«Por fin las empresas están abriendo los ojos»

Miguel Gómez, «streamer» de Vigo


Redacción / La Voz

Desde Vigo, Miguel le muestra al mundo cada día cómo juega a H1Z1, un videojuego de supervivencia similar, explica, «a Los juegos del hambre». Durante ocho horas al día, a través de la plataforma Twitch, retransmite sus partidas, interactúa con los que lo están viendo y «nos echamos unas risas. Nunca me canso porque me divierto muchísimo», asegura. 

 Este joven vigués de 24 años quería ser jugador profesional y con esa intención se metió en el streaming en el 2012. Pasaron cuatro años sin hacer nada de dinero y «había meses que lo dejaba porque me frustraba, pero luego volvía». Buscó trabajo, trabajó y al poco tiempo volvió al paro. Y mientras rastreaba otro empleo decidió ponerse serio con el streaming, dedicarse a tiempo completo. Eso ocurrió el año pasado y ahora ya puede decir que vive de jugar a videojuegos.

 «Estoy encantado, es que no me lo creo del todo», explica feliz, «porque vivir de esto es complicado. Cuando empecé, durante meses y meses, solo me veían dos o tres personas».

El negocio del streaming tiene cuatro patas. Una de ellas es la publicidad. A más visionados, más ganan por los anuncios que insertan. Otra son las suscripciones al canal. A estos ingresos se suman las donaciones, desde un mínimo de un euro. Y completan la economía diaria los patrocinadores. A mayor popularidad del canal, más importantes serán. «Por fin los empresarios abren los ojos sobre este sector y empiezan a invertir en él. Creo que va a llegar un día en que toda la gente lo conozca, como el fútbol. Y no dirán aquello de mira, un friki que no sale del ordenador». Aunque se gane la vida con ello, Miguel tiene claro que esto no se puede hacer por dinero. «Te tiene que gustar muchísimo, sino no lo vas a conseguir, antes te vas a rendir o se te acabará la paciencia. Segurísimo».

 

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