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«Galicia» llega de Somalia

El buque de asalto anfibio construido en Ferrol arribó con 253 marinos a su base de Rota después de 189 días de misión contra los piratas en el Índico


redacción / la voz

Galicia estuvo en Somalia. En una misión de 189 días que remató con la entrada del barco en su base de Rota. Los 253 marinos que quedaban embarcados al final de la singladura del buque de asalto anfibio -llegaron a ser 317- se reencontraron, por fin, con familiares y amigos tras más de medio año sin contacto. En la dotación, compuesta por 174 marinos de distintas categorías, hay 22 gallegos. El subteniente Manuel Antonio Leira Varela, Mani, como lo conocen amigos y compañeros, es uno de ellos y ha narrado en respuesta a un cuestionario las rutinas de una misión no solo de lucha, sino también de disuasión, de la piratería en aguas del océano Índico y el golfo de Adén.

Toca diana

Sin trompetas. No es como en las películas. No hay trompetas que toquen diana. Es la megafonía la que pone a andar al personal a las 7 de la mañana: «Diana, diana, arranchado de literas y aseo personal, dotación y fuerza embarcada, buenos días». Así un día, tras otro y otro... Bueno, excepto los domingos. Si se está de guardia, la cantinela se escucha despierto, porque la dotación del Galicia navega en turnos de tres vigilancias de 6 horas cada una, que arrancan a las 8 de la mañana. Si es un día «normal» toca desayuno, horas oficiales de trabajo, que pueden ser mantenimientos, limpiezas, adiestramientos de zafarrancho de combate o situaciones de emergencia... Y dan las 10.30 horas. Llega el bocadillo.

Misa o gimnasio

Tiempo libre. Tras reponer fuerzas, dos opciones: ir a misa -porque el Galicia tiene capilla con la virgen del Carmen, y capellán- o hacer «lo que prefieras». Buena parte de la dotación acaba en el gimnasio, «bastante bien equipado, con cintas de correr, elípticas, bicicletas estáticas, pesas y máquinas de musculación» y otra en las clases de aquellos compañeros que desinteresadamente ofrecen: «inglés, meteorología, entrenamiento físico...» No faltan los campeonatos de juegos de mesa: tute, mus, póker, ping-pong, ajedrez, dominó? «Por supuesto, con trofeos». Hay dos momentos del día que la dotación espera con impaciencia: la comida y la cena. De 13 a 14.30, el almuerzo, y de 19 a 20.30 horas, la otra. Ambas con turnos extensos para que puedan comer con tranquilidad tanto los que entran de vigilancia como los que salen.

Llega el fin de semana

Cine y palomitas si no llueve. «Cuando estás en la mar, los días van pasando y llega un momento en el que llegas a perder la noción del día de la semana en el que vives. Solo te das cuenta de que ya has cumplido una semana más, cuando te despiertas sin haber escuchado la diana. Entonces, descubres que es domingo, el único día de la semana en el que no tenemos esas dos horas de trabajos oficiales». Si la meteorología lo permite, los sábados por la noche, después de la cena, «se organiza un cine al aire libre en la cubierta de vuelo, con las palomitas y el refresco, rodeado de tu familia en la mar, esos compañeros que bajo el cielo de la zona, casi siempre estrellado, comparten contigo esa calma que se respira en alta mar, una calma rota por el audio de la película y, donde la luz del proyector que ilumina la pantalla, compite con la luz de las estrellas».

Tierra o mar

Amarrados por la crisis. En tierra es distinto. Hay guardias, mantenimientos y adiestramientos, pero el barco está dormido. «¿Qué preferimos? Cualquier marino, civil o militar, está hecho para la mar...» Ahora bien, «la actual situación económica, obliga a la mayoría de los barcos, y a sus marinos, a pasar más tiempo amarrados.

La misión

Proteger, vigilar e intimidar. «Nuestra misión es la de hacer presencia naval en la costa de Somalia, proteger a los buques vulnerables. En nuestra rotación tuvimos que escoltar un barco del Programa Mundial de Alimentos desde Yibuti hasta Berbera en el norte de Somalia porque no disponía de equipo de seguridad armado. Estamos intentando comprender el modo de vida de la sociedad somalí, entender qué puede empujarlos a lanzarse al agua y cometer un acto de piratería. Estudiamos sus movimientos, hablamos con ellos a través de los acercamientos amistosos y los enseñamos a luchar contra la piratería, nos ganamos su confianza y creamos un vínculo para hacerles comprender que estamos para ayudarles, que la piratería no es buena y que es importante para ellos y su país mantenerse alejados de este tipo de actividades».

¿Miedo?

Más bien nerviosismo. «Después de haber vivido tantos despliegues en zonas tan conflictivas o más que Somalia, nunca he llegado a verme tan amenazado por la situación o por supuestos enemigos como para sentir miedo, aunque es cierto que hay circunstancias en las que puedes estar más o menos nervioso por la incertidumbre de lo que está sucediendo fuera. Son momentos muy puntuales, en los que hay que desplegar un helicóptero o una embarcación para efectuar una aproximación a costa o a algún barco sospechoso. Situaciones que conoces pero de las que, dado el puesto en el que estás, protegido por las gruesas chapas de hierro del barco, no recibes información de cómo se van desarrollando, y sufres más por ese desconocimiento sobre el estado de los compañeros que han tenido que salir a dar la cara por ti, por España, por gente que ni siquiera conocemos?»

El regreso

Sin altavoces. ¿Ganas de regresar? «Después de tanto tiempo sin estar con tu familia, tus amigos, tu vida? Viviendo las experiencias de tu avatar militar, llega un momento (nada más soltar la primera estacha para salir a la mar) en el que ya estás deseando despertar y volver a estar en casa, tranquilo, sin escuchar los altavoces de la megafonía del barco, sin interminables vigilancias, sin turnos de comida? Aunque al final, cuando llevas tres días en casa, vuelves a echar de menos estar navegando para no tener que ir a la compra, pintar el salón? Es broma. ¡Como en casa en ningún sitio!»

Rebelión de secuestrados y evacuación del marinero de un pesquero vasco

El Galicia fue relevado el pasado 6 de octubre por la fragata Victoria en el marco de la operación Atalanta, la misión naval de la UE contra la piratería en Somalia. Allí también están desplegadas dos agrupaciones más: la Ocean Shield de la OTAN y la Combined Maritime Force (CMF) dirigida por EE.?UU. y en la que participan países como Corea del Sur y Pakistán. Hasta el 15 de enero de 2016, el Estado Mayor (ahora bajo mando de un contraalmirante español) encargado de coordinar la Operación Atalanta también se ocupa de coordinar a las tres grandes de la lucha contra la piratería.

Momentos tensos

Por destino. El subteniente Leira dice que en cualquier despliegue siempre va a haber situaciones de apuro, sea por un problema interno, amenaza exterior, fallo del material o accidente. «El paso del canal de Bad el Mandeb siempre es un punto caliente por la inestabilidad que se vive en Yemen, pero para eso nos hemos preparado y por eso se toman precauciones especiales». En estos seis meses, recuerda tres situaciones «no de peligro, si no de una intensidad especial». Una fue «la asistencia a un buque italiano que tuvo una avería en la máquina y se quedó a la deriva cerca de la costa de Somalia. Tuvimos que aproximarnos para impedir posibles ataques». Otra fue cuando «la tripulación de uno de los dos barcos retenidos en la zona de costa somalí que nosotros estábamos controlando, se rebelaron contra sus captores, pusieron en marcha la maquinaria del buque, levantaron el fondeo, consiguieron escapar y a través de la radio solicitaron nuestra ayuda, acercándonos a su posición les proporcionamos bebida, comida, protección y la confianza necesaria para volver a su puerto base». Aún rememora una tercera: «Recibimos una alerta del accidente que había sufrido uno de los marineros de uno de los muchos pesqueros españoles que faenando por allí, el Jai Alai, que necesitaba ser evacuado y asistido por nuestro equipo médico después de haber sufrido un fuerte golpe en una mano. Ante el mal estado de la mar y la imposibilidad de evacuarlo en una de nuestras embarcaciones, uno de los dos helicópteros que llevamos embarcados tuvo que realizar una evacuación médica, mediante una camilla de rescate conectada al gancho de rescate de la grúa de nuestra aeronave». Situaciones todas «para las que recibimos un adiestramiento continuo».

Cinco grupos distintos a bordo

Construido en Ferrol, el «Galicia» fue entregado a la Armada Española en abril de 1999. En esta misión ha habido 5 grupos diferentes a bordo: El Estado Mayor, la unidad aérea embarcada (lleva dos helicópteros y cuatro aviones), el equipo médico, el equipo operativo de seguridad y el padre capellán. Y la dotación, por supuesto.

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Somalia Operación Atalanta Ferrol ciudad Fuerzas Armadas
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