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Un detector de mentiras en Facebook

«El papa muestra su apoyo a Trump». «Clinton se compra una casa de 200 millones». «El republicano consigue más votos populares que la demócrata». ¿Cuántas de estas afirmaciones que triunfaron en las redes sociales fueron veraces?


«Nos cuesta identificar la verdad. Mientras que algunas historias falsas se pueden reconocer fácilmente, otras no tanto. Sobre todo, cuando alguien no está de acuerdo con un argumento y lo tacha como falso, aunque los hechos no lo sean. Y viceversa». Con esta nada tranquilizadora explicación introducía Mark Zuckerberg, el pasado mes de noviembre, su declaración de guerra a las noticias falsas. Una semana antes, los estadounidenses había decidido que Trump sería su nuevo presidente. Quién lo hubiese dicho a principios de año. Los analistas políticos atribuyeron el inesperado viraje de los acontecimientos a factores varios, desde el desencanto que provocó su rival demócrata a la simpatía que despertó el republicano en las clases medias rurales, pero hubo una de todas las razones enumeradas que desató todas las alarmas: las mentiras. No las de los aspirantes a la Casa Blanca, sino las que recibió el votante, con apariencia de información seria, a través de las redes sociales. Fueron tantas durante la campaña que no solo al internauta le costó distinguir lo real de lo inventado. También, y especialmente, a las propias plataformas. Tras digerir el resultado de las urnas, Zuckerberg hizo examen de conciencia y decidió tomar cartas en el asunto: junto a Google, optó primero por asfixiar económicamente a los portales farsantes; trazó un plan de actuación después, basado en siete medidas, y ahora ensaya en Europa su primer filtro de noticias falsas. «Desinformación», las llama él. «Hechos alternativos», prefiere Trump como sinónimo de falacias.

«El papa Francisco muestra su apoyo a Donald Trump», «Hillary Clinton se convierte en dueña de una vivienda en las Maldivas por valor de 200 millones», «La candidata demócrata, cabeza de una red de prostitución infantil», «Trump consigue más votos populares que Clinton». Todos estos titulares son reales, fueron publicados. Pero lo que dicen no es verdad. Como ellos, cientos de bulos se suceden en pantalla día sí, día también. Con apariencia fiable, con pinta de noticia seria. Alguien, movido por intereses económicos -son como imanes, atraen el clic y con él, los ingresos de las marcas- o políticos -¿manipularon las agencias de inteligencia extranjeras las elecciones estadounidenses?-, suelta el chisme y todo está hecho: el individuo lee, interpreta y reacciona. A principios de diciembre, un chaval de 28 años irrumpió armado con un rifle en la pizzería Comet Ping Pong, de Washington, y encañonó a uno de sus empleados. En Internet se señalaba a la trastienda del local como el epicentro de la red de pedofilia gestionada por Clinton. En la recta final de la campaña electoral, los artículos online falsos consiguieron un mayor alcance que la información veraz publicada en medios convencionales.

Garantes de la verdad

Esta práctica no es nueva, pero el toque de atención que supuso su peso en los comicios norteamericanos ha obligado a los gigantes de Internet a replantearse su papel como cazadores de falacias y garantes de la verdad.  Google anunció que prohibiría el uso de su servicio de publicidad a las webs que publicasen noticias falsas. Facebook, un proyecto periodístico para estrechar lazos con los medios de comunicación y vigilar así de cerca la información difundida a través de su red, y un detector de mentiras. Funcionará de la siguiente manera: los usuarios podrán marcar las noticias que consideren sospechosas, que serán remitidas a Correctiv, una organización independiente encargada de contrastar el tema y comprobar su veracidad. Este organismo deberá marcar aquellas informaciones que estime falsas y acompañarlas de una explicación sobre su conclusión. Facebook regañará a los usuarios que compartan a menudo artículos de dudosa fiabilidad y reducirá la visibilidad de este tipo de publicaciones. Todo esto al mismo tiempo que incrementa el nivel de las historias que pueblan sus muros. Zuckerberg ensayará con su filtro en Alemania, que este año celebra elecciones presidenciales. Hace un mes, el Gobierno germano anunció su intención de multar a la red social estadounidense por la difusión de contenido falso. Angela Merkel le ha visto las orejas al lobo.

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