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Un plan piloto que lo cambió todo

El instituto Fontem Albei, de A Fonsagrada, se animó con el aprendizaje por proyectos tras una llamada del ministerio en el 2009


a fonsagrada / la voz

Enclavado en un grandioso paisaje de montaña, el instituto Fontem Albei, de A Fonsagrada, es el fortín de juventud del concello. Allí, los 98 alumnos de ESO, bachillerato y FP básica dan pasos en el conocimiento en un ambiente familiar, tranquilo y cómodo. El IES nació para acoger a unos trescientos estudiantes y ahora es difícil encontrar a los jóvenes en sus aulas. «Como somos tan pocos -dice Antonio López Barrio, jefe de estudios y profesor de Lengua Castellana- los chicos van con frecuencia a las aulas de informática» o realizan actividades en diferentes lugares del edificio. Este es el claro ejemplo de una construcción hecha sin pensar para quién era, porque «está muy mal orientado» y en las aulas da el sol de forma tan directa que hay que cerrar las persianas. Detrás de las láminas los niños dejan fuera las montañas de la vecina Asturias y la claridad de las mañanas heladoras de invierno; la del día de la visita, en plena ola de frío, había conseguido congelar las tuberías del centro y no se podía acceder a los baños.

Arquitectura al margen, en el IES Fontem Albei hay calor. Los alumnos no salen fuera en el recreo durante la mayor parte del año y para entretenerse juegan al futbolín y al pimpón, al que también se animan algunos profesores. «Son chicos muy tranquilos», dice Carmen Gómez, la directora, quien reconoce que llevar un instituto con menos de cien alumnos es a veces incluso difícil por los pocos que son. Pero el estilo del Fontem Albei no es quejarse, sino al contrario, aprovechar las oportunidades. De hecho, ha sido gracias a una de ellas por lo que el centro acaba de recibir el premio de la Xunta a la formación de profesores en el CFR de Lugo. La fecha clave fue el 2009, cuando los llamaron del Ministerio de Educación para participar en un plan piloto que consistía en formar a profesores para poder enseñar por competencias, no por contenidos: el Plan Combas. El primer año fueron los docentes los que se convirtieron en alumnos, después ya supieron aplicar el aprendizaje, y fue en el 2012 cuando comenzaron a convertir eso en notas, es decir, aplicar el ABP en la enseñanza de materia que entraba en el currículo, no como complemento.

Tras formarse comenzaron a hacer miniproyectos, se integraron en la plataforma Proxecta de la Xunta, el banco de proyectos en el que este año 428 centros solicitaron 800 programas. El Fontem Albei tiene cinco: Proxecto Ríos, MeteoEscolas, Parlamento Xove, Sustentabilidade e Paisaxe y Clases sen fume. Cada profesor se apunta a los que quiere y cada proyecto tiene un coordinador que se encarga de darle forma y facilita la labor al resto.

Un río, cinco asignaturas

Un ejemplo, el Proxecto Ríos. En el área de Biología lo tienen fácil: hacen prospecciones en el cercano río Lamas o estudian su flora y fauna; en Lingua, en cambio, se decidieron por algo más complejo, estudiar las cantigas populares y buscar aquellas vinculadas con los ríos, o la presencia de los ríos en la literatura gallega a través de la historia; en Lengua prepararon un tríptico publicitario del río Lamas con mapas, itinerarios, información de molinos y construcciones...; en Matemáticas estudiaron los volúmenes; en Geografía se encargaron de las geolocalizaciones que les interesaba destacar; en Informática diseñaron una app para que el móvil se convirtiese en lupa y poder seguir los itinerarios del folleto.

El objetivo del claustro es ampliar al máximo todo este tipo de aprendizaje, y con cada curso van aumentando las exigencias. Así, el año pasado los alumnos de tercero organizaron una «cumbre» medioambiental, una dinámica muy diferente a la habitual que supuso para los adolescentes exponer ante sus compañeros, todo el instituto, las conclusiones de sus respectivos trabajos de investigación, además de desarrollar debates y charlas.

Para el futuro ya hay más iniciativas en marcha. Los profesores ya se están formando en aula invertida (flipped classroom), que consiste en que el maestro graba la teoría de sus clases en pequeños vídeos que los estudiantes ven en su casa y después, en clase, con ayuda del maestro si la necesitan, se encargan de hacer la práctica. También aprenden gammificación (usar las técnicas del juego en el aprendizaje, dando puntos a los equipos mejor situados, por ejemplo) y mobile learning, para explorar la utilidad del teléfono móvil en el aprendizaje.

¿Y los alumnos? Ellos también organizan cosas. Como la yincana que todos los años realizan los vecinos de sexto de primaria del colegio anexo con los de 1.º de ESO. O la venta de bocadillos de los de 4.º de ESO para la excursión, para la que acuñan su propia moneda, los fonsis. E incluso la limpieza, ya que hay una patrulla verde que está preparando premios (fonsis, claro) para quienes recojan más de tres papeles en cada recreo; la patrulla verde está diseñada por los alumnos con necesidades educativas especiales.

La nueva forma de aprender tiene éxito entre los jóvenes: «Con proyectos es mucho mejor», dice un alumno; «en ciencias, no hay duda», concreta otro; «aprendes igual con menos codos», resume una tercera.

Un IES peculiar

Horario

Clases de mañana y tarde y comedor en el centro. A Fonsagrada es el concello más grande de Galicia, con 438 kilómetros cuadrados, más de diez veces el tamaño del municipio-ciudad de A Coruña. Y no solo es grande, sino que sufre la despoblación rural: a 1 de enero del 2016, el concello tenía menos de 4.000 vecinos en total. Sumado lo anterior a la dispersión poblacional propia de Galicia, el caso es que los alumnos viven aislados unos de otros. Por eso, el IES Fontem Albei tiene un horario muy raro: de 9.40 a 17.05 horas, exactamente igual que el colegio de primaria que hay a pocos metros, ya que unos y otros alumnos comparten autobús. Esto supone una peculiaridad más en el centro y conlleva, por ejemplo, que tenga comedor y que el estudiante tenga mucho más tiempo.

Profesorado

«Este año tenemos un 70 % de docentes nuevos». Otra de sus características es que hay mucho profesorado de paso. «Este año -explica López Barrio- tenemos un 70 % de profesores nuevos». Los menos se quedan a vivir en el pueblo, como Pilar Tabarés, la profesora de Dibujo, que se ha apuntado al ritmo innovador del claustro. La mayoría o son de Lugo o residen en esta ciudad que, comunicada por una buena carretera, les permite ir y venir cada día. Carmen Gómez, la directora, lo considera positivo: «Viajamos varios en un coche y siempre estamos pensando qué podemos hacer. Son otras salas de profesores».

Lugar de socialización

«Es aquí donde los chicos hacen vida social». La dispersión tiene otro punto a favor. Nadie falta a clase, porque «es aquí donde los alumnos hacen vida social», dice Henrique Hervés, maestro de Geografía. Eso supone un talante más abierto a las iniciativas de los profesores, y les permite dedicar más tiempo a los jóvenes.

Inclusión

Cinco alumnos con necesidades especiales integrados en su aula. Nadie es más ni menos en el Fontem Albei. Hay un buen nivel de inclusión de los alumnos con necesidades educativas especiales (NEE). Participan en la clase común y tienen una hora diaria de apoyo con la orientadora; sus trabajos los cuelgan, como el resto, en un blog. El suyo se llama O noso recuncho do saber.

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