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El espíritu de Piteas revive en Cangas

Los alumnos del Pondal investigan más que estudian y desarrollan su talento también en las horas de clase


cangas / la voZ

Piteas era un tipo curioso. Nacido en Marsella en el siglo IV a.C., cogió su barca de remos de escaso calado, diseñada para costear el Mediterráneo, y se fue a conocer mundo. Fue el primero que señaló a Iberia como una península y siguió subiendo hasta Dinamarca y el Ártico, donde vio la aurora boreal y el sol de medianoche. Piteas es un ejemplo de motivación, talento y trabajo. Por eso lo ha elegido la Fundación Barrié para dar nombre a su programa para el fomento del talento y el aprendizaje autónomo en el alumnado.

El CPR Eduardo Pondal es uno de los ocho centros gallegos elegidos para el plan piloto de Piteas. Para esta cooperativa de profesores, un centro laico que incluye desde guardería a ESO y ahora un aula de educación especial, la innovación es algo habitual. De los colegios que han salido en esta serie de Centros Innovadores, el Pondal está en la parte más alta, con un desarrollo espectacular del aprendizaje basado en proyectos y el trabajo colaborativo.

Allí la curiosidad tiene categoría de asignatura, porque sin esa necesidad de saber más no se entiende el trabajo de profesores. De ningún curso, porque desde el primer momento se fomenta la investigación. En primero de primaria, la clase de Doris está estudiando a Picasso. Dividida en grupos -en los que cada alumno tiene un papel, que va rotando- cada equipo elige un cuadro y etapa. Estudian la técnica utilizada por el maestro, los colores, sus innovaciones... y después lo plasman en algo práctico, el producto final que va unido a la filosofía de Piteas: cada grupo va a pintar el cuadro que estudiaron, después se hará una especie de galería en el colegio, con tienda incluida y el dinero recaudado irá a la oenegé que decidan los niños. De esta manera los alumnos de primero aprenden el currículo que les indica la Lomce en prácticamente todas las materias, además de fomentar la oratoria (tienen que exponer un trabajo), la psicomotricidad (harán una performance con música y con su cuerpo formarán el nombre del pintor) y la educación en valores.

En el Pondal los profesores ponen mucho énfasis en que los niños aprendan a razonar y a investigar. Pero no nos engañemos, seis o siete años no dan para mucho. Por eso están todo el rato preguntando a Doris, que dulcemente les deriva a la fuente: el libro que les pasó, la información de la tableta... Es difícil acostumbrarse a hacerlo uno mismo, máxime cuando en casa hay una familia ansiosa por cumplir los deseos antes de saber que se tienen. Por si acaso, en el pasillo hay unos carteles que recuerdan a los niños el proceso: «Vexo, penso, pregunto». Es «una rutina, una destreza que se aprende», dice Guiomar López Troncoso, la directora pedagógica.

A por el talento

Con el método SEM (en que se basa Piteas) uno de los objetivos, tal vez el más emocionante de todos, es fomentar el talento de cada uno. «Si eres bueno en una cosa -resume Doris-, nosotros lo fomentamos, porque nos damos cuenta que te sientes mejor, más a gusto y eres capaz de trabajar más y aprender más. Al final, mejoras en todo». No vale eso del que va mal en mates tenga doble ración de asignatura.

Permitir que el alumno desarrolle sus habilidades sirve además de guía para el maestro sobre qué estimular en cada caso: «Detectas las capacidades de cada uno, pero muchas otras cosas, porque a veces los niños se expresan de las maneras más sorprendentes», confirma Mari Vilas, profesora de quinto. Para el día de la paz, la clase analizó el poema El corazón de la tierra de Gloria Fuertes, y Vilas les propuso a los alumnos que hiciesen su propio poema utilizando las mismas palabras, pero en un orden diferente. ¡Impresionantes algunos poemas! Por no hablar de los dibujos. En algunos se detectaba claramente el sufrimiento interno del alumno, una pista que puede explicar comportamientos y sirve para poner al tutor sobre un problema que de otra forma tal vez ni suponía.

El Pondal lleva mucho tiempo en la senda de la innovación y por eso ahora va dando pasos vetados todavía para la mayoría de los centros. Por ejemplo, en quinto y sexto de primaria ya no hay un aula A o B. Lo que existen son clases temáticas: aula de comunicación matemática, lingüística, científica... allí se va acumulando conocimiento, de verdad: pirámides gigantes que valen para estudiar los alimentos, guiñoles que se usan año tras año (una de las actividades más repetidas es crear marionetas, y escribir y representar obras con ellas).

Lenguas «compactadas»

Además, se han «compactado» las lenguas: gallego y castellano se dan a la vez de quinto de primaria a segundo de ESO. En cada aula hay dos profesores (uno por materia) y «vamos hablando como se habla en la vida normal, tienes conversaciones en gallego y otras en castellano. Los niños ni se dan cuenta», explica Mari Vilas, tutora de sexto.

Los alumnos ya no conciben otra forma de aprender. Reconocen que trabajan mucho, pero nadie se plantea dormitar en un rincón en la hora de clase. De hecho, en el colegio, donde comen, el horario a veces se difumina: «Al mediodía aprovecho para adelantar trabajo», dice un alumno tras ensayar con su flauta.

Proyectos

Esfuerzo del estudiante para hacerlo lo mejor posible

En Piteas los colegios implicados se comprometen a desarrollar un proyecto al año. Tienen que seguir la metodología SEM (siglas inglesas del Modelo de Enriquecimiento Escolar) que supone fomentar las inteligencias múltiples en clase a través de unos pasos que tienen como misión motivar al alumno, desarrollar su talento y conseguir que trabaje para mejorarlo. El aprendizaje es colaborativo pero también se fomenta la individualidad, sobre todo al crear un producto (físico o inmaterial) que resuma el trabajo hecho. «Es increíble el esfuerzo que dedican para hacerlo lo mejor posible», comenta Ángel Currás, tutor en ESO.

Motivación

El profesor tiene que ser flexible en la organización

Motivar es la primera de las tareas para el profesor. «A veces hay que frenarlos, porque no se puede hacer todo lo que quieren», reconoce Guiomar López. En el Pondal no hay apriorismos, el profesor no puede llegar a clase con una idea de lo que van a desarrollar: «Esto no funciona así», resume Currás. Y cuentan un caso real: «Cuando estudiamos las crónicas de indias, los alumnos decidieron hacer sus textos. Como hubo varios muy buenos, los editamos, así que hubo que recaudar dinero, imprimirlos y venderlos en las ferias que hacemos», cuenta López Troncoso. Hoy, estos libros están expuestos en la clase y sirven de motivación para el curso siguiente: «Ya quieren hacer lo mismo con el realismo», apunta Currás.

Todo se aprovecha

«Llevamos dos años con una línea del tiempo»

Las paredes del pasillo de ESO están decoradas con una línea de tiempo, ideada, construida y actualizada por los alumnos de toda la secundaria. Primero midieron los espacios para distribuir de forma proporcional el paso del hombre sobre la Tierra, y un tubo de plástico sirve de soporte para colocar los hitos que los alumnos destacan. Ya llevan dos cursos añadiendo productos, que «todos los alumnos cuidan mucho», algunos llamativos como los capiteles griegos del tamaño de una maleta y que «hicieron en el taller de Arte, Artellando». Un trabajo de investigación impresionante, como todo lo que se ve en esta línea enriquecida cada año: la balanza, el sextante o las piedras bifaz. Un orgullo para profesores y alumnos.

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