360, ¿quiere usted moldear su cuerpo?

Entrenar sin descanso durante horas está «demodé». Lo más «in» en el inquieto mundo de la preparación física son las sesiones de alta intensidad, rutinas frenéticas que no llegan a la hora de duración pero que optimizan la condición física del usuario. El 360 es una de las más modernas, una suerte de «cross fit» indoor en el que el deportista trabaja su cuerpo de forma integral por medio de un completo circuito de ejercicios que se adapta al nivel de cada asistente

360, ¿quiere usted moldear su cuerpo? Lo más «in» en el inquieto mundo de la preparación física son las sesiones de alta intensidad. Una suerte de «cross fit» indoor en el que el deportista trabaja su cuerpo de forma integral en un completo circuito de ejercicios

Uno de los riesgos recurrentes de cualquier deporte es la descompensación. El fortalecimiento de grupos musculares en detrimento de otros simplemente por la dinámica de la actividad en cuestión. En los ochenta, por ejemplo, era habitual ver a futbolistas cuyo tren inferior daría el pego en una competición de fisioculturismo mientras el superior lucía como el de un estilizado modelo de pasarela. Con el paso de los años, los métodos de entrenamiento se han ido sofisticando hasta convertir el equilibrio en el mantra fundamental de la preparación física de nuestros días. Al calor de esta filosofía, han surgido diversas disciplinas que ayudan al deportista a compensar su cuerpo, a edificar una correcta simetría muscular con un alto nivel de rendimiento aeróbico.

Una de las más modernas es el 360, una suerte de cross fit indoor en el que el deportista trabaja todos los grupos musculares por medio de diversos ejercicios alrededor de un box que, además, se realizan en series cortas de alta intensidad, lo que permite incrementar el umbral aeróbico, esto es, el nivel de resistencia física. Para conocer su funcionamiento, OK acudió al CSC de A Coruña, un imponente centro deportivo con una enorme variedad de instalaciones y servicios.

Allí nos esperan Delio Arias, el director deportivo, y Rubén Rivas, el monitor que dirigirá la sesión de 50 minutos. Porque esta es una de las cuestiones clave. La inversión de tiempo en una clase de 360 es baja en comparación con otras actividades similares. ¿El motivo? La elevada intensidad con la que se trabaja durante ese espacio de tiempo. Arias y su equipo han diseñado rutinas integrales de trabajo en las que, eso sí, se pone especial énfasis en el tren inferior y el core, esa valiosa estructura muscular que rodea la cintura indispensable para prevenir lesiones y amplificar la respuesta física.

Rutina adaptable

El grupo de trabajo está formado por ocho compañeros. Hombres y mujeres de distintas edades que logran completar cada una de las rutinas que plantea Rubén. Cada uno a su ritmo, en pura lógica, lo que representa un indudable atractivo a la hora de iniciarse en esta actividad. Cualquiera con ganas y buena disposición puede dar el paso. Su mejora, en última instancia, dependerá de su esfuerzo.

La sesión comienza con un breve calentamiento. La fiesta arranca sin solución de continuidad. Por espacio de 45 segundos, cada uno de los alumnos de la clase realiza un ejercicio: sentadilla, tríceps, abdominales, remo, cuerda, bicicleta... Son series extenuantes, en las que el objetivo es realizar el mayor número de repeticiones posible. Una competición contra uno mismo en la que cada sesión puede resultar un estímulo para la siguiente y en la que apenas queda un grupo muscular que no sea llamado a filas. Un fantástico territorio para modelar el cuerpo y sortear descompensaciones.

El box es un contenedor con infinidad de posibilidades. Para esta rutina, Rubén ha preparado doce ejercicios que tienen la jaula como epicentro. Su misión consistirá en velar por el devenir de la clase, pero sobre todo, supervisar la técnica de cada asistente al ejecutar sus órdenes y estimular al grupo para completar la sesión. Los alumnos tendremos que realizar dos vueltas completas a cada circuito. En total, 24 series de 45 segundos, con apenas 15 de descanso entre una y otra.

En la primera, el que suscribe completa el circuito con cierta soltura, aunque ya percibe la dureza del asunto. La segunda demanda del corazón y los pulmones una ayuda extra y se transforma en una prueba contra la mente para dar el tipo y no acabar en una esquina de la sala con cara de pocos amigos. Como fin de fiesta, varios ejercicios de abdominales que, sumados a la tralla acumulada durante 45 minutos, completan una jornada de entrenamiento tan exigente como estimulante.

Lo cierto es que el 360 exige del usuario concentración y esfuerzo, seguramente los dos ingredientes más importantes para mejorar la condición física de cualquier individuo. El premio, al culminar la sesión, es la satisfacción del deber cumplido y una camiseta completamente empapada en sudor, una de esas incorrecciones justificadas por la ocasión que en un momento como este sabe ciertamente a gloria.

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