María Martín: «Zorra en una película está mal, pero en Eurovisión está bien y salen la ministra de Igualdad y el presidente del Gobierno a decir qué guay y cómo empodera»

Tamara Montero
Tamara Montero SANTIAGO / LA VOZ

SOCIEDAD

Autora de «La desfachatez machista», experta en igualdad y en lenguaje no sexista, María Martín Barranco advierte de que «el antifeminismo se ha apropiado del derecho a decidir qué el feminismo»

10 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

«Somos muchas y cuando una decae no tiene que seguir hasta el límite, porque hay otras y se nos olvida que somos una muchedumbre de mujeres dispuestas a trabajar». María Martín, divulgadora feminista, experta en igualdad y lenguaje no sexista y escritora, acaba de publicar La desfachatez machista, un análisis pormenorizado del machismo en los discursos públicos que se escuchan diariamente. 

—¿Qué es un señoro?

—[Ríe] Un señoro es un machista convencido y militante. Hay hombres que no se merecen el respeto de usar con ellos señores porque son irrespetuosos con nosotras, porque nos ofenden, porque nos insultan, así que el señoro me parecía muy apropiado. Lo aplico solamente para hombres que son machistas a conciencia de que lo son y básicamente presumen de ello.

—¿Realmente son conscientes de lo que dicen?

—Por eso hay un grado más allá del señoro, que es el machirulo. Todo el mundo tiene machismo, porque se nos educa en una sociedad machista y hay comportamientos que nos salen de forma casi automática. En el proceso de aprendizaje de ponerle freno y actuar de otra manera están muchísimas mujeres y algunos hombres. Esos hombres son machistas, pero no señoros. Después hay otro grupo que cree que el feminismo es lo peor y lo combaten abiertamente y esos son los machirulos, porque son especialmente agresivos y su misoginia es evidente y la conocen, pero les parece que la misoginia es algo bueno porque las mujeres nos estamos pasando.

Luego hay otro grupo de hombres que a veces incluso se llaman feministas, que saben algo de teoría feminista y entonces te la vienen a explicar o bien ese otro grupo que dice que el mundo es feminista hoy en día, que es feminista porque tiene madre, mujer, hija, porque adora a las mujeres. A veces pasa inadvertido, pero después de 300 años de feminismo, después de estar en redes sociales, después de tener referentes a su alcance en España desde hace más de 50 años y en los medios todos los días, si tienen esas actitudes es porque quieren, es que no saben porque no les da la gana. Ese machismo antimilitante absolutamente del feminismo y misógino es como una gradación más, pero después hay otro grupo de señoros de a pie, que a veces hasta se creen feministas, y ese tipo de aliados de los que hablo en el libro hacen mucho daño porque confunden a muchos hombres y a algunas mujeres, que llegan perdidas al feminismo pensando que quieren ser feministas, pero no de esas que odian a los hombres, que es el discurso que les llega. Me parece que cuanto más tranquilos más peligro tienen. 

—La mayoría de la sociedad identifica y combate el machismo agresivo y directo, pero ¿qué pasa con comentarios como aquel de los amigos de Pedro Sánchez incómodos con el feminismo?

—No se le dio la importancia que tenía precisamente porque su sutilidad hace que pase inadvertido. No todo el mundo tiene que saber teoría feminista, pero la capacidad de análisis hay que entrenarla todos los días y si alguien te está diciendo que es la cabeza del gobierno más feminista de la historia y te dice que hay un feminismo que incomoda a los hombres porque ya se está pasando, después no te puedes echar las manos a la cabeza porque hay una encuesta en la que se dice que el 44 % de los hombres de este país piensan que la igualdad ha ido demasiado lejos. Es muy curioso, porque la igualdad no puede ir demasiado lejos, como la salud no puede ir demasiado lejos. Fíjate la barbaridad que significa siquiera que un instituto oficial haga esa pregunta: ¿la igualdad ha ido demasiado lejos? ¿La salud ha ido demasiado lejos? no lo pregunta nadie. En realidad, lo que se estaba preguntando es si el feminismo estaba perjudicando al hombre, ese mensaje subliminal que se sabe que está en la sociedad, que nadie se atreve a plantarle cara.

Igual que hizo el presidente del Gobierno, se va deslizando desde otro ámbito cuando se etiqueta a un feminismo de verdadero y a otro falso, a uno de moderno y a otro de clásico. La etiquetas del feminismo son prácticamente infinitas porque cada señoro que habla quiere un feminismo a su medida y molestamos en todas partes. Cuando hacemos feminismo les molesta, pero cuando no estamos en las batallas que les interesan preguntan ¿dónde están las feministas? Es un doble discurso absolutamente perverso porque nos exige siempre una cosa y la contraria, de manera que siempre hay un grupo de mujeres a las que se puede reprender para que siempre estemos divididas. Antes eran las de divertirse y las de casarse, las buenas y las malas. Ahora, las buenas feministas y las malas feministas. Al final se trata de que ellos son siempre un grupo unido por sus propios intereses de género y de dividirnos a nosotras para que en ningún momento podamos trabajar como un frente unificado.

—Este año se ha vuelto a hablar de división dentro del feminismo. Ha vuelto a haber manifestaciones separadas.

—El feminismo se une en el año 2018, medio millón de mujeres nos lanzamos a las calles masivamente y al año siguiente ya teníamos el lío montado. El feminismo estaba fenomenal mientras éramos cuatro locas tiradas en las puertas de los ayuntamientos diciendo que no nos asesinaran. En el momento en que nos vieron unidas empezamos a ser peligrosas y entonces ya empezó eso del feminismo bueno y el malo, el feminismo del 99 % o sea, hasta los maltratadores entran en ese feminismo, el feminismo de los 47 millones. Ha sido algo que tiene mucho que ver con lo que tú preguntabas antes porque cuando el machismo viene de frente lo combatimos, pero nos ha venido un tipo de machismo que no hemos sabido prever como movimento. No hemos sabido prever que frente a nuestra capacidad de defensa a los ataques frontales, lo que han hecho ha sido atacar desde dentro. Y ahora se redefine el feminismo, y ahora el feminismo es lo que tú quieras, así que ya todo es feminista. 

—¿Es por eso que ahora el empoderamiento se asocia a la hipersexualización, a abrir un Onlyfans?

—Esto tiene mucho que ver no solo con las palabras, sino con los discursos que se han ido lanzando poco a poco. Le veo muchas similitudes con la manera de funcionar de la ultraderecha, porque los partidos que están en contra de la libre elección de la maternidad, es decir, los grupos que han estado siempre en contra del aborto, ganaron el discurso cuando se autodenominaron provida, porque te sitúa en el grupo de las que son contra la vida. Ese mensaje caló muchísimo y cuando se habla de aborto siguen diciendo eres una asesina de niños. Con esto ha pasado lo mismo, porque ha llegado alguien y ha dicho: eres anti derechos humanos. Ya te han colocado en la mala posición. Todo el mundo quiere defender los derechos humanos y vas con el equipo que los defiende, no con el equipo que te han dicho que es el equipo antiderechos. Nos han situado de partida en una desventaja en la que solamente te puede poner quien tiene el poder, que se puede autodenominar y puede elegir los nombres que se ponen a las cosas.

De pronto han decidido qué es feminismo y ahora es otra cosa. Ahora el feminismo es hacer todo lo que te dé la gana, cuando te dé la gana a la hora que te dé la gana y lo que te da la gana normalmente es algo patriarcal, porque es lo que aprendes. Es mucho más fácil ser feminista exponiendo tu cuerpo, que es algo que ya te pide la sociedad, que ser feminista diciendo que yo no tengo que exponer mi cuerpo para que me digas que sí. A ese festival infame en el que participa un estado genocida va una canción en la que una señora se llama a sí misma zorra y te lo quieren vender como que es empoderante, no solo la palabra, sino que es una señora de 50 años. Yo me pregunto ¿a una señora de 50 años que hubiera ido vestida como ella quisiera y no como le exige el sistema y además hubiera dicho si me dices zorra no te lo voy a permitir, la habrían dejado ir a Eurovisión y estaría todo el mundo apoyándola?, Yo digo que no, pero consideran empoderante lo que al sistema le interesa que hagamos.

Han fagocitado la terminología porque tienen una conciencia plena de quién gana la batalla del discurso y el antifeminismo se ha apropiado del derecho a decidir qué el feminismo, a decidir qué es una mujer, decidir qué es empoderamiento. Lo siento mucho, pero el feminismo sabe perfectamente qué es y el feminismo es antiexplotación de las mujeres en todos los sentidos, el feminismo es abolicionista de todo: de la prostitución y de la explotación del cuerpo de las mujeres. Hemos vuelto a desaparecer del foco, así que ahora lo que se quiere es un feminismo que no moleste a los hombres y un empoderamiento que nos ponga a su servicio como cuerpos. De hecho, cada vez más escuchamos las expresiones cuerpos gestantes y cuerpos menstruantes, pero es que en las redes sociales ya empieza a ser habitual hablar de cuerpos en lugar de hablar de mujeres o de personas. Como si solo fuéramos cuerpos, ya somos pura mercancía. Así se instalan los relatos. 

—¿Cómo se ve el futuro?

—Nos han situado en un lugar del que nos va a ser resultar muy difícil salir y en el que no previmos nunca estar. Quienes hemos estudiado teoría feminista sabemos que cada avance tiene una reacción patriarcal. También sabemos por experiencia que superamos todas esas reacciones patriarcales, pero el problema no es no superarlas, es que nos distraen de nuestros verdaderos intereses. No me gusta utilizar el lenguaje bélico, pero lo estoy utilizando a propósito. Ahora tenemos dos frentes de batalla abiertos: el frente tradicional, el machismo de siempre, el que nos corta la vida, el que nos oprime, el que nos mata, el que nos viola.. Y además de hacer esa lucha tenemos que estar diciendo que no somos malas, ni perversas, ni estamos en contra de nadie...

El feminismo no lo abarca todo y parece que tiene que ser vegano, animalista, LGTBIQ... No digo que ninguno de esos movimientos no tenga derecho a sus propios espacios, o que no sean legítimos, pero ese trabajo no tiene por qué hacerlo el feminismo. Y a su vez, cualquiera que esté en uno de esos activismos no es de por sí feminista. Todo el mundo tiene clarísimo que ser mujer no te hace feminista, pero de pronto parece que ser de ciertos colectivos te convierte en feminista directamente y hablas en nombre del feminismo. 

Se ha intentado confundir todo, al sistema le ha venido muy bien y se aprovecha. Ahí tenemos a la cabo Roberto y a la sargento Paco. Y las feministas advertimos que iba a pasar, porque sabemos que eso pasa. Y aquí estemos entretenidas con cosas de señores y señoros mientras nuestras cosas están desatendidas. De nuevo, tenemos que ser quienes comen solamente si hay sobras en la mesa.

—¿Es posible revertir ese concepto desvirtuado del feminismo?

—Se puede, pero ahora mismo estamos no sé si en la cresta de la ola o si ya ha roto y estamos intentando sacar la cabeza. Cuando los derechos de las mujeres avanzan siempre tienen un momento de resistencia muy fuerte del que parece que no se va a salir y siempre salimos. De la misma forma que hubo un momento en el que parecía que no íbamos a poder salir de ese bucle de que el feminismo es malo y el feminismo es perverso y el feminismo perjudica a la sociedad e hicimos ver que el feminismo era una cosa no solo buena, sino necesaria para las mujeres y para el conjunto de la sociedad si queríamos ser realmente sociedades democráticas y libres, hasta el punto de que ya muy poca gente quiere decirse antifeminista.

Toda esa gente que ha ido resistiéndose al final ha pasado y el feminismo ha quedado. Nos da coherencia la fuerza de lo que queremos conseguir, pero también poder mantenernos firmes en el tiempo, el haber desarrollado una herramienta de análisis teórico poderosísima que nos permite analizar no solamente la sociedad como fue, sino la sociedad como es y aventurar hacia dónde debe de ir, de saber que estamos de lleno en ello y de empezar a buscar maneras de contrarrestarlo. No vamos a salir más débiles, porque nos hemos quitado de encima una cantidad de peso muerto que pensábamos que era feminismo y que lo único que estaba haciendo era bailar el agua. Ya hemos identificado la parte que nos está dañando como movimiento y esa parte ya no la tenemos en cuenta.

—¿Qué ocurre con la agenda feminista, como la violencia machista, que parece que ha sido desplaza del debate?

—En el día a día, el feminismo que se hace en las calles es muy ajeno a toda la realidad de las redes sociales y esta discusión que parece que hemos abandonado, y sigue habiendo asociaciones feministas que trabajan en los territorios, de manera muy cercana a las mujeres que sí que echan de menos que quienes tenemos más voz hablemos de la abolición de la prostitución de la abolición de la explotación reproductiva, de la violencia machista. Tenemos que redimensionar los problemas, porque políticamente se nos ha inducido a discusiones que de nuevo nos entretenían.

Soy muy crítica con la manera en que hemos tenido de contrarrestar la agenda política de esta usurpación de la terminología feminista y de parte de de su agenda. La parte más superficial, lo que era residual de pronto se convirtió en lo principal y lo principal pasó a ser secundario y se le ha dado voz a los secundarios desmedidamente durante mucho tiempo. Tenemos que sentarnos en algún momento y reflexionar cada una sobre de qué manera nos hemos dejado poner un cebo y hemos ido detrás de él para que no se repita.

—Ha ocurrido con la violencia sexual. El debate se centró en los agujeros de la ley y no en la importancia del deseo y el consentimiento.  

—Con el debate sobre la libertad sexual, el consentimiento y el deseo a mí lo que más me impactó, y mira que yo pensaba que ya tenía callo, fue ver la cantidad enorme de hombres que no saben cuando una mujer los desea. Me dejó completamente anonadada eso de que hay que pedir un contrato. ¿En serio tú no sabes si estás obligando a una mujer? Si tienes tanto miedo de violar a una mujer para hablar de llevar un contrato, yo propongo una cosa muy sencilla: tú pregunta, y si no te dicen que sí, te vas a tu casa. 

—Eso se vio en las explicaciones que dio Carlos Vermut, no era consciente. 

—Sí, y piensas en la cantidad de hombres que no son capaces de darse cuenta de que hay una mujer que no los desea, que no saben ver la línea entre el deseo y la agresión o entre el deseo y la pasividad. Y lo peor que es que se empieza a ver como dicen que en algunos colegios no hace falta educación sexual y en otros ponen como educación sexual el porno.

—Ahora se están poniendo medidas para evitar el acceso al porno a edades tempranas. ¿Es suficiente?

—Esto es como lo del tabaco y el alcohol, son malos malísimos pero te vamos a seguir cobrando por ello. No lo van a prohibir, lo que van a hacer es prohibir el acceso hasta cierta edad, ¿Qué te crees, que si existe no van a llegar a él? ¿No fuman niñas y niños con 10 años, no beben niñas y niños con menos de 18? Pues claro que van a ver porno igual. Lo que hay que hacer es que el porno no se pueda producir porque es perverso y va contra todas las leyes que promulgan la igualdad

Y después, no vengas a decir que eso está mal pero que decirme zorra me empodera y que van a llevar a Eurovisión a unos señores vestidos como si salieran de una película porno dándose golpecitos en los cachetes. Zorra en una peli está mal, pero zorra en Eurovisión está bien, lo aplaudo y salen la ministra de Igualdad y el presidente del Gobierno a decir que qué guay, que cómo nos empodera. La hipocresía del discurso y la banalización de las discusiones políticas sobre los derechos de las mujeres y las explotaciones sobre sus cuerpos es tan enorme que a mí me produce un asco radical, me parece un timo completo, total y absoluto. 

El porno produce un daño brutal y ocurre algo muy curioso, que supongo que ocurre porque es algo que ves en la intimidad y que no compartes con tu familia. Si un niño o una niña ve una película donde conducen muy rápido, como Fast and furious, sabe que es ficción y que por la calle no se va así, porque ve a la gente conduciendo y no van así. Pero tú no ves a la gente practicar sexo. No tienes otra referencia más que esa. Y a los menores se les protege del acceso a eso, ¿y a las mujeres que están ahí siendo explotadas para el porno? De nuevo, como en la gestación subrogada, desaparecemos de la ecuación.