Laura Boado: de un restaurante de Arteixo al de «First Dates»

ARTEIXO

Mediaset España

Se crio en un bar. La participante gallega de «La isla de las tentaciones», trabajó durante dos años en el Arde Lucus, el asador que regenta su familia en Arteixo. Ahora está feliz en el restaurante más romántico de la televisión. A Carlos Sobera ya lo han invitado a probar el famoso chuletón de ternera de Oseiro

10 jul 2023 . Actualizado a las 20:26 h.

Una tiene un restaurante en la vida real y la otra en la televisión, pero no son mundos tan diferentes como pueda parecer. Empecemos por la progenitora. Filo Fernández Gay regenta, junto a su hijo David Boado, el conocido asador Arde Lucus de la Travesía de Oseiro, en Arteixo, un templo para los muy carnívoros y un buen lugar para disfrutar de los mejores pescados y verduras a la brasa. La televisiva hija es Laura Boado Fernández. La modelo y creadora de contenido fue la única participante gallega de La isla de las tentaciones 6 y también una de las que más hizo sufrir a buena parte de la audiencia debido a sus replanteamientos vitales (poco comprendidos por algunos seguidores del reality show).

El caso es que, desde que Laura se convirtió en una de las camareras del programa First Dates, de la cadena Cuatro, su fama ha crecido como la espuma. Y el paralelismo con la profesión de su madre, también. Cada una con su restaurante, aunque el de la hija sea a través de la pantalla. Filo lo tiene claro: «Si Carlos Sobera se pasa por Galicia, espero que venga por aquí. Lo conocí en Madrid hace poco y le invité a que viniera. La verdad es que es una persona encantadora. Me pareció supernatural y muy auténtico. Tal como se ve en la tele».

MARCOS MÍGUEZ

Pocos consejos

La madre apenas quiere darle consejos a la hija, aunque podría, sobre cómo ser la jefa de sala perfecta. Y es que Laura atesora ella solita suficiente experiencia en el mundo de la restauración como para salir airosa en cada episodio del dating show de Mediaset. No solo se crio tras la barra de un bar, sino que conoce bastante bien el funcionamiento de un restaurante, porque incluso trabajó durante casi dos años en el Arde Lucus, que regenta su familia desde hace siete años muy cerca del polígono de Sabón. De sus empresas parten muchos de sus clientes. «Casualidades de la vida, ahora estoy feliz en First Dates, pero yo me crie en el seno de una familia hostelera. Mis padres tenían un bar en Santiago (el Carollo en San Lázaro), que encima era nuestra vivienda, así que yo me pasaba el día en el bar», cuenta Laura. «Llegaba del colegio y echaba una mano, bajaba a comer en el bar y estudiaba con el libro allí. Hacía la vida en el bar», confiesa. Sobre si esa experiencia le pudo haber valido a la joven para manejarse con tanta soltura en la tele, la madre responde afirmativamente: «Creo que sí. Trabajando en este sector adquieres una soltura con la gente y pierdes esa vergüenza a la hora de hablar con los comensales en las mesas. No es que Laura quisiera dedicarse a esto, pero cuando le tocó hacerlo, lo hizo muy bien. Ella siempre ha sido una persona con don de gentes, le gusta hablar con todo el mundo, escuchar a los demás y creo que toda esa experiencia sí le ha valido para First Dates», explica la orgullosa madre. La hija también lo tiene claro: «Cuando me seleccionaron para First Dates, les gustó mucho que mi familia tuviese un restaurante y que yo siempre les iba a echar una mano, o a currar en alguna cafetería o a poner copas los viernes y sábados. Ser camarera y trabajar en hostelería te ayuda a leer a las personas. Si salía con algún chico, yo siempre me fijaba en cómo trataba a los camareros».

Como pez en el agua se siente Laura con sus cometidos actuales en pantalla: acompañar a los solteros a la mesa en la que puede que encuentren el amor, atenderles durante su velada, intentar calmar los nervios de los que se acerquen a su cita con cierta inquietud y ser partícipe de sus primeras impresiones. «Mis historias favoritas son las de las personas mayores, sobre todo cuando se gustan, porque son muy directos y te lo dicen a la cara. Me pareció muy bonita la historia de Antonio, un señor de 92 años, al que las noches se le hacían muy largas y quería una compañera de viaje. Sabía muy bien lo que quería», remarca.

Cuando Laura llamó a su madre para contarle que acababa de fichar por el restaurante del amor de Cuatro, se alegró mucho. «Un día me dijo que iba a una prueba para el programa First Dates, pero que no tenía muy claro que la fueran a coger. Mi sorpresa fue cuando, al cabo de dos días, me volvió a llamar para decirme que sí, que la habían seleccionado. Me alegré porque vi que a ella le hizo ilusión y porque es un programa que yo también veo de vez en cuando. Por mi trabajo, no puedo seguir mucho lo que dan en la tele, pero ese sí. Sobre todo durante la pandemia, era uno de los espacios que más me entretenía a esa hora», dice Filo.

Laura también confiesa ser una fan de First Dates desde que se estrenó el formato hace siete años: «Empecé a ver el programa cuando estaba en el instituto y todavía me cuesta creer que trabajo todos los días en el restaurante que llevo años viendo en la televisión. Todo el equipo es increíble y me siento como en casa, rodeada de una familia maravillosa», afirma Laura.

Lo que no se perdió su madre fue La isla de las tentaciones. Laura Boado llegó a Villa Playa de la mano de Alejandro Pérez, al que conoció en un certamen de belleza donde los dos eran miss y míster guapura. Eran la pareja perfecta. Había cariño, complicidad y ternura entre los dos. Dos enamorados por los que cualquiera apostaría que nunca iban a romper. Pero, tras permanecer separados y aislados como mandan los cánones del programa durante semanas, y tras ponerse a prueba con los tentadores, la gallega acabó rompiendo con él y abandonando la hoguera final como una mujer soltera que se había reencontrado a sí misma. Casi al final empezó otra historia con uno de los solteros tentadores, Saúl Pina y, aunque los susodichos colaboradores les dijeron que no llegarían al verano, ahí continúan a día de hoy. Todo este periplo lo siguió su madre por la tele y en la vida real. «La veía, sí, y lo pasé mal en ciertos momentos».

Y es que Laura lloró e hizo llorar a la audiencia por lo culpable que se sentía. «Claro, a mí me molestaba verla a ella pasándolo mal, pero cuando te metes en televisión y en un reality ya sabes a lo que vas. Es lo que tiene la tele. Al principio, a mí lo de que fuera a La isla no me agradaba y se lo dije, pero ella es adulta y toma sus propias decisiones, lógicamente», confiesa Filo. A pesar de los sinsabores, la hija hace un balance positivo de su paso por La isla. «Ha pasado justo un año desde que fuimos a grabar y la emisión fue muy dura. Al final, te caen [críticas] por todos los lados. Es muy fácil criticar desde casa. A nivel personal, el programa me ayudó muchísimo a saber quién está a mi lado de verdad y a darle importancia a lo que de verdad la tiene. La isla me ayudó a madurar personalmente y a saber lo que quería en mi vida y lo que no. Y, al final, llegamos al verano», dice sonriente.

Así es Laura, influencer con los pies en el suelo. «Vengo de una familia humilde y trabajadora», con la que aprendió el valor de las cosas. «Todo lo que soy a día de hoy como persona es gracias a mi familia. Ellos me han enseñado a trabajar duro, a luchar por avanzar y seguir aprendiendo. Eso es lo que me han inculcado. El único consejo que me dio mi madre cuando empecé en esto es que me lo curre y que sea yo misma siempre». Y así está siendo.