Algoritmos, ¿tenemos el espía en casa?

Las matemáticas son el lenguaje más universal que marca nuestras vidas. De su mano, empresas e instituciones pueden conocer al dedillo nuestros gustos y hábitos en la red a la que volcamos despreocupadamente todos los días nuestra cara más íntima. ?


Redacción / La Voz

Su historia comienza en la Edad Media y doce siglos más tarde siguen tan vivos que pueden llegar a saber más de usted que su mejor amigo. Sus hábitos de navegación y los «me gusta» lo delatan. No se trata de magia, sino de pura lógica. Cada clic es monitorizado por estas fórmulas. «Un algoritmo no es más que una secuencia de pasos que se utilizan para resolver un problema», explica María José Carreira, profesora de Computación en la Universidade de Santiago (USC). En realidad, llevan toda la vida con nosotros. «Están en todas partes, en la lavadora o en la nevera. La diferencia es que hoy vemos muchas más aplicaciones prácticas», justifica. Sin estos esquemas, el Big Data carecería de sentido. «Los datos tienen valor cuando podemos clasificarlos, cruzarlos y obtener una solución a partir de ellos. Un algoritmo es como una receta de cocina. Trabajas sobre unos ingredientes que manipulas. Si los tienes en la despensa serás más rápido que si tienes que ir a la tienda. Llevas a cabo un procedimiento y obtienes unos resultados», añade Alberto Bugarín, catedrático de Inteligencia Artificial y profesor en el CiTIUS. Con el almacenamiento de información sucede lo mismo. «Es lo que llamamos minería de datos. La cuestión es extraer conocimiento útil de los números, alcanzar un razonamiento automático», expone.

 

Comercio electrónico

Silenciosos, sin darnos cuenta, nos hemos adaptado a ellos. Están detrás de la publicidad personalizada que nos asalta mientras leemos un periódico online. También, de la bajada del precio de un vuelo tras indagar en los costes de la competencia. Son el corazón del márketing online. «Hace poco se diseñó una campaña en exclusiva para turistas británicos en Málaga. ¿Cómo se puede saber eso? Fácil, a través de las reservas por Internet o de la geolocalización del móvil», cuenta David Losada, coordinador del máster de Big Data en el campus compostelano. Empresas como Amazon obtienen un tercio de sus ganancias gracias a las recomendaciones. Netflix y Spotify triunfan en buena medida por lo mismo. Una especie de sondas rastrean nuestros pasos en la Red. Les damos permiso para hacerlo cuando descargamos una aplicación. La autorizamos a comprobar nuestras fotos y la localización. Sobre si es lícito, Losada recuerda que siempre existe la opción de poner límites: «No aceptar cookies o borrar el historial».

En 1999 Google patentó la familia de algoritmos más famosa, el PageRank de su motor de búsqueda. En el 2009 volvió a marcar un hito con los resultados personalizados. Dos usuarios que tecleen la misma palabra no tienen por qué obtener la misma lista, ni el mismo orden de páginas enlazadas. «En Estados Unidos el mayor vendedor de coches es una app, TrueCar», comenta Guillermo López Taboada, ingeniero informático en Torusware, una spin-off de la UDC con base en A Coruña y clientes en toda España y Reino Unido. «Ayudamos a las empresas a saber cómo se hace la gobernanza de los datos que tenían diseminados en compartimentos estancos», describe. Uno de los problemas que tenían muchas compañías era la acumulación ingente de información a la que no se le sacaba partido. «Antes, un comerciante tenía que tener buen ojo para el negocio. En el trato directo sabía si un cliente se iba satisfecho o ponía mala cara. En el comercio electrónico este papel lo realizan los algoritmos. Se puede calcular, y las marcas de moda ya lo hacen, la cantidad de stock que necesitarán de una prenda en base a ellos», explica.

Coches autónomos

La polémica está servida. En Estados Unidos, tras las últimas elecciones, Facebook está en el punto de mira por la selección de las noticias que publica en el muro de sus usuarios. ¿Son objetivos los algoritmos? «Sin los criterios de segmentación la navegación online sería inviable. La cantidad de información es masiva y si hay rankings personalizados en Google es porque son más exitosos. Sin embargo, si solo atendemos a sus sugerencias corremos el riesgo de aislarnos en una burbuja», apunta David Losada. «Los contenidos más populares pasan el filtro, quedan fuera los outsiders». Desde un punto de vista de justicia democrática es un problema», reconoce Losada. Su compañero en el CiTIUS Alberto Bugarín insiste en que este es el reto al que se enfrenta la Inteligencia Artificial: «Desvelar las pautas que expliquen por qué se obtienen unas soluciones y no otras». Los coches autónomos plantean otra incógnita: ¿hasta qué punto podrán tomar decisiones morales? Elegir entre la integridad del acompañante o la del peatón. «Los algoritmos se vuelven cada vez más complejos. Se está trabajando en la hibridación, la integración de diferentes tipos de problemas», adelanta Bugarín.

Libertad de decisión

El historiador israelí y autor del fenómeno Homo Deus, Yuval Noah Harari, vaticina que todo este desarrollo tecnológico derivará en la pérdida del libre albedrío. Compraremos, haremos e iremos a donde nos manden las máquinas. «No creo que sea así. Seguiremos teniendo la última palabra, pero sí es cierto que seremos más influenciables», opina Guillermo López. En Silicon Valley recuerda que hay una máxima: «Cuando algo es gratis tú no eres el cliente, eres el producto». Este «control» también tiene, según él, un lado positivo. «La sociedad demanda servicios basados en datos. Queremos que el teléfono nos advierta si hay un atasco, una plaza libre para aparcar, que nos informe del tiempo que hará dentro de una hora o que nos calcule una ruta. Cuanta más información, más transparencia. El Big Data está protagonizando la revolución industrial 4.0, las empresas no serán viables si no lo aplican. Pero también puede ayudar a combatir el fraude fiscal, a resolver crímenes, a reducir el número de accidentes, recortar los tiempos de un rescate, de la detención de un criminal o de un diagnóstico médico». ¿Quién gana, el que cede información o el que la recibe? «Ambos, la cuestión es qué porcentaje se lleva cada uno», dice López Taboada. «No usamos pasaportes para viajar dentro de la Unión Europea, pero los países que visitamos tienen más información sobre nosotros que nunca. Es cierto que en EE.UU. están más concienciados que aquí sobre la protección de datos. Allí es muy difícil ver un móvil chino, iPhone gana la batalla. Pero también es cierto que allí puede ser más peligroso lo que se haga con ellos. ¿Podrá una compañía aseguradora descartarte por tu historial médico? En Europa esas garantías están más cubiertas», subraya. Porque, si pensaban que el inglés es el idioma del futuro, las matemáticas han conseguido robarle esta primera plaza.

DETRÁS DE LA BAJADA DE PRECIO DE UN VUELO TRAS INDAGAR EN LOS COSTES DE LA COMPETENCIA ESTÁN LOS ALGORITMOS

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