«La mercería hoy tiene que ser un gabinete que te sepa asesorar»

Decidió diferenciar su tienda añadiendo taller de confección y escuela de labores

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ourense / la voz

El espíritu emprendedor lo trae Montserrat Gómez Caamiña de serie. Sus abuelos y sus padres tuvieron negocios y ella pronto supo que su futuro sería cara al público. Su primer impulso la encaminaba hacia el diseño de interiores, pero finalmente optó por montar una mercería, aunque con toques singulares. No es solo un establecimiento de venta. Ofrece clases de distintas labores, desde calceta a costura o patchwork, y también confección a medida, además de un servicio de arreglos. El modisto José Antonio Vázquez Blanco y la profesora Mari Carmen Castro Piñeiro forman con ella el equipo que hace posible esta apuesta múltiple.

-¿Por qué optó por un establecimiento de este tipo?

-Me animé porque aquí en O Carballiño estaban cerrando las dos que había de siempre porque los propietarios eran mayores y se jubilaban. Yo había estado trabajando en Pontevedra también en una mercería durante tres años y ya conocía el sector. Este es un mundo más complejo de lo que parece, hay que manejar y conocer un montón de artículos distintos. En las generaciones anteriores quizá se sabía más de estas cosas porque la costura era algo más cotidiana, pero yo recuerdo que cuando empecé a trabajar en aquella tienda, la primera vez que me pidieron velcro me quedé parada sin saber de qué me hablaban. Al principio salía agobiada, casi llorando porque me parecía que no dominaría nunca esto.

-¿Se ha arrepentido?

-En absoluto. De hecho creo que si tuviese dinero para invertir lo que haría es dedicarme a lo mismo pero hacerlo en un local más amplio, más a lo grande. He aprendido mucho, tanto en los tres años que estuve de dependienta en Pontevedra como con lo que me enseñaron José Antonio, el modisto, y Mari Carmen, nuestra profesora. Me ha enamorado de este mundo, aunque curiosamente yo no era una manitas de las labores.

-Pero ahora tiene sus propias creaciones en complementos

-Sí. Como digo, he aprendido mucho. Yo no era ni de hacer labores ni de ponerme un tocado. Sigo siendo bastante linea recta en cuanto a mi estilo personal, y no suelo usar complementos, pero me encanta hacerlos para otros y verlos en los demás. Y parece que gustan. Tengo una agenda llena de encargos que voy confeccionando en los ratos más tranquilos de la tienda. Hago tocados, diademas, coronas, cinturones de fiesta...

-¿No cree que la mercería suena más a negocio del pasado?

-Yo creo que hacer labores o tunear la ropa, como decimos ahora, es algo que permanecerá. Siempre existió. Es cierto que en nuestras abuelas o nuestras madres primaba la utilidad . Ahora, aunque la crisis ha vuelto a poner en valor ese reciclaje de la ropa haciéndole arreglos, tiene más un componente de ocio o para desestresarse del día a día y evadirse. Hay cada vez más gente joven aprendiendo y la mayoría lo hacen más por dar salida a su creatividad y poder lucir cosas propias y únicas que por saber arreglar una cremallera o reponer un botón. Precisamente por eso la mercería hoy tiene que ser como un gabinete que sepa asesorar, además de encontrar lo que necesitas para esas labores. Hay cien sitios donde puedes comprar calcetines o pijamas, pero no tantos donde conseguir pasamanería o un tejido concreto o donde buscar consejo para una prenda que estás arreglando.

-¿Los incentivos a los jóvenes que apuestan por crear su negocio son suficientes?

-Afortunadamente yo tuve el apoyo de mis abuelos para abrirlo. Un negocio como este, por ejemplo, requiere mucha inversión inicial porque tienes que tener muchos productos distintos ya para comenzar. De fuera no hay muchas ayudas y las que hay están muy condicionadas. Por ejemplo, la que te dan cuando abres no puedes contar con ella para el gasto real porque está condicionada a que te mantengas dos años funcionando, y si no es así tienes que devolverla. Luego están las cuotas de cotización que son bastante elevadas. No estoy en contra de eso, porque con los impuestos sostenemos servicios esenciales y sé lo que vale tener la sanidad y la educación que tenemos en España. En México, por ejemplo, hay que pagarlo todo. Pero creo que tendrían que ayudar un poco más, no solo a los jóvenes sino a todos los que abren un negocio y que intentan salir adelante, porque tal y como están las cosas, si no encuentras trabajo, hay que inventarse lo que sea para salir.

-¿Cree que ahora es más difícil que en la época de sus abuelos?

-Yo creo que siempre es difícil asumir el riesgo de un negocio. Mis abuelos tampoco lo tuvieron fácil aunque quizá en aquél momento era más sencillo asentarse y crecer porque no estaba todo tan explotado y siempre había un hueco. Hoy hay ochenta opciones de todo: zapaterías, mercerías... tienes que captar la atención y diferenciarte. Por eso nosotros ofrecemos el plus de la confección a medida y las clases.

DNI. Aficiones.

quién es

DNI. Nació en México en 1985. Nieta e hija de emigrantes, volvió a España con 12 años. Comenzó a trabajar con 18 y el comercio, en los sectores de textil, calzado y alimentación, acapara la mayor parte de su vida laboral. Hace tres años decidió poner en marcha su propio negocio; una mercería que ha bautizado como La Moderna, en O Carballiño.

Aficiones. Le gusta el cine, tanto en pantalla grande como en el salón de casa. También es una gran lectora, y asegura que le encanta la literatura con base fantástica y romántica. Salir de paseo con sus mascotas y su pareja es uno de esos placeres cotidianos que intenta aprovechar al máximo, al igual que hacer pequeños viajes para conocer otras latitudes «siempre que sean lugares sin aglomeraciones de gente», resume.

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