La cultura del mecenazgo


14/03/2017 05:10 h

Hace unas semanas llamaron a su puerta. Cuando los investigadores del grupo de Oncología Médica Traslacional (Oncomet) se presentaron en Ribeira pidiendo la ayuda del ciudadano de a pie y la empresa privada para financiar el estudio de una técnica poco invasiva que podría mejorar considerablemente el diagnóstico y tratamiento del cáncer no sabían muy bien que timbre estaban tocando. Y es que, tal y como explicaba en líder del equipo que trabaja en la biopsia líquida desde el CHUS, Rafael López López, en España no hay cultura del mecenazgo para la ciencia y la investigación, a diferencia de otros países como el Reino Unido o Alemania, en donde nadie se escandaliza por que no sea únicamente papá Estado el que estruja el bolsillo para un bien común.

Resulta que el jefe de Oncomet, que aquel día llegó a Santa Uxía dispuesto a remover conciencias, dio con un público no solo receptivo, también comprometido, capaz de organizar foliadas, mercadillos, rutas de tapas (con la complicidad de grupos de música y danza, hosteleros, así como de los espectadores y clientes que respondieron en masa a la llamada) y todo cuanto esté en su mano con tal de ir aportando su granito de arena a esa montaña que se pretende coronar. Son 500.000 euros los que hacen falta para continuar el camino hacia la vanguardia de la investigación oncológica. Queda un mes para que finalice la campaña y ya se ha llegado al ecuador. Ayer eran casi 256.000 euros los que habían recaudado, con la contribución de los barbanzanos y de otros gallegos que han aportado fondos para esta causa, desperezándose de esa tendencia -un tanto egoísta y comodona- a delegar la responsabilidad de financiación en un Gobierno que ha demostrado que tiene otras prioridades que no son ni la ciencia ni la I+D+i en general.

Queda para otro debate esa cuestión, aunque personalmente creo que si Mahoma no va a la montaña (como debería ser, por otra parte), hay causas por las que merece la pena remangarse en un frente común para tratar de desplazar el macizo hasta su destino.

¿Y los grandes empresarios? Tienen los medios en sus manos, las máquinas con las que mover el terreno. Hay y ha habido mecenas a la altura de su nombre, la mayoría amantes de la discreción. En el caso de la investigación científica catalana, Pere Mir, por ejemplo, un filántropo que no concedía entrevistas, quien fallecía el pasado viernes dejando huérfano a quienes trabajan cada día por encontrar una cura, un remedio al dolor, una ecuación con la que salvar vidas. De nada sirve todo su esfuerzo si no tienen medios a su alcance. Quizás esta sea la mejor inversión de todas, por su rentabilidad social.

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