crónicas coruñesas

La censura que asoma su rostro en la ciudad


Bento Veloso y los Doce Trinches es una excelente banda de rock coruñesa. Tiene un tema titulado Muerte en la peluquería que, en plan peli de serie b, recrea una escena sangrienta. En uno de sus versos cantan: «Peluquero bueno, peluquero muerto». El otro día, escuchándolos, me ocurrió algo curioso. Durante dos o tres segundos me planteé si era ofensivo, casi de modo automático. Al cuarto, mi sentido común apareció. Me dio una colleja: «Déjate de tonterías». Pero, poco después, me dije: ¿y si en vez de decir peluquero dijera peluquera? Y vuelta a empezar.

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Personas disfrazadas en la puerta de los juzgados apoyando al edil José Manuel Sande

Ese tipo de cuestionamientos me temo que derivan del extraño clima actual. Se trata de una especie de estado de alerta permanente que busca el no ofender, el encontrar dónde poderse sentir ofendido y, luego, proclamarlo a los cuatro vientos. Ya no es que alguien diga o haga algo. No, se trata que ese algo forme parte de un chiste, un dibujo o una canción. A la mínima, salta la chispa y se inicia la cacería en las redes sociales. Ojo, que la cosa a veces no se acaba ahí. Igual terminas ante un juez explicando las intenciones de un dibujo o devolviendo entradas porque te han obligado a cancelar un espectáculo de humor.

De lo primero hemos tenido el último capítulo esta semana, con el edil de Culturas, José Manuel Sande, declarando en el juzgado por el ya famoso cartel del carnaval de Alberto Guitián. Este representaba una escena común del entroido que cualquier persona que haya salido a la calle en esas fechas habrá podido comprobar. Sí, la irreverencia forma parte de esta fiesta en la que, por ejemplo, los hombres se disfrazan de monjas, enseñando ligueros mientras le dan al cubata. No sentó bien a la Asociación de Viudas de Lugo. Y no les llegó con expresar la queja. Fueron más allá y denunciaron por herir los sentimientos religiosos. Ahora estamos un procedimiento judicial que debería filmar Berlanga.

Antes de ello, era el humorista Jorge Cremades quien sufría el veto del Ayuntamiento y la Diputación. Se argumentó que sus chistes tenían carácter machista y se tumbó su pase en el Teatro Colón con casi todo el aforo vendido. Además, la edila de Igualdade Rocío Fraga anunció que se iban a inspeccionar los próximos espectáculos que se hagan en espacios públicos en A Coruña para descartar contenidos machistas. La palabra usada fue «auditar». Pero, más allá de la neolengua, se estaba apelando a una censura previa. Veremos si se aplica a Joaquín Sabina o Daddy Yankee, artistas en tela de juicio por esos temas que actúan en la ciudad próximamente.

En medio de estos polos (en efecto, los extremos políticos están ahí) nos encontramos los ciudadanos: confusos respecto a la libertad de expresión, descolocados por sus restricciones, un poco contagiados por el ambiente y temerosos ante lo que nos espera. Porque, de seguir así, no sabemos a dónde llevará todo esto. Pero seguro que a nada bueno.

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Carnaval Entroido Música Caza Libertad de expresión
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