Altamira


No hay muchos edificios medievales en la comarca excepto, claro, los propios de Compostela y las iglesias que jalonan el Camino de Santiago. Algo tiene Padrón, y muy poco más. Así que los restos de la fortaleza de Altamira y su palacio gótico brillan con fuerza en los altos de Brión. Atrás, los tiempos en los que algún iluminado de la Diputación había propuesto crear ahí una gran biblioteca -tonterías que sí se podían decir en la dictadura-, la reciente visita al enclave del presidente del organismo provincial, Valentín Formoso, muestra una sensibilidad que se agradece. No habló de grandes obras, porque ni es tiempo de eso ni -¡fundamental!- se necesitan.

Prometió Formoso tres cosas. La primera, mejorar el acceso. Y esa es la única a la que hay que responder con un «depende». La pista estrecha llega. Si se refiere a mejorar el firme y marcar los límites del asfalto de una manera no tan chapucera como está ahora (como casi todas en Galicia, vaya), estupendo. Si se refiere a la manía tan enxebre de dar anchura y burro grande ande o no ande, la cosa se merece una reflexión. La segunda promesa, ampliar el aparcamiento. Bienvenida. Pero sin tocar la corredoira que arranca del punto donde se detienen los coches. No es necesario meter el vehículo por el antiguo foso adelante. Y la tercera, respaldar al Concello en sus conversaciones con los vecinos para poder retirar unos eucaliptos que mutilan la magnífica panorámica que se admira desde las torres.

Buena iniciativa de la Diputación, que tiene una excelente oportunidad de probar que es posible desarrollar un turismo respetuoso con el medio ambiente y el patrimonio histórico. Las avalanchas humanas, para Sanxenxo, por favor.

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