Los otros tesoros que guarda Suiza

Además de relojes, chocolates, quesos y los incontables secretos que encierran sus cajas fuertes, Suiza tiene, al menos una vez al año, un lugar donde se pueden encontrar auténticas joyas. Es su salón del automóvil, donde las grandes marcas palidecen a veces frente a los portentosos carroceros con imaginativos modelos.

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Este año el Salón de Ginebra se olvidó un poco de presentarnos coches menos contaminantes y volvió a sus señas de identidad antiguas, de recrearse con rotundos deportivos o arriesgados diseños que parecen más bien hechos para brillar en un museo que para rodar por las calles. Las marcas de lujo están a sus anchas en Ginebra recibiendo a sus acaudalados clientes en el mismo salón. Algunos compran allí en directo coches de seis cifras sin que parezca preocuparles demasiado.

Es cierto que los crossover de tamaños pequeños y medianos siguen siendo los reyes de las moquetas, pero junto a ellos pudimos ver rarezas de todo tipo como nuevos inventos para la movilidad urbana como el Toyota i-TRILL, un pequeño triplaza eléctrico cuyas ruedas no giran sino que se inclinan. Aunque la más original fue la empresa Airbus, con un coche eléctrico cuyo habitáculo puede ser enganchado por un multirotor de ocho hélices que lo llevaría volando a su destino cuando el tráfico está congestionado.

En el terreno de lo fantástico pudimos ver también cómo podría ser la rueda del futuro, la Eagle 360 Urban, en forma esférica según Goodyear, dotada además de inteligencia artificial y especialmente pensada para vehículos autónomos.

Volviendo al principio, los crossover dominaron el espacio. Que se lo digan sino a marcas especialistas como Range Rover, que destapó el Velar, de diseño minimalista, oVolvo con su XC60 de nueva factura, que es su modelo más vendido. No faltaban deportivos para mortales, como el Honda Civic Type-R con 320 caballos, aunque muchos seguirán necesitando un amplio familiar como el BMW Serie 5 Touring.

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