Un americano en Turín

Una larga lista de automóviles italianos, incluyendo magníficos modelos de Ferrari, llevan la firma de un arquitecto de origen holandés nacido en Detroit, que durante 50 años se ha mantenido en la élite de los grandes diseñadores.


Recordar a Elvis Presley pegándole tres tiros a su De Tomaso Pantera en el garaje de Graceland uno de los días en que se resistía a arrancar no deja en buen lugar a un modelo que es sin embargo un magnífico representante de los superdeportivos de los años 70, con la particularidad de ser producto de una poco usual colaboración entre un gran fabricante americano y un pequeño constructor italiano de automóviles deportivos y de competición.

Ford, que buscando un deportivo con el que competir con los modelos de sus rivales ya había intentado sin éxito adquirir Ferrari, establecía en 1969 una alianza con Alejandro De Tomaso para financiar el proyecto del nuevo modelo, suministrar los motores V8 que lo equiparían y asumir su distribución en Estados Unidos. Por su parte De Tomaso, que ya tenía la experiencia de haber utilizado motores Ford en sus anteriores deportivos, el Vallelunga y el Mangusta, contaba con un equipo técnico excepcional para este proyecto: Nello Ugoloni, que había dirigido los equipos de competición de Ferrari y Maserati, y los ingenieros Molinari, Bellentani y, especialmente, Gianpaolo Dallara, todos ellos con experiencia anterior en Ferrari, Maserati o Lamborghini. Como resultado de esta alianza se fabricaría en Módena el Pantera, un deportivo de motor central presentado en el Salón del Automóvil de Nueva York en marzo de 1970. El Pantera se mantendría en producción durante más de 20 años en sus distintas versiones, incluyendo el Pantera II o Pantera 200 de 1991 que se comercializaría hasta 1995, y aún en el 2001 se produciría un frustrado intento de lanzar una versión renovada. Haría además incursiones en los circuitos, aunque con resultados discretos, entre los que sobresalen las victorias en Imola y Hockenheim en el Campeonato Europeo de Gran Turismo de 1973.

El exterior del Pantera se había encomendado a Carrozzería Ghia, presidida entonces por Alejandro De Tomaso y que en el mismo año 1970 sería adquirida por Ford. La llamativa carrocería fue proyectada por su director de diseño, Tom Tjaarda: extremadamente baja, con una altura total de 1,10 metros, un morro largo y cuneiforme que alojaba la rueda de recambio y en el que se ocultaban los faros escamoteables, entradas de aire laterales, y una zaga en punta, con unas líneas trapezoidales que le otorgaban una aerodinámica muy favorable y una ajustada combinación de agresividad y elegancia.

Tom Tjaarda, nacido en Detroit en 1934 como Stevens Thompson Tjaarda Van Starkenberg, hijo del también diseñador de automóviles de origen holandés John Tjaarda, representa un caso poco frecuente entre los grandes diseñadores de superdeportivos de su época, mayoritariamente italianos. Había cursado estudios de arquitectura en la Universidad de Michigan graduándose en 1958, y aquel mismo año, gracias a la recomendación de un profesor, se trasladaría a Turín para trabajar a las órdenes de Luigi Segre en Carrozzeria Ghia. Asentado definitivamente en Italia, y tras dejar Ghia, se incorporaría a Pininfarina en 1961, colaboraría con Giorgetto Giugiaro y volvería a Ghia ya como director de diseño en 1968. En 1977 se incorporaría a Fiat para ocupar el cargo de director de Diseño Avanzado hasta 1980, fecha en la comenzó a trabajar para Rayton Fissore. Finalmente en 1984 establecería su propia empresa en Turín, inicialmente como Dimensione Design y posteriormente como Tjaarda Design, desde la que ha colaborado con fabricantes como Chrysler, Aston Martin o Bugatti, entre muchos otros.

Su larga trayectoria profesional hace que la relación de modelos diseñados por Tjaarda sea tan abundante en cantidad como en calidad, incluyendo todo tipo de automóviles, desde utilitarios tan populares como el Ford Fiesta, diseñado por Tjaarda para Ghia en 1972 bajo el nombre de Projet Wolf, el Lancia Y10 (1978) o el restyling del Fiat Ritmo como Seat Ronda (1981); hasta todoterrenos como el Rayton-Fissore Magnum (1985). Por su vistosidad y elegancia sus diseños más admirados, y los que más han influido en automóviles posteriores, son sin embargo deportivos y descapotables, entre los que destacan su propuesta del Corvette Rondine de 1963, el Ferrari 330 GT 2+2 del mismo año, el Ferrari 365 GT California Spyder de 1966, o el popular Fiat 124 Spider, también de 1966.

 

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