BJJ, donde la mente vence a la materia

Tras el CrossFit y el pilates, OK se somete a una exigente sesión de jiu-jitsu brasileño, un arte marcial que causa furor en medio planeta y que va camino de convertirse en deporte olímpico.

BJJ, donde la mente vence a la materia Una disciplina con múltiples beneficios practicada por millones de personas en todo el mundo. Proviene de Brasil y busca la coordinación de movimientos sobre un tatami. Asistimos a una sesión de jiu-jitsu en el Arousa Padel de Vilagarcía.

Los deportes de lucha, tantas veces incomprendidos en la calle, le han dado días de gloria al periodismo. Relatos épicos, conmovedores, sostenidos por la leyenda del más tenaz de los instintos: el de supervivencia. Un ser humano frente a otro, con el único propósito de derrotarlo. Una contradicción en sí misma porque nadie comprende y respeta más al luchador que aquel que aspira a doblegarlo. Con el objetivo de entender la esencia y dimensión de estas artes, testamos en primera persona el jiu-jitsu brasileño, una de las disciplinas del momento a nivel mundial, con millones de practicantes en los cinco continentes.

 El imparable auge del Brazilian jiu-jitsu o BJJ, una evolución del arte originario de Japón, habita seguramente en su concepción: un individuo poco dotado físicamente puede someter a uno más fuerte y pesado con el uso de llaves y técnicas. Esto es algo que quedará meridianamente claro en el transcurso de la sesión impartida por Joao Paulo Alves Amorim. Este experto maestro brasileño dirige y gestiona su tatami en las instalaciones de Arousa Padel en Vilagarcía. Todo bonhomía y cordialidad en el trato corto, su rictus se transforma cuando arranca el entrenamiento. A partir de ese instante afloran la exigencia, la disciplina y el respeto. Por uno mismo y por el contrario. En definitiva, por el grupo.

Esconde algo tribal el jiu-jitsu brasileño. Una sensación de pertenencia íntimamente agradable. Sobre la piel del tatami hay lucha, sudor, esfuerzo, pero también compañerismo. Un permanente estímulo colectivo para que todo el mundo mejore. Que nadie se quede atrás. Esta idea flota en el ambiente a lo largo de la hora y media de entrenamiento.

La sesión comienza con un calentamiento exigente, algo lógico habida cuenta de lo que nos espera. La elasticidad de algunos compañeros abruma. La de Luna, la hija de Joao y Fátima (otra experta luchadora), es directamente de otro planeta. Al acabar, emprendemos una rutina de ejercicios de coordinación psicomotriz a lo largo del tatami: voltereta lateral, hacia atrás, desplazamientos laterales y de espalda... A esas alturas, el cuerpo está totalmente activado para explorar los secretos del BJJ.

Joao ha diseñado una sesión básica para facilitar la adaptación del periodista. Para empezar: varias llaves para iniciados. Con la ayuda de un compañero, descubrimos técnicas de sometimiento con brazos y piernas que revelarán a las primeras de cambio de qué va el tema. En el jiu-jutsu no hay patadas ni puñetazos; no es tan decisiva la fuerza como la coordinación y la inteligencia. La rapidez y la astucia. La mente sobre la materia, que dirían los orientalistas. Sin duda, se presenta ideal como método de defensa personal, muy especialmente para mujeres, de ahí que la disciplina cause actualmente furor entre el público femenino.

Una llave bien hecha es una vía para reducir y doblegar al oponente. Con el agarre adecuado, será imposible que se revuelva, a menos que se exponga a quedarse sin aire o a una luxación. La sesión resulta muy exigente en lo físico. Joao salpica el conocimiento de las llaves con series de fondos, abdominales... No queda en el cuerpo ni un músculo ajeno a lo que ocurre sobre el tatami.

Y aún queda la traca final. La ronda de combates. Tres minutos ante distintos compañeros. Ahí se revela la verdadera dimensión de este arte marcial: todo intensidad, todo pulmón. Aguantar durante 180 segundos las embestidas de un compañero, reaccionar para intentar someterlo, es un brutal ejercicio de resistencia. El corazón bombea sangre a discreción; el diafragma se contrae febrilmente con la cadencia de una máquina de vapor. El que escribe sucumbe una vez tras otra ante la destreza de sus experimentados compañeros. Joao espera para cerrar la sesión con la última lección del día. Ha sido una jornada tan entretenida como extenuante. Y todos tienen razón: el estrés del trabajo es apenas un vago recuerdo.

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