Sospechoso habitual

Conspiranoia


No sé si son los años, pero he de reconocer que me he vuelto un individuo profundamente desconfiado; les explicaré los motivos con un ejemplo.

Desayuné el miércoles con el supuesto ataque de Al Assad con armas químicas sobre población civil y me pregunté si realmente es posible que alguien pueda llegar a ser tan inepto y, aunque la respuesta es sí porque la imbecilidad humana no conoce límites -la española se sale de la media-, no dejó de sorprenderme el relato que estaba escuchando. Pongámonos un momento en el pellejo del dirigente Sirio. Resulta que después de años de guerra civil y otra guerra paralela frente a Isis vas y, cuando ya tienes a los rebeldes casi acorralados y estás más cerca de la victoria, bombardeas con armas químicas sobre civiles cuando sabes fehacientemente que eso hará que caiga sobre ti todo el peso de la OTAN. Este razonamiento tabernario de un servidor ignora si Al Assad es idiota o si, por el contrario, esta es una nueva maniobra de Occidente para seguir en el intento de derrocar a un gobierno aliado de los rusos y ya de paso mover un poco esos misiles que están cogiendo polvo en los arsenales del tío Sam.

Llámenme conspiranoico, pero les pido que me permitan que no me crea ya nada, al menos en su totalidad, de lo que venga de Moncloa, el pirulí y sus aledaños. Nos tuvimos que creer lo de Irak; lo del Prestige; lo del 11-M; lo de la gripe aviar; lo del Alvia y el metro de Valencia; Palomares y el 23-F. Se supone también que Venezuela está muy mal (que lo está) pero que Arabia Saudí o México están bien porque allí hacemos negocios. Suspiren.

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