crÓNICAs coruñesas

Con la vagancia al sol


Decía Luís Pousa ayer que lo que hace un coruñés que se precie es quedarse en la ciudad. En mi casa, el debate es más canijo: salir o no salir de casa los domingos, esa es la cuestión. Al parecer, existe una cosa que se llama nesting que está arrasando y que seguro que suma miles de etiquetas en Instagram. Y que traducido al cristiano, es lo que hacen esos amigos que los fines de semana no hay quien mueva de casa. ¿Salimos, vamos a comer fuera, hacemos algo, me acompañas?, preguntan los animados del grupo. Con lo bien que se está en el sofá, viendo una peli, mirando por la ventana, regando las plantas, ordenando armarios o haciendo magdalenas, ¿para qué salir?, responden los visionarios.

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PARQUE DE SANTA MARGARITA en primavera

En realidad, esto del nesting es lo mismo que hacías cuando tu madre te preguntaba (y no por curiosidad, precisamente) si pensabas pasarte todo el día sin hacer nada. Solo que con una etiqueta en Internet y sin tener que dar explicaciones. Todo lo contrario: lo que mola es hacer el vago porque reduce el estrés. Aunque en mi ya clásico tira y afloja dominical, estas últimas semanas se está poniendo difícil lo de esconderse en el sofá.

La culpa la tiene el tiempo, este sol, este calorcito, esta luz, estas ganas de coger el coche y recorrer la comarca. Porque no hay nada que siente mejor que una ensaladilla en Mera. Que dicho así suena un poco raro, pero seguro que existe algún sesudo estudio que demuestra los efectos beneficiosos de tomarse una tapa al borde del agua. Y si después aprovechas para mojar los pies por primera vez en el mar en esta primavera, los beneficios se multiplican. Aunque tus pies salgan de los zapatos completamente transparentes, que no blancos, mimetizados con la arena, mientras algunos osados vecinos se aventuran a ponerse el bañador y darse un chapuzón con vistas a Coruña.

En mi casa somos muy de nesting, pero cuando decidimos aprovechar lo cerca que queda el parque de Santa Margarita descubrimos que incluso a la sombra de algún eucalipto, por muy invasor que este sea, se está bárbaro. Da igual que haya un par de espontáneos de la trompeta, alguien ensayando con una gaita o una docena de perros ladrando y mandando a freír churros la paz de este domingo de sol. Da igual que se lancen los niños en patinete, cuesta abajo y sin rodilleras. A la sombra de un árbol, con unas patatas fritas y una cerveza, aunque el parque esté rodeado de asfalto y de coches, parece un espejismo verde en el que perderse.

¿Y si resulta que hay otra variedad de nesting que consiste en hacer el nido fuera de casa? Y nos llevamos a la calle, a la playa, al parque, las ganas de no hacer nada. Para poner nuestra vagancia al sol de abril.

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