el chaflán

Odioso


Cuatro titulares de un mismo día. «Escupitajos y amenazas a la pareja de la Guardia Civil de Alsasua: ‘Perro, vete al monte’». «Muere una mujer degollada por su novio en Fuenlabrada». «Alerta por el número de jóvenes que espían a sus parejas con aplicaciones móviles». «Detenido un homosexual español en Marrakech». Falta el ataque racista o el desprecio a los migrantes. Con poco que se busque se encuentran las muescas en nuestra odiosa hoja de la vergüenza.

El siglo XX, con todos sus avances para la humanidad, fue la era de los fascismos, del terror comunista, las dos guerras mundiales y las civiles, la bomba atómica, el colonialismo depredador. Cierto también que se dieron pasos enormes en la conquista de derechos civiles, en la igualdad de géneros, el respeto a las minorías y las diversidades. Pero arranca el siglo XXI y, como cada día, cuatro titulares entresacados en un vistazo al periódico nos arrojan a la caverna. El odio, la violencia y el escaso espíritu cooperativo siguen determinando la vida de las personas. Somos aquel pueblo de «costumbres absurdas» en el que un mordaz Baroja coloca al protagonista de El árbol de la ciencia.

Inquietante, sobre todo, observar comportamientos de algunos adolescentes. Porque más allá de la ira descontrolada propia de una etapa de conflicto personal, perviven actitudes, por ejemplo en la pareja, que no son nada tranquilizadoras. El uso experto que hacen de las redes les sirve a algunos chicos para agazapar un acoso y control que no debe extrañar que desemboque en violencia física. Pero, claro, estos adolescentes son el fruto de la sociedad que los adultos contribuimos a construir. Lo malo del odio es que nos hace odiosos.

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