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¿Es posible disfrutar del terraceo sin congestionar la calle?

Hay zonas por las que es difícil pasar y la mayor parte de los locales no aplican la normativa vigente


A Coruña / La Voz

Nadie discute que las terrazas, además de un medio de vida para muchos hosteleros, alegran las calles y las hacen más atractivas. Pero también es cierto que no siempre resulta fácil su convivencia con los peatones. Sobre ellas rige una normativa que casi nadie aplica y en determinados momentos han generado problemas para los transeúntes o incluso para que puedan pasar los vehículos de emergencia.

«La antigua normativa es tan restrictiva que no la cumple casi nadie, lo que hay que hacer es algo viable tanto para los hosteleros como para los peatones», dice Antón Sáez, presidente de los hosteleros de la Marina. Su caso particular es distinto, porque allí sí rigen unas normas y unos planes consensuados con Patrimonio y el Ayuntamiento, y porque sitio tienen de sobra para poder ampliar mesas. «El asunto no es restringir, hace falta vida en las calles, pero también un equilibrio y que no se sobrepasen unos límites», cuenta.

Basta darse un paseo por determinadas calles -sobre todo si hace buen tiempo- para entender que efectivamente hay un problema de espacio. En la Franja, la Barrera, Galera y la Estrella están los casos más llamativos, pero también los hay en ocasiones en Capitán Troncoso, por ejemplo. Eso en cuanto al espacio. En cuanto a la anarquía no hay que irse al centro. Se aprecia en cualquier lado que cada uno pone su terraza como le viene en gana. Por ejemplo, existe una normativa que exige colocar un determinado tipo de toldo y que el mobiliario sea metálico y de un tipo concreto. Se ven en muy pocos sitios y en eso está el centro -salvo la Marina- igual que el resto de las calles peatonales de la ciudad.

Los inconvenientes los conocen mejor las personas con movilidad reducida. Mónica Forteza, que se desplaza en silla de ruedas y es asesora en temas de dependencia y discapacidad, no está para nada en contra de las terrazas, todo lo contrario, pero en algunos puntos les ve los peros mejor que nadie. «La zona más conflictiva de la ciudad es la que va de la plaza de Lugo a la plaza de Ourense, no porque ocupen mucho, sino porque el espacio de paso está invadido por árboles», cuenta. No tener en cuenta esos detalles supone ponerle barreras a quien se mueve en silla de ruedas.

La normativa, dice, está para cumplirse, pero no hay inspección y falta una negociación entre Ayuntamiento, sector y colectivos con discapacidad para establecer un código que satisfaga a negocios y vecinos. Uno de los problemas que Forteza destaca no es de espacio, sino de mobiliario: hay una norma que indica que los locales, por cada cinco mesas, tienen que tener una accesible. Muchos ponen solo mesas altas. Estarán de moda, pero de nada le valen a alguien que va en silla de ruedas.

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