Lo que vale un crimen político


25/11/2016 08:10 h

Lunes por la noche. En la disparatada comedia La que se avecina un aspirante a alcalde sufre un atentado terrorista perpetrado por sus compañeros de comunidad. La salvaje acción tiene un propósito: hacer repuntar su popularidad para que el afectado gane las elecciones municipales. Y funciona.

Miércoles por la mañana. En El Reino Unido condenan a cadena perpetua al ultraderechista británico Thomas Mair. Tal vez el nombre no les diga nada. Fue quien asesinó a la diputada laborista Jo Cox en la campaña del brexit.

En junio, cuando ocurrió el horrendo crimen político, muchos pensamos que iba a propiciar la derrota de los que apostaban porque las islas se alejaran del continente, pero nos equivocamos. La teoría base, clásica y probada, se cumplió en la ficción televisiva y no en la cruda realidad.

El mundo ha cambiado. Y solo prestando atención a sus mutaciones podremos entender por qué fallaron los análisis y los diagnósticos que nos decían que Donald Trump no podía llegar a ser presidente de Estados Unidos. Los mismos que insisten ahora en que Marine Le Pen no será presidenta de Francia. Los que no reconocen que un mensaje oculto enviado por Facebook tal vez no pueda mover montañas, pero sí decidir el voto de alguien que tiene miedo.

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