al trasluz

Semáforos


Hay semáforos que obligan a un esprint si uno es peatón. Dieciséis segundos. Eso es lo que le da de margen alguno del casco urbano de Santiago. ¿Suficiente? Sí. No vamos a decir que es difícil cruzar en ese tiempo dos carriles. ¿Adecuado? No. Cuando el que se enfrenta a esta situación es una persona con la movilidad reducida y en lugar de estar en primera fila, está en segunda en el abarrotado semáforo, lo más seguro es que, antes de que complete su camino, el verde ya haya cambiado por el rojo. Si acude con un niño pequeño, mejor que lo tome en brazos antes -también para evitar un «atropello» por otro peatón-. Lo malo de estas situaciones, de tan poco tiempo para cruzar y tan larga espera, es que son muchos los viandantes que ya no aguardan por la luz verde. Si ven un mínimo margen, cruzan, con el consiguiente riesgo y el susto que se lleva el conductor de turno que tiene que pisar a fondo el freno cuando la luz verde le permite pasar. Quizás este escaso margen de tiempo sería comprensible en zonas con reducida presencia de peatones, pero cuando estamos hablando de uno de los accesos más utilizados a la zona monumental de Santiago, la situación toma otros matices. Uno de los semáforos que obliga a esprints y, a determinadas horas, casi a ir a codazos con el resto de personas para llegar a la otra acera, es el situado en la Praza de Galicia junto al hotel Compostela. Por no hablar de las aglomeraciones a las que se enfrentan los que solo quieren seguir por el mismo margen debido a las colas de los que están parados para cruzar. Son semáforos que llevan años al margen de todos los planes de humanización. ¿Sería mucho pedir unos segundos más? Al menos para cruzar sin estrés.

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