¿Cuántos ciclistas más tienen que morir?

Urge una campaña de información sobre cómo adelantar a un grupo de ciclistas, pues el desconocimiento de la norma es mayor cuanta más edad tienen los conductores


Yo circulaba con mi coche el domingo pasado por la carretera PO-308 y pasé por Covelo, alrededor de las dos de la tarde. Una inesperada retención me alertó. Acababa de ocurrir un accidente. No habían llegado ni servicios sanitarios, ni la Guardia Civil ni siquiera Protección Civil. Solo una persona con un chaleco reflectante en medio de la calzada, con un comportamiento excepcionalmente meritorio, nos hacía señas a los vehículos que circulábamos hacia Pontevedra para que no nos detuviéramos ante la escena de una persona bajo un coche, tapado con una manta, a la que rodeaban otros vecinos. Camino de la capital y conmocionado por aquella imagen fugaz, pasaron en sentido contrario, hacia el lugar del siniestro, una primera ambulancia, luego otra medicalizada, después dos guardias civiles en moto y casi llegando a Andurique, el equipo de atestados de Tráfico.

La gravedad de las heridas fue tal que Jorge Vázquez Valcárcel, de 36 años, de Lérez, ciclista aficionado, murió allí mismo. Arrollado por una maniobra tan absurda como imprudente de un conductor que acababa de adelantar metros antes de esa curva a un par de ciclistas, el propio Jorge y su compañero Niko Vieites.

 

Reaprender la norma

¿Cuántas muertes más tendrán que producirse en las carreteras para que las instituciones afronten ejecutar medidas que supongan una reducción efectiva de los arrollamientos a ciclistas?

Me temo que les desagradará tanto como a mí saber que en el 2015 murieron 42 aficionados al ciclismo practicando su deporte, cinco de ellos en Galicia. Y en el 2016 los ciclistas fallecidos en España fueron 33. No encontré el dato concreto de Galicia, pero todos recordamos el caso más sonado, el arrollamiento que un conductor produjo a un pelotón de ciclistas en Oia, con 2 víctimas mortales y media docena de heridos. Hace trece meses. Desde entonces las autoridades, particularmente tanto la DGT como la Xunta de Galicia, prometieron diversas medidas para sofocar este tipo de siniestralidad. De todas ellas, apenas el reparto de chalecos reflectantes a ciclistas habrá comenzado entre algunas agrupaciones de aficionados al deporte del pedal. Pero actuaciones de mayor empaque no constan.

Urge una campaña de sensibilización e información a los conductores sobre lo que preceptúa la norma: hay que observar una distancia de seguridad de metro y medio para adelantar a un ciclista y se puede hacer invadiendo el carril contrario y en línea continua siempre que no circule ningún coche de frente. Guardar esa distancia de seguridad no es un capricho. Cualquier adelantamiento que no la observe conlleva un riesgo, pues el aire que genera el vehículo cuando rebasa al ciclista puede llegar a desplazarlo o derribarlo.

Los conductores noveles salen empapados de ese conocimiento desde la autoescuela. Los jóvenes y de mediana edad tienen presente esa regla gracias a ser más porosos a la información. El problema severo se da con los conductores de edades muy avanzadas. No resulta casual que el autor de arrollamiento del domingo pasado en Covelo tenga 82 años, como tampoco que el autor del atropello del pelotón de ciclistas en Oia en marzo de 2016 tuviera 87 años.

Colectivos como Stop Accidentes Galicia ha reclamado reiteradamente que a partir de los 65 años, los conductores sean obligados a un reciclaje que conlleve reaprender la normativa. Los colectivos ciclistas como Pedaladas de Pontevedra y todos aquellos que mueven a cientos de aficionados cada fin de semana o festivos, llevan años clamando para que se lance una campaña a fin de que los conductores sepan cómo adelantar a un grupo de ciclistas.

Asimismo, las instituciones anunciaron que tanto por esta casuística como por la irrupción de conductores mayores en autopistas y autovías en sentido contrario, se endurecerían las pruebas del psicotécnico exigido para la renovación del carné. Lamentablemente las estadísticas aún no reflejan un efecto corrector.

 

Carreteras que son bulevares

El siniestro del domingo pasado ocurrió en una de las carreteras que más circulación de vehículos soporta, especialmente en fechas calientes, como ocurre ahora en Semana Santa. Al mismo tiempo, la PO-308 es una de las vías preferidas por cientos de ciclistas para practicar su deporte, lo que obliga a la necesaria convivencia entre unos y otros. Ese vial se ha convertido en una especie de bulevar entre Pontevedra y Sanxenxo, sin posible capacidad de ampliación porque la presión urbanística llegó hasta el borde de la carretera. Y donde hay arcén, en cuanto llega el buen tiempo, es ocupado por miles de coches que lo utilizan como aparcamiento para ir a las playas.

Concello de Poio y Xunta de Galicia, titular de esa carretera y también de la autonómica donde ocurrió la tragedia de Oia, tienen pendientes un plan de mejora de la seguridad viaria.

En el caso de la PO-552, de A Guarda a Baiona, dotada con carril bici y un separador de hormigón, que lo estrechaba tanto que terminó por convertirlo en una ratonera, se comprobó que ese diseño era erróneo para garantizar la seguridad vial.

Aguardemos que la muerte de Jorge Vázquez que se suma a las de Nito Casas, Diego Freiría y tantos otros, sirva al menos para espabilar a las instituciones en la dirección adecuada.

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