Lagarde


Tiene el FMI estos arrebatos a lo Norman Bates. Pueden pasarse un tiempo con la mirada perdida, fingiendo que ni siquiera son capaces de matar literalmente una mosca, y luego asaltarte en plena ducha. Convirtieron en global ese «hai que ir morrendo», frase de anciano gallego achacoso que empapela con humor sus pocas ganas de irse al otro barrio. Christine Lagarde, la directora gerente del FMI, lamenta «ese riesgo económico» que supone que la gente viva tantos años. Egoísmo puro. La gente no es razonable. Con lo poco que gastan los muertos...

Ahora, Lagarde da una palmadita en la espalda a España para desenfundar el puñal a continuación. No lo hace para criticar el rescate millonario de autopistas ruinosas. Ni para censurar el comportamiento de banqueros que lo apostaban todo a las tarjetas black. Ni para escandalizarse por las bandadas de dinero patrio que vuelan hacia paraísos fiscales cruzando plácidamente los cielos de la UE. No. Pide que se suba el IVA y que se gaste menos en educación y sanidad. No vaya a ser que mejoremos en el informe Pisa, que aprendamos por encima de nuestras posibilidades. ¡Qué tiempos aquellos en los que Lagarde se presentaba como una ministra justiciera en Inside Job, el documental que hurgaba en las tripas de la crisis! «La industria financiera debe servir a otros antes que servirse», decía. Claro que entonces solo se ocupaba de la cartera de Finanzas del Gobierno francés. No era todavía la patronista del recorte. Tampoco había sido reclamada por los tribunales de su país por negligencia en el manejo de fondos públicos. El tiempo cambia guiones y papeles. Pero Christine parece de esas personas que mantienen los pies sobre las aguas y el rostro bajo el sol. Mucha palabra. Poco ejemplo.

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