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«Ménage à trois» en el Thyssen

Pintura y moda se funden en el espejo de los grandes fotógrafos cuyas imágenes fundamentan la exposición «Vogue like a painting»


Madrid / Colpisa

«La historia de la pintura está llena de fashion victims, como vemos en todos los grandes retratos cortesanos, que son de última moda». Lo destaca Guillermo Solana, director del museo Thyssen-Bornemisza, que se alía con la revista Vogue para explorar el trío moda-pintura-fotografía. Un curioso ménage à trois que revisa la intensa vinculación de la alta costura con la pintura través de la fotografía en la muestra Vogue like a painting. Es una selección de fotos de inspiración pictórica procedentes de los archivos de la revista en la que vemos como Goya, Zurbarán, Vermeer, Dalí, o Sorolla inspiran a modistos y fotógrafos como Edward Steichen, Cecil Beaton, Irving Penn o Annie Leibovitz. Son 62 imágenes firmadas por algunos de los grandes de la fotografía y publicadas por la biblia de la moda en las últimas siete décadas. Positivadas todas en gran formato, su denominador común es esa inspiración que da la foto una cualidad pictórica que acentúa la relación entre pintura y diseño de moda.

«La foto es el puente entre la moda, que se mueve en el espacio y tiempo real, que es tridimensional y performativa, y la pintura, que está confinada en los cuadros -arguye Solana-. Estas fotos convierten en cuadro las imágenes de vestidos y moda».

Y puede ser evocando a La joven de la perla de Vermeer, en una foto de Ermin Blumenfeld, a una Santa de Zurbarán en un foto de Michael Thomson o escenas goyescas en una instantánea de Peter Lindberg, en una escena de playa de Sorolla o un retrato de Sargent. Todas usan recursos propios de los pintores, como la teatralidad de los escenarios, el drama del claroscuro, esquemas compositivos, la belleza de las figuritas, las poses y los decorados.

«A veces se evocan estilos, de las borrosidades impresionistas a las composiciones cubistas», apunta Solana. Destaca como «la foto ha vuelto al concepto de cuadro tras vivir buena parte del siglo XX rechazando la proximidad al lienzo y apostando por la espontaneidad radical». «Ahora es una forma más compuesta y escenificada, más de estudio, que no pretende simular una espontaneidad que no tiene y que conecta con la tradición pictórica», dice el director del Thyssen.

Deuda

También «la pintura debe a la fotografía mucho más de lo que reconocen muchos pintores que trabajaron con ella desde principios del XIX un poco a escondidas, como si la foto fuera algo ligeramente deshonroso, vergonzoso», dice Solana. «Hoy se han descubierto fuentes fotográficas literales para Delacroix o Degas que nadie hubiera sospechado y esto es más fácil de asimilar», agrega. Sostiene que «el estatus de la fotografía se ha elevado y la propia pintura a veces no es hoy la anfitriona: es la invitada en la casa de la foto. Ha pasado de hermana mayor a hermana menor y nos acordamos de la pintura porque la evoca la foto, que es el gran lenguaje visual contemporáneo». Así las cosas, ve la muestra como «un misterioso juego de cajas chinas en el que la foto está dentro del pintura, y viceversa».

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