Las Bistecs: «Que nosotras triunfemos es una señal de que algo no va bien»

Aborrecen a Ismael Serrano. Lo suyo es la canción protesta pero envuelta en licra, purpurina y sonidos electro naíf. Visitan Galicia por primera vez y agotan las entradas


Procaces y deslenguadas reconocen que su objetivo es provocar. «Pero en conciencia». Juegan con la estética de las Baccara, con la irreverencia de MacNamara y con el descaro del primer Almodóvar. Aunque señalan que más que el cineasta les ha influido la brutal incontinencia de Lola Flores. Apoyadas en unas bases musicales que remiten al electro pop de los denostados 80 estas dos barcelonesas disparan con descaro contra todo lo que se mueve. Contra las señoras de bien/señoras fetén, contra el falocentrismo en la historia del arte, contra la monarquía, contra la banalidad poética, contra el dj star system... Nada se les resiste. Ni siquiera el éxito. Recurrieron al crowfunding para editar su disco pero ya han sido fichadas para la escudería Primavera Sound, paradigma de lo cool.

Dicen ser carne fresca pero sin llegar a la nobleza del entrecot. De ahí lo de Las Bistecs. Desde el otro lado del teléfono hablan al unísono, se atropellan, ríen, se apostillan e incluso se contradicen. Pero prefieren aparecer como una única voz.

-¿Es el «electro-disgusting» el punk nuestro de cada día?

-Ya nos gustaría. ¡Que halago! Nos han llamado neofolklóricas, mamarrachas, de todo... Pero sí, nos gusta más lo de modern punking.

-¿Cómo se puede ser tan moderno combinando cosas tan antiguas?

-Si rehaces cosas que ya se han utilizado pero las vinculas a la actualidad. Lo vintage se vuelve contemporáneo.

-¿Por que ese afán por reivindicar los 80, una de las épocas más denostadas, por lo menos en lo estético?

-Sí, estéticamente hay elementos que nos llevan allí. Porque aborrecemos el minimalismo, nos gusta el más es más. Pero el concepto de este proyecto es absolutamente actual: molestar y hablar de cosas que, como jóvenes, nos molestan en el siglo XXI.

-Aparecéis en un momento en el que ciertas libertades involucionan...

-Exacto, con más motivo creemos que es el momento perfecto para situar aquello que decimos en su contexto social. Estamos hartas de que se hagan discos enteros de canciones de amor. Nosotras queremos que nuestro público baile pero también que piense.

-Decís que la dignidad se despidió de vosotras al empezar este proyecto. ¿Tenéis voluntad de recuperarla?

-Ya no. Cada vez nos sentimos más cómodas en esta desvergüenza.

-¿Qué es el «chochocentrismo» que tanto proclamáis?

-Chochocentrista es quien tiene en cuenta donde está el coño, en el centro de todo. En ese sentido entendemos que los géneros, tal como hoy los entendemos, deben morir. El cuerpo tiene que ser un vehículo de acción.

-¿Qué haréis si os cruzáis con el autobús de «Hazte oír»?

-Le pegaremos fuego.

-La última incorporación a vuestro merchandising son unas bragas «chochocentristas».

-Ya nos podemos morir. Ver a la gente haciéndose fotos con nuestras bragas en la cabeza ha sido el clímax. Eso es belleza.

-¿Cuánto hay de verdad y cuánto de personaje en vosotras?

-Cuando nos subimos al escenario somos un personaje, pero que es una parodia de nosotras mismas. Hay esa parte de falsa elegancia, de sobradas y altivas que no va con nosotras. Pero también hay mucho de verdad. Lo que decimos en las canciones no sale del personaje sino de las personas. Lo que hacemos es aderezarlo con una performance para que llegue a más gente. Digamos que somos una hipérbole de nosotras mismas.

-Actuáis en Galicia por primera vez y con las entradas prácticamente agotadas. Y no es la excepción. ¿A qué atribuís vuestro éxito?

-Al mal gusto que hay en España. La gente está muy mal. Que nosotras triunfemos es una señal de que algo no va bien.

 

 

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