«Se intenta llenar un vacío con la comida»

Dora, que sufrió el problema de su hija, relata que los afectados se ven sometidos a las burlas en la escuela

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santiago / la voz

La mayoría de las familias que se proponen tratar a un hijo obeso lo hacen porque come compulsivamente. «El problema no se originó en los últimos días antes de que pidan la ayuda, es una situación que se gestó durante tiempo. La crueldad de los colegas es el detonante para que esa familia acuda a nosotros. Esa crueldad se debe a los cánones de belleza que mandan en nuestra sociedad, de personas esbeltas, y quien no responde a eso tiene problemas», afirma Dora Sarmiento, la última presidenta de la asociación Abagal, de ayuda a personas con trastornos de la alimentación. A pesar de haberse disuelto hace un par de años siguen en activo, mediante un grupo de WhatsApp y en contacto con personas que acuden a la unidad especializada del Sergas en Santiago.

«Normalmente la familia llega desesperada. Intenta buscar que alguien les diga que lo que le ocurre a su hijo es una enfermedad y que tiene cura, que hay vida después de eso. Tanto la obesidad, como la bulimia o la anorexia, son enfermedades largas, crueles, difíciles de llevar. Se pueden conseguir cosas, pero hay que luchar», sostiene. 

«No se puede bajar la guardia»

Dora vivía en Madrid. Vino a Galicia hace 14 años «porque la unidad del Sergas en el hospital de Conxo (Santiago) es muy buena y, cuando supe de su forma de trabajar, no lo dudé. Vendimos y venimos para aquí. En nuestro caso el problema duró 10 años y, una vez superado, no se puede bajar la guardia. Pero hay casos que tardan más, o que se cronifica la situación», dice.

Cuando una familia contacta, la situación suele ser límite «he visto hombres como torres llorar de desesperación, por no saber qué hacer; porque el hijo que has criado con todo el amor del mundo, a quien has intentado darle todo lo que has podido, y más, te dice que no come porque no soporta la crueldad de sus colegas. Se encuentran solos. Y esa situación genera una gran agresividad», sostiene.

«Lo habitual es que se envíe a la persona obesa a especialistas de salud mental» El apoyo de la familia «es imprescindible para que la terapia tenga éxito, es el 80 %», remarca Dora. Lo que recomiendan cuando les llega un caso es que acudan al especialista de atención primaria (médico o pediatra) que tengan de referencia. «Lo habitual es que envíe a la persona con problemas de obesidad a especialistas de salud mental, que valorarán la situación y decidirán si pueden llevar a esa persona ambulatoriamente, o requiere enviarla a la unidad especializada del Sergas en Santiago. El abuso de la comida basura y el comer ante pantallas es lo que genera la mayoría de los casos: se intenta llenar con la comida un vacío, y eso requiere tratamiento de salud mental, porque exige una reorganización de la persona, para que intente llevar otro tipo de vida», dice.

A veces hay obesidades de causa genética, «pero lo habitual es que se deba a comer compulsivamente. Desde Abagal ofrecíamos formación en colegios, y promocionábamos que se recuperase el hábito de que la familia coma junta, alrededor de la mesa, hablando, y sin la televisión encendida, sin usar pantallas mientras se come», explica Sarmiento.

Dora considera que hubo avances importantes, «como eliminar la bollería de los colegios y, sobre todo, los protocolos que tienen los profesionales sanitarios y las campañas de comida sana. Aunque a veces esas campañas chocan con las familias que, cuando tienen un hijo que deja de comer por sentirse acosado, lo que les importe es que coma, lo que sea, porque saben que si no lo hace hay incluso riesgo de que pueda morir».

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