«Considerar las locuras una enfermedad es un error garrafal»

David Pulido, psicólogo, nos habla de su libro: «¿Nos estamos volviendo locos?»

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David Pulido es el hombre del momento. Acaba de alzarse con un Goya y también presenta su nuevo libro. Un texto que nos interroga desde el título ¿Nos estamos volviendo locos? Hoy es él el que nos da las respuestas.

 -¿Cuál es la causa de nuestras locuras?

-La inmensa mayoría de los problemas psicológicos que podemos considerar locuras no son entes externos que adquiramos de repente ni tampoco tienen un origen interno en nuestro organismo sino que son comportamientos que fueron aprendidos y que pueden desaprenderse de nuevo. Considerar esas locuras como si fueran enfermedades es un error garrafal de enfoque. Acabamos creyendo que se producen de manera ajena a nosotros y que no tenemos un control sobre ellas o que necesitamos etiquetarlas con un diagnóstico y aprender a vivir con ellas como si fueran crónicas. Esto ocurre en el caso de la ansiedad y la depresión que además de ser las más frecuentes son las que más se confunden con enfermedades.

-¿Qué diferencia ansiedad y estrés?

-La ansiedad es una respuesta natural de nuestro organismo que nos prepara para afrontar situaciones de peligro. Esta activación no siempre es agradable o beneficiosa en el mundo actual donde el peligro toma formas complejas para las que no sirve estar preparado físicamente pero hay que tener muy claro que aún así no debemos tener miedo a estos síntomas puntuales. En clínica consideramos el estrés como una respuesta de ansiedad de intensidad baja pero mantenida durante más tiempo. Es curioso como siendo el estrés mucho más normalizado y hasta valorado como positivo en nuestra sociedad es más perjudicial para la salud que una respuesta de ansiedad más alta y puntual porque conlleva un desgaste mayor que no somos capaces de hacer frente.

-¿Es más eficaz el yoga o el ansiolítico?

-Siempre va a ser mejor aprender a identificar nuestros síntomas y a controlarlos a través de pautas, ejercicios o decisiones, que el tomar una medicación que reduzca el síntoma pero no me enseñe a manejar la ansiedad.

-¿Se puede morir de un ataque de pánico?

-En el ataque de pánico hay una respuesta de ansiedad muy alta que nos desborda y nos asusta hasta el punto de que empezamos a reaccionar sintomáticamente ante la propia ansiedad, entrando en bucle. Uno lo pasa verdaderamente mal pero nunca puede alguien morir de un ataque de pánico mientras no haya alguna otra patología grave asociada. Darse cuenta de esto, dejar de temerlos, es el primer paso para impedir que se produzcan los ataques de pánico

-¿Cómo se sale de la depresión?

-El usar la etiqueta de «enfermedad»” ha llevado a entender la depresión como un trastorno orgánico y cuando hablamos de ella en términos de «salir de ella» o «evitar caer» pareciera que fuera algo físico y tangible; como si fuera algo que me ha venido de manera externa y ajena y que tengo dentro de mí. Como el virus de la gripe o una diabetes. Estar deprimidos conlleva muchas conductas diferentes que puedo modificar e ir cambiando mi estado de ánimo. No es fácil cuando existe un estado emocional triste o cuando implican conductas que hago de manera muy automática, como el pensar de manera negativa, pero eso no significa que sea un proceso externo al que me tengo que resignar.

-Ahora parece que el niño que no sufre TDAH es ya el raro de la clase...

-De nuevo estamos ante el problema de las etiquetas. Que alguien tenga un déficit de atención no significa que tenga un trastorno incurable, crónico, sobre el que no podamos intervenir. Es tentador a veces usar un mismo término para referirnos a cualquier problema de conducta o de aprendizaje en el aula porque nos quita responsabilidad. Es tan cómodo como inadecuado. Por no hablar de todos esos niños diagnosticados y medicados como TDAH que, sin embargo, no parecen tener problema alguno en pasar horas delante de la consola. Hay que volver a aplicar el sentido común y la mejor manera de ayudar a nuestros hijos es identificando cada problema concreto y dándoles herramientas para mejorar.

-¿Cómo se debe afrontar un desengaño amoroso?

-Cualquier ruptura amorosa provoca un estado de tristeza y angustia, pero son nuestras decisiones las que van a hacer que podamos superar ese estado más rápido e incluso aprendiendo en el proceso. Es absurdo tomar medicación y en cambio seguir viendo fotos de nuestra expareja o no permitirme salir para conocer gente nueva. Hemos medicalizado cada problema o situación difícil y lejos de ser un avance, estamos perdiendo de vista los recursos de toda la vida para superar estos trances.

-Ser positivo, hoy es un gran día... ¿a dónde nos lleva este buenismo superficial?

-Una de las herramientas más eficaces que tenemos en clínica es enseñar a las personas que es posible modificar sus pensamientos y, por tanto, controlar sus emociones. Es una técnica tan útil que se está sobreexplotando y distorsionando hasta el punto de que ante cualquier situación complicada se nos pide que pensemos en positivo. ¡No siempre es así! A veces tenemos que cambiar la situación y no conformarnos con cambiar nuestro discurso. Por eso es peligroso poner de moda técnicas psicológicas. Es conveniente que un profesional analice primero la situación y proponga un plan de intervención adecuado.

-Los bipolares han existido siempre pero ahora se han puesto de moda. ¿Qué hay de raro en estar algunos días contento y otros triste?

-Hoy en día parece que si cambias de estado de ánimo o tienes rachas mejores o peores ya automáticamente tienes un trastorno bipolar, cuando este es un problema que afecta a un porcentaje bajísimo de la población. De nuevo, el buscar etiquetas para todo está creando problemas donde no los hay y, sobre todo, está haciendo que seamos incapaces de cambiar comportamientos cotidianos muy simples.

Con ¿Nos estamos volviendo locos? David Pulido quiere colaborar en el largo camino de divulgación de la psicología para conseguir que todo esto llegue a las personas que siguen sin entender lo que les ocurre o que son guiadas erróneamente por profesionales que no siguen métodos científicos. «Ese ha sido el mayor deseo de publicar este libro», dice.

Hoy parece que si cambias de estado de ánimo o tienes rachas mejores o peores ya tienes un trastorno bipolar

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