Esta crema es solo mía

¿Tiene sentido que dos personas con pieles completamente distintas utilicen el mismo producto? La cosmética a medida se hace fuerte en un mundo en el que menos cada vez es más. Todo son ventajas: un solo producto que trata necesidades particulares, acompañado de un diagnóstico dermatológico y recomendaciones específicas de un experto para cuidar la piel


Imagínese que un buen día decide acompañar sus desayunos con una contundente dosis de multivitaminas. Porque alguien a quien conoce le ha recitado sin coger aire todos los beneficios para el organismo de tales suplementos alimenticios. Más energía, atención plena, fortalecimiento del sistema inmunológico. O porque lo ha escuchado en alguna tertulia televisiva a media mañana. O simplemente porque su compañero de trabajo sigue tal rutina y qué bien le sienta. Ahora, párese un momento a pensar: ¿necesita su cuerpo un chute nutricional? ¿está preparado su hígado para recibir cantidades elevadas del complejo B? ¿es capaz su organismo de eliminar la cantidad de hierro que está recibiendo? Seguramente se le escape, seguramente nunca se haya parado a pensarlo. Pues con la piel pasa exactamente lo mismo.

 

Suele gozar el cutis de una atención plena, la sociedad está lo suficientemente mentalizada de la importancia de su cuidado. Pero no siempre de la correcta. Recibe ungüentos recomendados, complejos tratamientos que prometen resultados casi milagrosos y pomadas que ocupan puestos privilegiados en los ránkings de la OCU, pero ¿es realmente eso lo que le hace falta? ¿Precisan lo mismo todas las pieles? ¿Tiene sentido que dos personas utilicen la misma loción de cabecera?

A cada problema, su solución. Tan sencillo de entonar y en ocasiones tan complicado de llevar a la práctica, el consejo no solo resuelve con vocación predicadora las anteriores dudas, sino que además resume el servicio que desde el pasado mes de abril Beatriz Carracedo y Elva García Fra prestan a los clientes de la coruñesa Farmacia Fra: un análisis facial, un diagnóstico de piel personalizado y una crema a medida. ¿Qué significa esto? Que a través de un completo y rápido estudio dermatológico son capaces de descifrar el tipo de piel y sus necesidades y, con el diagnóstico en la mano, proporcionar consejos farmacéuticos individualizados y formular una crema y un sérum personalizados. Un remedio en función de cada necesidad.

A la personalización, espina dorsal del tratamiento, se le suman otros dos factores que tienen mucho que ver con el alto grado de satisfacción de todo aquel que entra en la botica herculina -y en las otras 20 repartidas por todo el mapa gallego que prestan la consulta y dispensan los cosméticos- y sale con el rostro escaneado, las rutinas de cuidados claras y la certeza de que la pócima con la que se embadurnará los poros es la idónea, tal y como reza el nombre del concepto. Son la tecnología -el análisis se lleva a cabo a través de un innovador equipo- y el consejo experto. «Comenzamos con Idonea con la idea de profundizar más en el paciente, en su problema de piel, de enfocarnos en él y tratarla a partir de ahí», explica Elva Fra. «Hay que cuidarse la piel, es importantísimo -reflexiona-. Empezar a hacerlo joven para que no envejezca de forma prematura, limpiarla e hidratarla». El tema de la cosmética personalizada corre de boca en boca, lo que indica fiabilidad, garantías. La farmacia despacha cada día varias citas. La mayoría de los que los prueban repiten. Pero, ¿en qué consiste el proceso?

Evaluación gratuita

«Es un diagnóstico de la piel que tiene varios pasos: una evaluación, un dermoconsejo farmacéucito y una prescripción -detalla la experta-. Partimos de una crema base y, según el resultado que arroje el análisis, le vamos añadiendo una serie de principios activos para obtener un producto adecuado a las exigencias de cada piel». El diagnóstico es gratuito. Uno llega allí, se confiesa sobre sus hábitos, acerca la cabeza a un pequeño aparato, recibe dos haces de luz sobre el rostro, escucha el veredicto, lo recibe en papel, atiende al asesoramiento y, si lo desea, tiene la opción de llevarse el bálsamo personal e intrasferible.

El primer paso es informativo. «Te cuentan qué es lo que van a hacer -precisa Sabela Ruy-Díaz, usuaria habitual-- Primero te preguntan sobre tus rutinas, si te haces limpiezas, cómo tratas a tu piel, si te hidratas a diario...; luego te enseñan los 28 principios activos, te explican que con ellos puede regularse la crema base según el diagnóstico obtenido y te muestran los productos, las tres posibilidades: un sérum y dos cremas con diferentes texturas, una mas fluida y otra más suntuosa». Continúa: «Después te hacen el diagnóstico, apoyas el mentón y la frente y de ahí sale una imagen digitalizada». Se revisa el resultado y llegan -tras un minucioso estudio de los factores ambientales del entorno (como la temperatura, el índice de rayos uva o la humedad) y los fisiológicos de la piel (las arrugas, las manchas melánicas, la hidratación o la grasa)-- las conclusiones. «Identifican las zonas en las que necesitas un tratamiento específico; por ejemplo, si en la de la ‘T’ (la región centrofacial que comprende frente, nariz y barbilla, propensa a ser más grasa) tienes los poros más abiertos, si hay alguna en la que predominen la arrugas, dónde hay rojeces, si las hay, y dónde manchas...». Así, Sabela se dio cuenta de que debía reforzar la zona de los ojos para prevenir la caída y de que a su piel no le vendría nada mal un tónico tras cada limpieza y dos peelings semanales. Conoció su piel, hasta entonces extraña para ella. Aprendió a cuidarla y, sobre todo, a educarla. Creó un hábito, empezó a ser consciente de su evolución, a estar atenta. «Si tus rutinas no son buenas, el producto no sirve para nada -valora-. Si la piel no está preparada, puede no absorberlo bien y, al final, acabas tirando el dinero».

Tras el consejo, vino la solución: la formulación de la crema. De entre cuatro millones de recetas diferentes posibles, se selecciona y se propone en el momento la mejor combinación y dosificación de principios activos -todos naturales, libres de parabenos, aceites minerales y derivados del alcohol- para cada cliente, que recibe in situ y en cuestión de minutos un tratamiento multiacción cien por cien personalizado.

Todo este proceso, que de entrada puede parecer complejo, se resuelve en menos de un cuarto de hora. Y además de rápido es económico. El sérum no llega a los 30 euros y la crema (cualquiera de las dos) a los 40. «A veces lo que pasa con la etiqueta ‘bio’ y ‘eco’ es que los precios se ponen por las nubes, pero no es el caso -apunta Sabela-. Es natural y es asequible».

Añade Elva Fra que es importante tener en cuenta que no solo se trata de un tratamiento específico para cada persona, sino para cada momento. «La misma piel necesita a veces un cuidado y otras veces, otro distinto -argumenta--. En verano, por ejemplo, precisa de una atención determinada y en invierno, de otra. Todo le pasa factura, si bebemos más o menos agua, el efecto del sol, la sequedad...». Suscribe la observación Sabela: «Cuando vuelvo, repito el diagnóstico, porque la piel no está en las mismas condiciones. Le afecta el clima, el tiempo, la alimentación... por lo que seguramente la crema que te haces en un determinado momento necesitará tiempo más tarde un ajuste». Una puesta a punto del órgano que -conviene no olvidar- se enfrenta al mundo. Que nos conecta y al mismo tiempo nos protege del exterior.

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