Más de 600 kilómetros de redes de abastecimiento llevan el agua del Tambre a los compostelanos

La ciudad cuenta con cinco depósitos, los 2 de cabecera para la planta de elevación y 3 en barrios del norte

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santiago / la voz 19/03/2017 05:00 h

Como de aquí a Madrid. Eso es lo que suma en kilómetros la red de abastecimiento para llevar el agua desde el Tambre a los compostelanos. Son 620 kilómetros de canalizaciones alimentadas por cinco depósitos, los tres localizados en la zona norte de la ciudad y los dos de cabecera conectados directamente con la planta elevadora y potabilizadora y que surten a los demás. En conjunto tienen capacidad para acumular unos 55.000 metros cúbicos.

Precisamente, en la planta elevadora del Tambre es donde comienza el ciclo urbano del agua en la capital. Y por ahí es por donde ha comenzado Viaqua sus jornadas de puertas abiertas para que los ciudadanos puedan conocer ­-con ocasión de la celebración el próximo 22 del Día del Agua- cómo se capta, se trata y se distribuye esta para ponerla a toque de mando en sus hogares. La primera fue este viernes, en colaboración con el CIAC, el centro municipal de Interpretación Ambiental de Compostela, que gestiona Feitoría Verde. Al margen del CIAC, el día 21 habrá otra visita gestionada por Viaqua y abierta a inscripciones.

A la de anteayer asistieron trece personas interesadas no solo en conocer el proceso, sino en visualizarlo in situ y de mano de la jefa de planta, Diana Peleteiro, quien dio respuesta a todas las preguntas que suscitó su exposición sobre un proceso que arranca con la captación del agua en el río Tambre. La planta tiene una capacidad máxima de captación de 900 litros por segundo, aunque lo habitual es que lo haga a 600. El punto de entrada está limitado por una doble malla para evitar que lo que pueda arrastrar el río, sobre todo en invierno, entre en las instalaciones y afecte a los motores. Dentro hay otra reja para frenar cualquier hoja que pudiese pasar la primera barrera.

A partir de ahí comienza el proceso de dosificación de los reactivos que se añadirán al agua: cloro gas para desinfectarla y una mezcla de cal apagada y CO2 para enriquecerla en sales e incrementarle el pH. El óptimo está en 7 y el agua del Tambre es de entre 6 y 6,5, explica Peleteiro en una charla seguida con atención por quienes decidieron apuntarse a través del CIAC.

El proceso de añadido de reactivos se cierra con la incorporación de sulfato de aluminio y un almidón para agrupar las partículas en suspensión que puede traer el agua y pasar a la fase de decantación, la de separación del líquido de esos restos, y a la filtración. De ahí el agua va a lo que se llama depósito pulmón para bombearla a los depósitos de cabecera: el de Vilares, el de mayor capacidad (25.000 metros cúbicos) y el del Polígono. Y desde ellos se distribuye por gravedad directamente a parte de la población y a los otros depósitos: en A Almáciga, Cancelas y Monte do Gozo. El de A Almáciga recibe también (30 %) de aguas de manantiales procedentes de la zona de Brins e igualmente controladas por Viaqua, aunque en este caso, al estar canalizadas y no expuestas a la turbidez que puede afectar a los ríos, solo precisan cloración, apuntó Peleteiro en un recorrido por las instalaciones que duró más de lo previsto por el interés manifestado por quienes decidieron aprovechar la ocasión para conocer como funciona en su origen uno de los principales servicios de la ciudad. La iniciativa les resultó interesante en general.

Pero el ciclo del agua tiene una segunda parte: el uso que hacemos de ella y su depuración. Y esa es la que centrará la visita del día 31 a la depuradora de Aríns, para cerrar la celebración del Día del Agua. La inscripción está abierta a través del CIAC. Antes, el 24, en este centro de Belvís, habrá una charla sobre la huella hídrica, con Yago Lorenzo.

Santiago, entre las 10 ciudades que tienen el ISO 22000

El agua de Santiago tiene la máxima clasificación de calidad para consumo. Así lo certifica el ISO 22000, que reconoce la gestión del abastecimiento de Viaqua en la ciudad y lo hace de acuerdo con los criterios aplicables a la industria alimentaria. «Neste tipo de certificación xa non hai máis nivel», según Viaqua, «e nós acadámolo tres anos antes de que entre en vigor na UE». Ese certificado no lo tienen muchas ciudades españolas. Solo diez, y tres son gallegas: Compostela, Ourense y Pontevedra, precisa la compañía.

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