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Rebelión de los responsables de albergues privados contra la norma que obliga a poner sábanas de tela

Supone para el sector más gastos y el consecuente aumento de los precios, que podrían incrementarse entre un 30 y un 40 %


santiago / LA VOZ

El problema son las sábanas. En concreto, que sean de tela. Y que haya que tener las camas hechas. Es a lo que obliga Turismo a los albergues turísticos de la comunidad, que se han rebelado contra la interpretación que el ente autonómico está haciendo del decreto que regula sus establecimientos. ¿Qué le supone al sector? Más gastos y el consecuente aumento de los precios, que podrían incrementarse entre un 30 y un 40 %. Si las tarifas actuales oscilan entre los 10 y los 12 euros, los usuarios pasarían a tener que abonar entre 13 y 15 euros, según los cálculos de tres de las asociaciones que representan a los albergues turísticos: Agalber, Solpor y Rede de Albergues. Y esos son «precios de pensión», por lo que los usuarios, entre albergue o pensión, escogerán pensión.

El sector ha buscado un camino intermedio, el de seguir los criterios de Navarra, donde los albergues tienen kits de sábanas de tela para los usuarios que lo soliciten con una tarifa adicional de dos o tres euros. Pero, dicen, la Xunta no lo ha contemplado. Lo explicaba ayer Antón Pombo, de Solpor, la asociación que agrupa los establecimientos turísticos de la zona de Fisterra, que también recordaba que las sábanas y toallas de tela que la Xunta quiere generalizar en los albergues no son la solución más higiénica ni tampoco la preferida por los peregrinos. El sector los ha sondeado. Enrique Valentín, representante de Red Nacional de Albergues, explicó que los socios han hecho una encuesta rápida. Y el 80 % de los peregrinos prefieren las sábanas desechables. «El que hace el decreto no hace el Camino», lamentaba. De «despotismo» calificaba Antón Pombo la medida, que, denuncia el sector, no ha sido consensuada ni con ellos ni con los peregrinos: «Buscan el bien de los usuarios sin preguntar a los usuarios». Se queja del «agravio comparativo» con los albergues de la red pública, que «quedan exentos» y que «mantienen precios fuera del mercado real». El peligro, advierte Pombo, es que la red pública se «marginalice» y allí solo acudan los peregrinos de menos recursos.

«En contra de la higiene»

Pero más allá de si la Administración ha debatido la medida, de si los usuarios prefieren las sábanas desechables o incluso del incremento de tarifas al que se verían obligados, los representantes del sector alertan de que el uso de sábanas y toallas de tela, y sobre todo el hecho de tener las camas hechas, «va en contra de la higiene de los albergues», de por habitaciones múltiples. ¿Qué significa eso? Lo explica Pedro Xosé Quintana, presidente de la Asociación Rede de Albergues Turísticos: cuando a un usuario le asignan una cama «se puede sentar en la de enfrente, o pone la mochila y deshace camas que están hechas». Y ese asunto de la higiene los tiene preocupados, máxime «por la cantidad de gente que pasa» y por la plaga de chinches difícil de erradicar.

La Axencia de Turismo de Galicia ve las cosas de manera distinta. El objetivo del decreto es «garantir a calidade a imaxe de Galicia, especialmente importante no caso dos albergues dado o compoñente internacional do Camiño». Por eso, la lencería de las camas de los albergues debe de ser de tela y no de celulosa, aunque se podrá tener este tipo de sábanas para quien las requiera. Lo mismo ocurre con las toallas. Todo debe cambiarse a los tres días, y siempre que llegue un nuevo usuario. Todo, para llegar a una «excelencia na experiencia da peregrinación que responda as expectativas dun peregrino do século XXI».

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