¡Aquí no hay recreo!

Y tampoco fichas. El auge de la nuevas pedagogías llega a Galicia. La comunidad cuenta, según el directorio Ludus, con 17 escuelas infantiles alternativas.


En la escuela bosque de Amadahi las jornadas escolares transcurren de otra manera. Aquí, no hay fichas, ni recreo, el juego es libre y se aprende lo que se va necesitando para cada proyecto. Paz Gonçalves es el alma máter de una idea que pretende dar un giro al concepto de escuela infantil: «No hay que entrenarse para sufrir desde los 3 años. Aquí se fomenta el juego, las habilidades sociales, las emociones».

 Amadahi se localiza en Dexo (Oleiros) junto a un precioso bosque con vistas al mar. Un lugar privilegiado que despierta los sentidos e ilumina el corazón. «El contacto de la infancia con la naturaleza es lo fundamental, la escuela física es solo un refugio para cuando estamos cansados, el aula es el bosque. Los niños participan en la comida, en el huerto, en todo... ». Las salidas al campo son en grupo. En ellas se crea un vínculo con el profesor acompañante: «un vinculo de corazón», dice Paz. Tampoco hay disciplina («esa palabra tan bonita»), pero las normas son sagradas: son normas de seguridad.

Hay actividades «de tribu» con los padres, para implicar a toda la comunidad en la crianza de los niños: infancia, naturaleza y familia, todo en una . Los padres que acuden a estas escuelas vienen buscando un cambio: «quieren participar, no quieren aparcar al niño. La pega es lo económico, ya que no estamos subvencionados. El precio es de 340 euros y 100 más si incluye comida (siempre ecológica)». Como solución han propuesto a algunos padres pagar parte del recibo realizando trabajos para la escuela.

Amadahi cuenta con 25 plazas para niños de entre 3 y 6 años para el próximo curso y 12 ya están cubiertas. María Mayorga, Paz Gonçalves y Silvia Pereira son las impulsoras de este proyecto.

«Ya he participado en varias tribus y al ver cómo les hablan, cómo les explican, me han convencido de que esto es lo que quiero para mis hijos. También me ha gustado mucho que haya mezcla de edades en el aula. Además hay 3 profesoras para 25 niños, y eso también es una garantía». Carola S.P. es madre de unos gemelos de poco más de dos años que este septiembre empezarán su vida escolar en la escuela bosque de Dexo. El contacto con la naturaleza y las actividades al aire son los puntos que más ha valorado al seleccionar esta escuela de pedagogía alternativa, aunque también considera muy importante el respeto que las profesoras muestran por los niños y el vínculo que se establece con ellos.

A Carola le atrae que sea una educación menos tecnológica: «Ya habrá tiempo para las tabletas más adelante». Los padres que participan en este tipo de escuelas son padres volcados en la crianza de sus hijos, que no quieren solo un sitio para dejarlos mientras trabajan, sino que buscan otro tipo de respuesta. Una escuela más acorde con las necesidades de ellos, enfocada a crear un mundo con los niños.

Bibiana Marful, de la escuela bosque Nenea de Lugo, cree que la diferencia más importante con la escuela tradicional es la atención a las necesidades de desarrollo real y emocional de los niños y no solo del aprendizaje cognitivo. Así como el tipo de relación que se establece entre educadoras, niños y familias, acercándose lo más posible a un acompañamiento respetuoso.

La naturaleza es el pilar básico. «Liberamos a nuestra infancia del destino de ser cautiva en el asfalto. Los invitamos a que exploren, a que se pregunten. Cada día es diferente y lo que dejamos un día nos lo encontramos cambiado a la mañana siguiente. Eso es la vida, el discurrir del tiempo y la magia de la naturaleza. El hecho de mantenerse en contacto con la tierra les proporciona seguridad y calma». Las familias «prefieren que su hijo recoja, toque, huela una castaña, a que pinten con pintura marrón el dibujo impreso de una castaña en un folio».

Todos sabemos que es muy difícil para un niño permanecer sentado mucho tiempo o hacer cosas que no tienen un sentido para ellos. «Esas son las grandes dificultades a las que se tienen que amoldar todos los niños que están en una escuela tradicional. Vamos entendiendo que los niños aprenden moviéndose, trepando, jugando, tocando. Por lo tanto las escuelas deben adaptarse a las necesidades de desarrollo de los niños y no tanto a los contenidos curriculares marcados por ley», dice Bibi.

En cuanto al orden, en Nenea no se impone a través de una disciplina ajena, que pretenda organizar. «El orden se logra con nuestro horario, que marcan los tiempos para cambiar de actividad o de espacio; en el espacio, tanto el interior de nuestra casita, como el bosque y la huerta que tenemos en el exterior, y en las necesidades propias de cada niño. Tenemos que confiar más en la infancia a la hora de expresar lo que necesitan o quieren», explica.

Nenea ya ha abierto matrícula para el próximo curso escolar y contará con un grupo heterogéneo de 16 niños y niñas, entre 2 y 6 años de edad.

Las nuevas escuelas tienen sus raíces en corrientes pedagógicas de reconocimiento internacional como las escuelas en la Naturaleza, la corriente Reggio Emilia, Montessori o Waldorf. Un nuevo modo de entender la educación que apuesta por los niños felices como primer peldaño para cambiar nuestra sociedad. ¿Una utopía o una realidad?

 

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