ENCADENADOS

«MasterChef» suma y sigue


Las cocinas de MasterChef no se han enfriado todavía y ya empiezan a precalentar para una nueva remesa de chefs. El programa cerró anoche su octava edición en tres años, contando sus diferentes versiones, y, dentro de pocos días, los niños volverán a poner los hornos a funcionar para otra de sus citas infantiles navideñas.

Cuando este éxito internacional arrancó en España, lo hizo a fuego lento, dándole el tiempo necesario para que el espacio soltara su jugo y el público se acostumbrara a su mecánica, al aire marcial del jurado y al imperativo de agachar la cabeza al grito de «sí, chef!». Pero desde que el espectador apreció su sabor, el espacio se ha asentado como uno de los grandes formatos de entretenimiento de la televisión, como marca de calidad y emblema de TVE.

La final de cine, con cuatro actores finalistas, con la que ayer despidió su modelo Celebrity puso de manifiesto una de sus grandes bazas: su buena selección de personal. Fue la oportunidad de humanizar ante los fogones a famosos de verdad, ver cómo sufren o se crecen ante un reto para volverse frágiles y pequeños ante el veredicto de los jueces. El perfeccionismo de Cayetana, la progresión de Miguel Ángel Muñoz de la básica tortilla al moderno cocido madrileño y las tensiones entre Fernando Tejero y Loles León han sido un maridaje perfecto para la audiencia.

El jurado no ha sido más clemente con ellos por ser famosos, como tampoco lo será en unos días con los niños por ser niños. Su profesionalidad combinada con su falta de compasión ya se ha convertido en el ingrediente el primordial.

Votación
4 votos
Etiquetas