«Me gustaría pintar a Amancio Ortega»

Algunos lo llaman el pintor de la jet y es el autor del cuadro del exalcalde Francisco Vázquez vestido con galas de embajador que está colgado en el Ayuntamiento de A Coruña. Cidoncha nos revela los secretos de sus retratos.


Aunque es vigués de nacimiento, Rafael Cidoncha (1952) está muy vinculado a A Coruña, donde pasó su infancia y hoy vive su familia. En esta ciudad está colgado en el Ayuntamiento el cuadro que le hizo al exalcalde Francisco Vázquez vestido con las galas de embajador. «Galicia ha influido en mí de muchas maneras, también en mi carácter, por supuesto», asegura el artista, que ha sido calificado como el «pintor de la jet», por los numerosos retratos que ha hecho de gente conocida, entre ellos el rey emérito.

-Trabajas casi como un monje.

-Sí, porque tienes que estar muy dedicado, es casi una entrega. La pintura es un camino paralelo con otras opciones en la vida y lo haces porque te gusta, y esa es la ventaja que tenemos los artistas, que no te jubilas.

-Tú has pintado desde niño.

-Yo pinto desde siempre. Mis padres me dejaron dedicarme con la condición de que estudiase. Y, claro, hice Bellas Artes. Yo creo que todos los niños saben dibujar, nacemos con ese don. En otras épocas, como el XIX, se cultivaba, pero hoy no. Yo aún conservo dibujos de cuando tenía 5 años: una concha, un palillo...

-Pero enseguida empezaste a viajar: Marruecos, Nueva York...

-Sí, a mí no me gusta viajar en plan turístico, sino con una razón. Lucian Freud no salió de Londres, solo iba a París a sus exposiciones, ¡y estaba feliz! Yo aprendí a pintar cuando después de estudiar, el pintor Claudio Bravo me invitó a Marruecos. A él lo conocí cuando estaba exponiendo en Madrid, allí estaba también Zush, con el que me fui a Ibiza, luego lo seguí a Estados Unidos... A Claudio le gustó lo que yo hacía, me dijo que no tenía ni idea de pintar color, óleo -mi trabajo es muy tradicional, y necesitas diez años al menos para perfeccionar, de cocina, como los talleres antiguos- y él me invitó a Tánger a pintar en su estudio. Eso dio pie a una amistad que perduró hasta que él murió. En Nueva York estuve un año y me di cuenta de que no era mi mundo; fui en 1978, ahí conocí a Hockney, que me hizo unos dibujos maravillosos, también a Sugimoto, al que le compraba fotos por 300 dólares.

-¿Cómo te enfrentas al retrato?

-Mi creación es muy emocional. Mi ojo es muy intuitivo y lo he ido educando con los años. El retrato está siempre. En pintura todo es una convención y un desafío, y el retrato para mí tiene otro desafío más que es el parecido. Me gusta porque la figura humana es lo más difícil y lo más interesante. El retrato tiene que hablar.

-¿Cómo es ese vínculo con la persona que retratas?

-Un poco freudiano. Hay un momento muy mágico cuando pasas dos horas hablando en el que el retratado te cuenta cosas como de diván, muy personales. A veces hay música de fondo, un estado casi contemplativo para él porque está posando, y tú, aunque estás pintando, sigues la conversación. Hay mucha intimidad, pero afortunadamente luego te olvidas.

-Pero tú estás a otra cosa.

-Sí, a sacar lo máximo de la persona psicológicamente y la expresión. Que aunque algún pintor dice que no existe, que con coger una foto es suficiente, yo pienso que no. A mí me cuesta más trabajo hacer a alguien que ha fallecido que tener a la persona delante. Aunque yo uso fotos para el traje, la corbata...

-¿Cuánto tiempo necesitas?

-Depende de la persona, yo suelo ser rápido. El retrato a Paco Vázquez, que le hice en Roma, fue en dos horas más o menos. Si veo que la persona está incómoda no lo hago sufrir tampoco. Hay gente que respeta ese momento, otra que se pone a hablar como un loro, o coge el móvil...

-Me estoy acordando de que Churchill quemó su retrato a los 80 años porque se vio viejo. ¿Te ha pasado algo así?

-No, no. Yo pienso que en un retrato tienes que plegarte al parecido, debe parecerse. La reina de Inglaterra es una gran profesional de las poses, tiene montado un sistema en el que varios pintores la retratan. Lo ha hecho constantemente a lo largo de su vida. Aquí eso, por ejemplo, no es así.

-¿Paco Vázquez decidió salir así vestido?

-Sí, y a mí me pareció muy bien. Porque no hay nada más difícil que un uniforme. Y como él le da tanto mérito a las condecoraciones, estaba feliz. Él quería que saliese también la Constitución, tiene una encuadernada maravillosa, pero yo le cambié tres o cuatro veces el fondo y desapareció. Él me lo señaló el día de la entrega, y le prometí que se la pondría.

-¿Hay algo que te haya resultado muy difícil pintar?

-Sí, el retrato que le hice a Lee Radziwill, la hermana de Jackie Kennedy; era su gusto, pero toda ella en color pastel, sobre un sofá blanco, el perro blanco... Y el blanco para mí es lo más difícil.

-¿Cuándo sabes que el cuadro está acabado?

-A mí me gusta irlos dejando... Porque a partir de la media hora no ves lo que estás haciendo, es totalmente subjetiva la mirada, te involucras, sigues las órdenes inconscientes de tu cerebro. Es muy elástico. Yo los dejo allí, como personas que están allí, y de repente pasan meses y ves un defecto enorme.

-¿Tú pintas todos los días?

-Sí, aunque viaje, me llevo mis pinceles. Soy muy metódico, me levanto a las siete, respondo los correos y trabajo hasta tarde.

-¿Concibes a un pintor que no sepa dibujar?

-Es inconcebible, como pintor tradicional. De hecho se vuelve cada vez más a la academia. Hay sitio para todos, pero yo hago un tipo de pintura tradicional que tiene que ser de esa manera.

-¿Y a ti qué te pone cuando te enfrentas un cuadro?

-El talento de la gente. Hay personas fascinantes.

-¿Y si algo no sale, se atasca?

-Siempre sale, soy capaz de rehacerlo entero. Yo creo que la voluntad prima sobre la inteligencia. Hay que trabajar.

-¿La gente cuando te pide un cuadro es exigente?

-Bueno, en ocasiones tienes que hacer de cirujano. Es que a veces no nos vemos a nosotros mismos. La foto es otra realidad, es algo acabado. Y sí, he tenido algún problema con las arrugas. En ese sentido te puedo decir que es más fácil hacer a un hombre que a una mujer, porque los cánones de belleza son diferentes.

-¿Y un cuadro que digas ‘mañana me pasa cualquier cosa y este lo meto debajo del brazo’?

-En el Prado lo tengo claro: un Mantegna pequeño, El tránsito de la Virgen. En casa, el Hockney.

-Has retratado a mucha gente conocida.

-Sí, es alimentario como dicen los franceses. Me gusta, ahora presento el del exministro Wert, con mucho color.

-¿A quién te gustaría retratar?

-Amancio Ortega, y al rey Felipe.

 

1 Vargas Llosa es uno de los escritores que ha retratado Rafael Cidoncha. «Es un hombre extraordinario y he compartido alguna cena con él, tenemos amigos en común», apunta.

2 Entre los futbolistas, el pintor ha retratado a Sergio Ramos (en la imagen) y a Koke

3 Ana Pastor también ha posado para el artista gallego, que próximamente entregará el del exministro Wert.

 

4 El retrato de Lee Radziwill, hermana de Jackie Kennedy, es uno de los cuadros que Cidoncha recuerda como más complicados de pintar, al ser en tonos pastel y todo en blanco. 

4 El escritor Jorge Edwards, ha posado en varias ocasiones para el pintor gallego

5. El retrato de Francisco Vázquez vestido con galas de embajador

Votación
5 votos
Etiquetas
Francisco Vázquez Amancio Ortega Koke Sergio Ramos Mario Vargas Llosa Ana Pastor Arte Marruecos Londres Reino Unido Empresas Inditex EE.UU. África Francia Inglaterra A Coruña ciudad
Comentarios