¿Cómo acabar con los mocos?

Poco podemos hacer los padres, salvo que beban mucha agua, lavados nasales y paciencia. A medida que el niño crezca estos problemas irán desapareciendo porque ya habrán pasado estos procesos víricos. El mito de que la leche los provoca no tiene ninguna base científica


Mocos y niños son una sola entidad y un auténtico quebradero de cabeza para los padres. ¿Cómo se pueden combatir? ¿Existen tratamientos efectivos? Son muchas las incógnitas que tienen los progenitores a la hora de enfrentarse a este problema tan común en los niños y, sobre todo, en los bebés, al ser incapaces de expulsarlos.

 «Los niños siempre van a tener mocos. Sobre todo, en edades precoces porque no han pasado ninguna infección vírica y tienen que tenerla en algún momento», explica Ramiro Blanco, pediatra del Hospital Quirón de A Coruña y especialista también en neonatología y alergología infantil. Estos procesos se inician habitualmente con la escolarización o si tienen hermanos: «A medida que el niño crece coge menos catarros. No porque se haga más fuerte, que también, sino porque esos virus ya los ha pasado», aclara.

Para Blanco, «no hay nada que podamos hacer para evitar que el niño tenga catarro», ni siquiera al principio del proceso: «El tratamiento recomendado para los cuadros catarrales comunes es agua, lavados nasales con suero y poco más. No hay ningún jarabe, ni ningún producto farmacéutico que esté recomendado. Y de hecho la mayoría de los anticatarrales están contraindicados en niños. Sobre todo, en los menores de dos años», aclara. Además, desmiente el mito de que los productos lácteos provocan mocos: «No se sabe muy bien de dónde surge. En mi opinión, creo que nace de la observación de que los niños pequeños tienen moco, los niños pequeños toman leche y, por consiguiente, la leche da mocos. Pero no tiene ninguna base científica. Además, nos encontramos que cada vez hay más ofertas de leche de soja, leche de arroz, de avena... productos que no son de leche pero que lo parecen. Y nos los venden como que nutricionalmente son iguales y que encima no les producen moco. Creo que nos hacen flaco favor desde el punto de vista nutricional porque ahí sí que nos encontramos con niños que pueden tener más problemas de nutrición y, por consiguiente, un sistema inmunológico menos fuerte y más catarros», explica.

Estos procesos pueden derivar incluso en bronquiolitis: «Es una patología relativamente frecuente por debajo de los tres o cuatro años cuando el bronquio todavía está inmaduro. A veces, hay antecedentes familiares de asma o con problemas respiratorios. Pero cuando el niño madura, a los cuatro o cinco años, estos problemas suelen desaparecer». En estos casos, se debe observar la frecuencia con la que el niño padece bronquiolitis y su intensidad: «Hay dos tratamientos estrellas, que son dos antiinflamatorios. Los corticoides inhalados y el Montelukast, un antiinflamatorio no corticoide que se usa mucho en niños entre seis meses y cuatro años cuando los procesos se desencadenan, sobre todo, por infecciones víricas. Se trata de dos medicamentos que se dan en niños que tienen excesivas crisis buscando reducirlas», comenta.

Otro de los temas que pueden llegar a preocupar es el excesivo uso de antibióticos: «Hay un estudio que demuestra que hasta un 60 % de los antibióticos que se recetan, sobre todo, en niños menores de tres años, no eran necesarios. La inmensa mayoría de los cuadros son víricos. Lo que sí incide directamente en la prescripción del antibiótico es la visita a urgencias. El tratamiento suele ser más agresivo por el mismo entorno en el que está, que suele haber los casos graves. En ese sentido, se suele pecar de exceso». Sin duda, para Blanco, el mejor tratamiento ante los catarros es la paciencia: «Eso y conocer un poco a tu hijo. Y, sobre todo, que quien vea regularmente al niño sea su pediatra, que es quien mejor lo conoce», concluye.

 

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