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Todos contra Le Pen en el primer debate de las presidenciales

Los candidatos reprochan a la ultra «dividir a los franceses»


París / corresponsal

Ayer por la noche, los franceses esperaban la emisión de un debate entre los cinco principales candidatos al Elíseo y se encontraron con cinco monólogos con pequeñas puyas esporádicas, hasta que la polémica del burkini volvió a resurgir. Cuando los candidatos fueron preguntados por la laicidad y la ultraderechista Marine Le Pen evocó la prohibición de la vestimenta musulmana en los lugares públicos, Emmanuel Macron le reprochó inmediatamente querer «dividir a los franceses». 

Fue uno de los pocos momentos en los que los candidatos de izquierda dieron la vuelta al debate por momentos soporífero, ya que hasta entonces Jean-Luc Mélenchon había sido el único en criticar directamente a la ultraderechista. A las críticas se unieron el líder de La Francia Insumisa y hasta Benoît Hamon, que hasta entonces se había mantenido discreto. Los dos hombres de izquierda demostraron estar de acuerdo en la mayoría de cuestiones sociales y de educación, pero irreconciliablemente distintos en la política exterior. 

El resto del debate se desarrolló sin sorpresas: Le Pen hizo de cada apartado una cuestión de seguridad, insistiendo en que Francia está viviendo una «explosión de la inseguridad» en sus fronteras. Por ello, quiere rearmar la policía y los gendarmes, crear 40.000 plazas de prisión, endurecer las penas e incluso suprimir «las ayudas sociales a los padres de los hijos reincidentes». François Fillon se mostró de acuerdo en aumentar los efectivos y las plazas de cárcel, sin embargo, calificó los números de Le Pen como «irrealizables» con «una deuda del 100 %». 

La polémica no la puso la política, sino la cadena de emisión, TF1, la principal de Francia, que decidió no invitar a los otros 6 candidatos minoritarios. Los convocados aprovecharon sus intervenciones para criticar la decisión, el primero, Fillon. «Con esta regla yo no habría podido participar a la primaria de la derecha y del centro», denunció el aspirante de la derecha republicana.

Nueva denuncia de enchufismo

El programa de televisión Quotidien reveló ayer que el ministro del Interior, Bruno Le Roux, empleó a sus dos hijas como asistentes parlamentarias, una 10 y la otra 14 veces, durante sus vacaciones escolares empezando ambas cuando tenían 16 años. Le Roux se defendió diciendo que tan solo eran «trabajos de verano», por los que cobraron en total alrededor de 55.000 euros. Pese a ser una práctica legal, varias fechas no encajan: una estaba en prácticas en Bélgica durante uno de los contratos entre junio y septiembre del 2013. En el caso de otra hija, uno de sus contratos se solapa con sus clases de preparación para entrar a una gran escuela francesa, también a tiempo completo. El ministro insistió en que trabajaban online fuera de sus horarios ya que no necesitaban «una presencial física en la Asamblea Nacional».

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