crónicas coruñesas

La táctica secreta de Mauro Silva


Aquellos años en que el Dépor navegaba con soltura por la Liga de Campeones, Joan Capdevila, que además de un gran lateral izquierdo ha sido siempre un rapaz de excelente sentido del humor, tenía una táctica secreta que ponía en práctica junto a Mauro Silva y que reservaba para los compromisos más exigentes. Así, cuando el equipo jugaba contra la Juve, el Milan o el Bayern, Joan le decía al brasileño durante el calentamiento: «Bueno, Mauro, hoy hacemos nuestra jugada. Ya sabes: Tú me la pasas, yo te la paso, y tú, ¡bajo ningún concepto!, me la devuelves».

Es difícil hacerse a la idea de que existe hoy una generación de chavales que van a Riazor y que no han visto jugar a Mauro Silva, porque para los que tuvimos el privilegio de disfrutar de su fútbol durante las 13 temporadas que maravilló en A Coruña es difícil pensar en el Dépor sin que se nos venga a la cabeza su imagen.

Y es difícil también explicar lo que significaba en aquel equipo, en el club e incluso en la ciudad, pero creo que tiene mucho que ver con lo que subyace bajo la anécdota de Capdevila: la asunción de responsabilidad. Un futbolista no es campeón del Mundo, de América, de la Liga y de la Copa del Rey por casualidad, y la responsabilidad de dar su mejor nivel en cada partido, la exigencia máxima, marca la diferencia entre los jugadores extraordinarios y los demás. Y Mauro era de los mejores.

El carisma que tenía en el campo y al que Capdevila se asomaba desde el humor para descargar presión era algo natural en el pivote del Dépor y se extendía más allá del campo: al vestuario, con una enorme influencia; al club, con un peso altísimo, y a la ciudad, porque cada vez que había que inaugurar una peña o ir al hospital para visitar a los niños ingresados, allí estaba Mauro. Y entonces ese carisma se convertía en algo que el propio brasileño explicaba ayer en su entrevista en La Voz: valores que los coruñeses no olvidan ¡bajo ningún concepto!

La próxima semana aterrizará en A Coruña después de diez años de ausencia. Vuelve para clausurar el campus que lleva su nombre y para repartir un montón de abrazos. Viene además como vicepresidente de la Federación Paulista de Fútbol, con un bagaje impresionante dentro y fuera de los terrenos de juego, y ante esto es inevitable reflexionar sobre lo absurdo de que aquel Deportivo repleto de futbolistas de talla mundial, en un inexplicable desperdicio de talento, acabase dando la espalda a sus grandes referentes. Y ahora que vivimos tiempos de humildad, el caso de Mauro Silva debe guiarnos en el rechazo absoluto de aquella táctica disuasoria que un club como el Dépor jamás debería haber puesto en práctica. ¡Bajo ningún concepto!

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