Elena Neira, experta audiovisual: «En Ourense se gestó mi amor por el cine»

María Doallo Freire
María Doallo OURENSE

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La experta audiovisual Elena Neira, en San Cibrao (Lugo)
La experta audiovisual Elena Neira, en San Cibrao (Lugo) Xaime Ramallal

La ourensana repasa su carrera y analiza la actualidad del cine y del «streaming»

07 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La experta en el sector audiovisual Elena Neira, esa mujer que participa en la retransmisión de la gala de los Oscar desde España y que conoce todos los entresijos de la nueva distribución de contenidos, es de Ourense. La banda sonora de su día a día no está compuesta por canciones, sino por series, películas o pódcast, que escucha y consume todo el rato. «Hasta en la ducha o mientras como», puntualiza. Elena se declara una friki absoluta de toda la industria audiovisual y confiesa que su filme favorito es El padrino. Ha compartido ascensor con Rutger Hauer, café con Michael Biehn y copas con Viggo Mortensen, aunque su lista de anécdotas es interminable.

Elena nació en la ciudad de As Burgas en 1975 y antes del cumplir un año ya vivía en Oviedo. De ahí se mudó a Viveiro y más tarde terminó en la costa de Lugo, concretamente a la aldea de San Cibrao, en Cervo. Aún así muchos de sus recuerdos están ligados a la provincia, de donde es toda su familia. «Ourense se convirtió en el sitio de las vacaciones (de verano, de Navidad, de Semana Santa...). Hasta los veintitantos pasé largas temporadas en esta ciudad y de hecho es el origen de la profesión que ejerzo ahora», admite. 

—¿Por qué?

—Porque en donde nosotros vivíamos no había cine. El más cercano estaba en Burela, pero llegó mucho después de nosotros mudarnos, así que cuando venía a Ourense, iba al cine todo lo que podía. En El pequeño cine vi joyas como Dentro del laberinto Dirty Dancing y muchas más como La jungla de cristal, Top Gun, Golpe en la pequeña china... Mis hermanas y yo íbamos a ver a mi abuelo, porque compraba el periódico a diario y entonces podíamos comprobar la cartelera. Entonces empezó a gestarse mi amor por el séptimo arte. Mi cultura cinematográfica se construyó entre lo que veía en Ourense y las películas que le alquilábamos al dueño de un videoclub en Viveiro que venía con una furgoneta llena de VHS hasta San Cibrao.

—¿Cómo eran sus veranos en Ourense?

—Somos una familia que hace mucha piña y todos nos sentimos muy ourensanos. Los veranos se dividían en dos partes, una en la ciudad y otra en el pueblo, en Froxás das Viñas (A Merca). Me acuerdo del calor insoportable de la capital y cómo mi abuela se levantaba muy temprano para poder ventilar. Nos pasábamos las tardes recorriendo la calle del Paseo y comiendo helado de nata con canela del Cortijo o yendo a las piscinas de Oira, sin contar las tardes de cine, claro. Tengo muchísimos recuerdos en Ourense y pasear por aquí me llena de nostalgia porque hay negocios que están intactos desde que yo era pequeña: la panadería a la que iba mi abuela, la sombrerería La Lucha o el restaurante de Mariñamansa donde celebré mi primera comunión. 

—¿Por qué decidió estudiar Derecho, si ya amaba el cine?

—Yo pertenezco a la generación X, esa a la que se le prometió que si estudiaba tendría trabajo. A mí me encantaba el cine pero no contemplaba la posibilidad de dedicarme a él, lo veía muy fuera de mi alcance. Lo que verdaderamente quería estudiar era Periodismo porque me gustaba escribir y me parecía una carrera muy interesante, pero solo se impartía en Santiago y en aquel momento, en 1993, me pareció una carga injustificada para mis padres, que ya tenían dos hijas estudiando fuera, así que me quedé en Ourense y me metí en Derecho. Cuando terminé fue cuando llegaron todas las dudas y ese mismo verano conocí a José Luis Gómez y me cogió para el área de comunicación de Grupo Zeta, así que me fui a Barcelona.

—Allí estudió Comunicación Audiovisual.

—Sí, me iba cogiendo tres o cuatro asignaturas por semestre y la fui sacando. Fue cuando empecé a entrar en contacto con las asignaturas de cine y me fascinaron. Yo hasta entonces no tenía ni idea de que había forma de estudiar producción, realización, guion, narrativa audiovisual... Me las cogí todas. Después de nueve años en el Grupo Zeta, una conocida me contó que se iba de vicepresidenta a una distribuidora de cine y que necesitaba a una directora de márketing. Me fui con ella de cabeza. Hasta que llegó la crisis económica del 2011. Me echaron, por extinción de puesto de trabajo, y decidí hacerme autónoma, sin tener ni idea de qué iba hacer. Empecé a hacer cosas como escribir, llevar el márketing de algunas pelis, dar formaciones... Mi trabajo se fue como expandiendo y se fue haciendo una bola muy grande. 

—¿Cuándo entra Netflix en su trayectoria?

—Fue en ese momento. Era la época en la que la piratería ya se había exacerbado y los cines estaban sufriendo muchísimo la caída de las recaudaciones. En Estados Unidos se empezaba a hablar de Netflix y yo me empecé a interesar mucho en él. Como no era capaz de estar quieta, cuando no había trabajo, leía sobre el tema, así que antes de que estuviese en boca de todos, yo ya hablaba de algoritmos y de streaming. La Universidad Abierta de Cataluña me propuso escribir un libro, dije que sí, y a partir de ahí todo ha ido creciendo de una manera cada vez más progresiva. Netflix es un ejemplo más de la nueva manera de comercializar y de consumir contenidos. Al final yo vengo del cine de la pantalla grande y nosotros vivíamos en un sistema que estaba pensado para pasar por un proceso de explotación de casi dos años, que permitía que en ese tiempo la película estuviese generando dividendos de los que cobraban un montón de gente. De ahí también viene la huelga de guionistas y actores.

Profesora en la universidad, escritora y fan de los Oscar

Elena Neira está especializada en la distribución del audiovisual y además de dar formaciones y conferencias para expertos del sector, también disfruta participando en distintos programas de televisión, en los que aporta su punto de vista. De hecho, la ourensana está presente en la mesa que debate y retransmite la gala de los Oscar, de los Emmy y de los Globos de Oro desde España.

—¿Qué es el streaming y qué cambios supuso?

—Es la distribución digital. Básicamente lo que viene a decir es que encerrar una película en pasos de comercialización es algo malo porque el usuario quiere ver las cosas de manera instantánea, le estaban obligando a esperar y eso supone mucha insatisfacción inducida. Lo que hizo Netflix es proponer la barra libre de contenido. 

—Después de todo esto, ¿cómo describiría lo que es?

—Es difícil acotarlo pero te diría lo que pongo en mi Linkedin. Soy profesora, doy clases de audiencias y de distribución en la Universidad Abierta de Barcelona y también hago muchísimas charlas de distintos temas. Soy escritora, que lo hago desde la parte más académica y divulgativa, y luego desde la más divertida porque Planeta me pidió que escribiese dos fanbooks sobre dos de series de Netflix, Élite y La casa de las flores.

—¿Cómo acabó siendo parte del equipo que retransmite la gala de los Oscar en España?

—Por casualidad, como con todo en mi vida. Me llamaron un día de Movistar para participar en un especial de Star Wars, que es mi saga favorita, soy extremadamente fan. Dije que sí y entonces a partir de ahí empezaron a contar conmigo para otras cosas, hasta que me propusieron participar en una gala y también acepté. Con ellos hago los Emmy, los Globo de Oro y los Oscar y es muy divertido. Además comparto con compañeros muy buenos con los que tengo mucho feeling como Alberto Rey, Cris Teva, María Guerra, Juan Sanguino... Concretamente la mesa de los Oscar a mí es la que más respeto me da porque estás con gente que controla excesivamente de cada aspecto del cine. 

—¿Qué será lo siguiente?

—Ahora mismo quiero terminar el doctorado y además también estoy ayudando al Barça a relanzar su plataforma digital. Pero sí que es verdad que ahora el streaming está evolucionando hacia otro lado y a mí me interesa mucho el tema de la inteligencia artificial, que cambia notoriamente el modelo de negocio anterior. Ahora mismo estoy en una encrucijada porque siento que la vida me está acotando, me está diciendo que me quede con algo, y la verdad es que no me apetece renunciar a nada porque me encanta todo lo que hago.