eché en falta una llamada del estilo de vamos a celebrar los 25 años...»

Hilda Rodríguez portó la antorcha olímpica de los Juegos de Barcelona, en 1992, en el trayecto desde el Ayuntamiento de Lugo hasta San Fernando. En sus numerosos éxitos deportivos siempre estuvo presente el nombre de Lugo.

-¿Añora aquella etapa?

-Si lo miro por un lado, si. Por cómo estaba, por lo que hacía, por la gente a la que conocí en los viajes. En ese sentido fue una etapa maravillosa. Con algunas personas sigo teniendo contacto. El primer año después de la operación en los ojos envié 52 postales. Después fue bajando el número y ahora todavía mando alguna. Pero, si pienso en las judiadas que me hicieron, no. La gente es muy cruel, incluso cuando se dicen tus amigos.

-¿No se relaciona por Internet?

-No, no tengo Internet en casa. Los problemas de vista, aunque use una lupa, me impiden ver las cosas bien. Me canso y además con la pensión que cobro tampoco da para mucho.

-¿Sigue teniendo buenas relaciones con la federación?

-De eso no quiero hablar. Es agua pasada. Lo único que diré es que después de tantos años falta la primera vez que se pusieran en contacto conmigo para reunirnos. Esperaba alguna llamada del estilo «Hilda se cumplen 25 años vamos a celebrarlo», que nunca se produjo. Ya no digo ayudarme a encontrar un trabajo, como a otros deportistas. Supongo que fue porque yo siempre estuve acompañada de mi tetraplejia espástica. Si mi situación fuera diferente a lo mejor hubiera tenido otros apoyos.