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El director que de niño contaba pelis

Quico Cadaval participa en la Facultade de Belas Artes en un coloquio dentro de la Semana da Creatividade


pontevedra / la voz

El campus de Pontevedra celebra estos días la Semana da Creatividade e da Innovación y entre los muchos actos previstos están los coloquios En torno á creatividade visual e verbal, que se desarrollan en la Facultade de Belas Artes. Hasta allí, café en mano y con una pinza de la ropa en una oreja, llegó Quico Cadaval. El director teatral, actor y monologuista participó en el Espazo 16 en una charla con la decana, Silvia García. Entre el público había estudiantes del grado, pero también alumnos de otros centros que querían oír a Cadaval -el acto era abierto- y más de un profesor e investigador, entre ellos, Román Corbato.

«O formato fai que esteamos máis separados do que debería porque isto non é unha conferencia ao uso», comenta Silvia García abriendo la sesión. La decana deja claro que tanto ella como el invitado tienen tendencia a enredarse hablando, así que la cosa se prolonga más de la hora que estaba previsto.

¿Y qué motiva la presencia de Cadaval en la facultad? La máxima responsable del centro académico lo desvela. «A miña curiosidade vén porque Quico ten un plantexamento de performance máis cercano ás artes plásticas». El nexo de unión entre ellos fue una performance que el autor de Ribeira realizó en un escaparate de una tienda. Una acción artística que Silvia también llevó a cabo.

«Eu son de artes plásticas e el de artes escénicas pero fixemos unha performance similar. Creo que nesta facultade ten que notarse máis esa interrelación porque a creatividade é algo transversal», dice la decana, que considera que hay un déficit de trabajo colectivo durante las etapas educativas porque prima el éxito individual.

La charla de Quico Cadaval se apoya en la proyección de imágenes de obras en las que participó como director para explicar cómo se concibe el espacio escénico y cómo se negocia. La excesiva oscuridad de la sala no convence al director teatral, que abre una de las cortinas. «O que non se ve non se oe». Es norma en el teatro, apunta. Cadaval es un maestro de la palabra. Él contó a qué se debe. «Teño moi entrenada a capacidade de falar e de comunicar porque cando era neno contaba películas». Tal cual. «Cando saía do cine contáballe á película aos compañeiros que preferían ir xogar ao fútbol». Esa pasión y ese estar «moi metido na palabra viva» llevaron al autor a diseñar su acción en el escaparate, que es una forma de teatro. Y recordó que, como decía Peter Brook, la mejor definición de teatro es esa: «Alguén está nun sitio e se mira para el».

Cadaval se metió en el escaparate de una tienda y él mismo se convirtió en un objeto en venta. Se ofreció como mercancía al precio de 1 euro a cambio de diez minutos de conversación. Para él, un bien escaso. En la calle había una vendedora que recomendaba a los viandantes esa conversación. «Era coma o chufón que antes acompañaba aos pretendentes de matrimonio», explica. La performance siguió su curso hasta que un señor picó. «O señor dicía que aquelo era un desastre, que había que poñer uns altavoces e así oimos todos». De lo que trataba era de lo audible y lo visible.

El relato entretiene y mucho en el Espazo 16 y no faltan las risas a pesar de que aún no empezaron las preguntas. Cadaval va repasando la escenografía de algunos de sus espectáculos, donde siempre se nota la mano de Baltasar Patiño. Se detiene en las tituladas Obra, sobre los operarios que en los años 20 construyeron los rascacielos de Nueva York, O ano do cometa o Da Vinci tiña razón. Pura creatividad a golpe de palabra.

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