Estamos hechos de dudas

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03/03/2017 09:32 h

Dice Laura Ferrero en uno de sus relatos que «nunca vemos las cosas romperse, las vemos rotas». Ahí, a ese instante antes de la fractura, es adonde ella nos traslada en sus relatos. A veces la grieta hace añicos la figura de porcelana, a veces no; resiste, aprende a vivir con ella. De eso nos hablan sus historias parcas en detalles, ligeras de adjetivos. De dilemas corrientes con los que rápidamente nos sentimos identificados. De sus consecuencias y sus no consecuencias. De lo que uno calla, del paso que no da. Recurre para ellos a las piscinas vacías que le dan nombre a este recopilatorio de cuentos, recipientes de elementos oxidados, de cosas que con el paso del tiempo dejan de resultarnos útiles: en algún momento formaron parte de nuestra vida, ahora no están, pero siguen estando -de alguna otra manera- y ya no sabemos qué hacer con ellas. Amigos que ya no lo son, viejos amores, trabajos que dejamos, sentimientos que han ido evolucionando. Incluso las cosas que no hicimos. En todos sus cuentos hay bolas en la garganta. Piezas atascadas y agudas como el mundo que colocan una y otra vez a sus personajes en una encrucijada de la que muy pocas veces conocemos el día después. Para qué.

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