Abrir el futuro


21/03/2017 05:00 h

Casi todos tenemos varios casos cerca, en la familia, en el grupo de amigos o entre los vecinos. Ya han cumplido los treinta, han acabado con éxito sus estudios, pero, por más que buscan. no encuentran un trabajo digno.

Solo algunos ejemplos, con nombres ficticios:

Pedro presentará en las próximas semanas su tesis doctoral, tras varios años de investigación y varias publicaciones con otros doctorandos en revistas especializadas. Sus únicos empleos han sido los contratos de becario en la propia universidad, que ha podido ir alternando con períodos de paro.

Santiago acabó su carrera hace ya algunos años. Cansado de enlazar contratos basura con el desempleo, aceptó la invitación de unos familiares para instalarse en su casa de Barcelona y buscar allí trabajo. En ello anda.

Juan lleva más de un año trabajando en la hostelería londinense a la espera de que aparezca algún empleo en lo suyo. Al menos ya domina el inglés.

María empezará la próxima semana a trabajar en un hospital irlandés.

Todos están hasta las narices de verse obligados a seguir dependiendo de sus padres, frustrados y con un complejo creciente de incapacidad para desarrollar su propia vida.

Mientras el Gobierno sigue alardeando del éxito de nuestra economía, la OCDE vuelve a advertir de la falta de empleo de calidad, el elevado paro juvenil, el escaso gasto en ayudas a desempleados y la elevada fiscalidad sobre las rentas del trabajo.

Podemos seguir presumiendo de crecimiento. Pero mientras tantos jóvenes no logren encontrar aquí un futuro viable, seremos un país cada vez más viejo y deprimido.

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