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Andaina, donde los niños, además de alumnos son ciudadanos

Concertada y laica, este centro comprometido con la lengua gallega es una cooperativa de maestros que hace del trabajo en grupo su filosofía de vida


Culleredo / La Voz

Si uno busca un colegio que forme a sus hijos como buenos ciudadanos -además de aprender, obviamente-, Andaina es perfecto. Este centro concertado, laico y comprometido con la lengua gallega nació en el 2000 a partir de una escuela infantil de enorme éxito y ha funcionado siempre en régimen de cooperativa. Ese es el gran nexo, el corazón de un centro idílico, en contacto con la naturaleza, donde la merienda de media mañana no es individual -cada uno trae cosas para compartir, que ahora gracias a una intervención de los padres se intenta hacer más saludable- y en el comedor va ganando terreno la producción orgánica (cocinan allí mismo).

Una semana en Andaina empieza con asambleas en las aulas. Los alumnos organizan y preparan las actividades y debaten asuntos que les interesan. El pasado lunes, en cuarto de primaria se estuvo hablando del triunfo de Donald Trump. Los deberes que tenían para el fin de semana habían sido seguir las elecciones en Estados Unidos, y la tutora, Elisa Núñez -también presidenta de la cooperativa- quería que contestasen a una cuestión: ¿por qué la elección del presidente de EE. UU. es tan importante para nosotros? Paulo decía que porque en ese país «hay grandes monumentos», para Carmen su peso se justificaba en que «están moi conectados a nós» y Dani apuntaba que el que gana las elecciones en EE. UU. «es la persona más poderosa del mundo», aunque le costó delimitar «poderosa» en qué sentido. Enseguida salió el poder de las armas, y el de los deportes... pero tuvo que ser la tutora quien les hiciese ver que el cine que consumimos es americano. Posiblemente los niños ni siquiera se lo habían planteado. La charla terminó en un lugar inquietante: los americanos votaron a Trump por miedo, porque decía que no iba a aceptar la victoria de Clinton y la gente no quería una guerra.

A unos metros de distancia, en cuarto, pero de infantil, los niños recordaban en corro la visita de Olalla, la madrina de una alumna, que el viernes anterior les había contado un cuento sobre dos monstruos. Ana, tutora y coordinadora de etapa, les iba planteando cuestiones sobre el cuento y Damián, uno de los inquietos alumnos, se encargaba de repartir el turno. Todos levantaban la mano para participar y él optó por un compañero, pero enseguida se alzaron voces críticas: «Non se pode dar a quenda só aos amigos», dijo una niña. La participación ordenada se cultiva desde el primer día y eso, dice Roberto, coordinador de secundaria, se nota entre los mayores.

Entre todos, mejor

Como también se fomenta el trabajo cooperativo. En Matemáticas, por ejemplo. Los alumnos de quinto de primaria afrontan la resolución de problemas en grupo, y cuando es así aprovechan los corredores, inmensos pasillos llenos de luz, para dividir los grupos. Allí todos leen los problemas, se plantean las dudas y después resuelven. Es un momento más relajado y a los niños les encanta: «Aprendes máis porque aprendes dunha forma máis divertida», dice Xoel.

Bien también lo pasan los de 2.º de ESO, que están viendo en el laboratorio cómo cambia de estado la materia. Roberto, su profesor, les avisa: «Primeira medición da temperatura». Van a comprobar cómo la mezcla de hielo picado y sal permite congelar agua en una pipeta, pero lo harán no solo observando, sino analizando, paso por paso, que para eso es ciencia. Los estudiantes son un ejemplo de honestidad: en el ínterin algunos grupos enfriaron el agua de más y, sin ninguna indicación, la cambiaron para comenzar el experimento en condiciones iguales, aunque no había garantías de éxito. Roberto, profesor de Ciencias, ve la iniciativa muy positiva: «O que aprenden na clase se lles queda nun 50 %, pero no laboratorio é o 100 %».

Aprender haciendo y hacer entre todos. Eso es lo habitual en Andaina. Les ocurría el mismo lunes a los de sexto, que participan en el programa Meteoescolas. Van a medir la temperatura y pluviosidad cada día y tendrán que hacer una tabla. Estaban preparando el trabajo y uno de los grupos se encargó de medir el espacio donde colocar los informes: será en la entrada. Armados con metros y folios bajaron a medir el lugar; ni una trastada, ni un despiste; los cuatro alumnos exhibían un comportamiento profesional, discutiendo cómo se medía mejor y volviendo a clase al terminar.

La tecnología en general y los portátiles en particular ocupan una parte importante de la metodología de la enseñanza, pero no es el centro: «É estupendo para a aula -explica Ana, coordinadora de infantil-, os rapaces son os que che piden que poñas o vídeo con tal cosa, pero deseguida baixan a buscar follas do bosque». Roberto incluso va más allá: «Están tan inmersos na tecnoloxía que ao mellor lles sorprende máis facer unha cousa de forma manual que ver un vídeo». Bárbara, jefa de estudios, cree que sí puede haber diferencias en los últimos años -«agora vai todo máis rápido e eles poden atender varias cousas á vez»-, pero los docentes tienen claro que la tecnología solo se debe usar para «captar a súa atención».

Estrategias diferentes

Los profesores destacan de sus alumnos que al marcharse del centro -no tienen bachillerato- salen preparados para afrontar la vida echando mano de «estratexias diferentes de aprendizaxe e resolución de problemas», dice Ester, directora. «É peor os rapaces que chegan doutros centros -dicen los maestros- que a súa adaptación fóra de aquí».

¿Y los alumnos? ¿Se ven mejor preparados? La percepción general es que sí. Antía, Marta, Mariña, Auria y Sabela, todas alumnas de ESO, reconocen que ellas están más enteradas de lo que pasa en el mundo que sus amigos de otros centros, y les interesa más entender el entorno. Por lo demás, ven que el paso de primaria a secundaria «é un pouco brusco e hai máis exames», según Antía, recién estrenada en la etapa, pero que en general se sigue aprendiendo con práctica y a veces en Matemáticas «con traballo cooperativo».

Xoel, de diez años, dice que «noutros coles que poñen deberes os nenos non saben máis ca nós» y Aldara (6.º) reconoce: «Non teño que facer exercicios na casa, pero para o proxecto do relevo dos ríos teño que investigar os fins de semana, que non me dá tempo».

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