Guerra a la grasa

Hay vida más allá de la liposucción, que es aún el tratamiento número uno para eliminar grasa porque es la técnica con resultados más efectivos y duraderos. Pero hay otro tipo de soluciones a nuestra medida y, por eso, en auge.

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La liposucción ya no está sola a la hora de declarar la guerra a la grasa. También conocida como lipoescultura, con 30 años de recorrido, es a día de hoy el método estrella y el más efectivo a la hora de eliminarla, por lo que no hay ningún otro que lo baje de su pedestal para remodelar la silueta de forma local o general. Por eso, según los expertos, entre un 15-20% de las operaciones de estética son liposucciones.

 Este método quirúrgico, que asegura una eliminación rápida y definitiva de michelines, cartucheras y otras adiposidades, se desenvuelve hoy con diferentes técnicas. Además de la conocida a base de suero y medicamentos, está la liposucción con ultrasonidos y con láser, con grandes resultados.

Esta última no solo provoca la extracción de la grasa sino también la tensión de la piel, muy útil para los pacientes con flacidez. «Todas estas técnicas tienen el objetivo común de romper la grasa antes de extraerla, que ahora podemos sacar en cantidades mayores y con menos riesgos y hasta un 80% menos de pérdidas de sangre. La diferencia entre ellas es muy poca y el resultado depende de quién hace la liposucción más que la técnica elegida», comenta el doctor Javier Ceballo, cirujano en la Clínica Barragán (Madrid) que aconseja no dejarnos confundir por las distintas nomenclaturas que usan algunas clínicas para referirse a técnicas idénticas. «La wet, liposucción húmeda, es la más rápida, pero no más eficaz, que la ultrasónica, por ejemplo», matiza. Otro método quirúrgico usado en estética es la abdominoplastia.

Aunque el objetivo inicial de esta operación no es bajar de volumen abdominal, la reparación de la los músculos abdominales generalmente separados tras el parto -o en el caso de los hombres, por sobrepeso- conlleva automáticamente la pérdida de grasa en esta zona.

Estos son por tanto los dos únicos métodos quirúrgicos para extraer grasa que se aplican y «que actúan a más profundidad que los cosmetológicos», como pueda ser la cavitación, afirma el doctor Abraham Barberá, cirujano en el Centro Europeo de Cirugía Estética. Sin embargo, no se debe recurrir a la liposucción como método automático para quitarnos kilos de encima.

El paciente debe consultar con un endocrino para valorar una dieta o tratar de diagnosticar si existe otra causa que le ligue a un peso excesivo. Pero esta operación sí resulta aconsejable cuando la grasa localizada no es armónica con el resto del cuerpo y crea desproporción o cuando existe una ligera obesidad.

Buscando apoyos

Algunos de los tratamientos estéticos ofertados para deshacerse de la grasa sin cirugía se proponen también como complemento postoperatorio a la lipoescultura. El mensaje que lanzan algunos centros es que la liposucción necesita complementos para que el resultado sea perfecto. «Pero una buena lipoescultura bien hecha no necesitaría recurrir a ningún tratamiento estético adicional para mejorar los resultados», asegura el doctor Barberá, solo si el paciente tiene prisa por recuperarse o quiere probarlos.

Ayudas eficaces

Sin embargo, reconocen que apoyos eficaces a la liposucción son el drenaje linfático que puede aplicarse para desinflamar el área tras la intervención -de forma manual o con la ayuda de una máquina, a través de la presoterapia- pero que en ningún caso elimina grasa ya que solo sirve para reducir parte del volumen de líquido de los tejidos. «Otros tratamientos se proponen como válidos cuando en realidad el volumen de grasa que extraen es reducido y el efecto rebote es rápido obligando al paciente a un mantenimiento continuo, a lo largo incluso de 1 o 2 años. Esto no sucede tras una lipoescultura porque el paciente lo tiene que hacer muy mal para recuperar la grasa extraída», comenta el doctor Ceballo, que cita la cavitación, método estético que aplica calor debajo de la piel actuando sobre la capa grasa de forma superficial, como otro de los métodos para hacer al paciente rehén, porque cuando pasa su efecto, la grasa vuelve.

La liposucción resulta aconsejable cuando la grasa localizada no es armónica con el resto del cuerpo o cuando existe una ligera obesidad

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