Lo que no debes hacer estas rebajas

Guía práctica para no comprar una liebre y llevarse un gato. 1 de julio: arrancan oficialmente las rebajas de verano


Redacción

A pesar de que algunas marcas se saltan a la torera el calendario oficial desde hace años, disfrazando los saldos de descuentos esporádicos, este miércoles arrancan formalmente las rebajas de verano. El 1 de julio los más rezagados inauguran el periodo estival de saldos desplomando los precios de sus productos ya obsoletos, mientras llenan perchas y escaparates con nuevas remesas recién salidas de sus factorías, prendas planchadas y ordenadas, productos frescos, llamativos, objetos más modernos, relucientes, que nadie ha sobado todavía a pie de tienda. Que no te engañen. Que no te engatusen con trucos de nueva temporada. Que en los descuentos de este julio hay mucho que rascar. 

-Hacer una lista antes de salir de casa con todos los antojos de estos últimos meses que, por una cosa o por otra, todavía no tienen un hueco en tu armario. 

-Establecer un límite de presupuesto. Díficil, pero efectivo. «En estas rebajas solo voy a gastar hasta aquí».

-Y dibujar mentalmente una ruta. Cinco tiendas, por ejemplo. Sin salirse de ahí. Mejor si están cerca de algún bar de moda para reposar, engullir un buen aperitivo y refrescarse con alguna bebida bien fría.

-Complementos. En este tipo de productos -bolsos, zapatos, cinturones, sombreros...- es donde más se notan los descuentos. Se trata de prendas que solemos comprar menos el resto del año por sus precios más elevados. Es ahora o nunca. ¿Cuándo vas a encontrar esas sandalias o esas deportivas a un precio mejor?

-Comprar siempre pensando en los meses futuros, tanto en el invierno -aunque suene poco apetecible- como en el verano que viene. Compra cosas que te puedas poner estos meses, pero que también puedas guardar para el otoño, para otros años, y, sobre todo, recuperar el próximo mes de mayo, cuando empiece a apretar el calor. Cuando en noviembre te acuerdes de aquel abrigo, tiradísimo de precio, que encontraste milagrosamente en un rincón de la última tienda de tu ruta de rebajas, o cuando te inviten a la enésima boda del 2016 y recuerdes aquel vestido al 70 % y que aún conserva la etiqueta para mejores ocasiones, sonreirás. Y te sentirás orgullosa de ti misma. 

-Y básicos. La norma madre de toda rebaja. Se compran básicos. Camisetas blancas, negras y grises. Vaqueros. Americanas negras. Camisas blancas. Porque nunca morirán. Porque hace un mes costaban el doble. Porque dentro de un mes costarán el doble.

-Compras online. Adiós colas, adiós calor, gente empujando, sudando, probadores a rebosar, prendas arrugadas, tiendas que parecen mercadillos. La tiendas en línea son lugares infravalorados. Suelen tener más stock que en las físicas, encontrar talla no es un infierno y, por encima de todo, son las más cómodas. En el sofá, piernas en alto, sobre ellas el portátil y una cerveza fría en la mano. ¿Hay una forma mejor de ir de compras?

-Guardar todos los tickets de todo lo que se compra. A veces, a la tercera prueba en casa, uno se ve muy diferente que en los favorecedores espejos de las grandes superficies. 

No

-Salir a lo loco de rebajas. A ver qué veo. A ver si encuentro algo. 

-No a las tendencias pasajeras, a las más barrocas y estrafalarias, a las que son tan descaradamente caducas que sabes que, como mucho, te las pondrás tres veces este verano. De estar muy encaprichado, déjalas para los últimos saldos, los de los días finales, cuando los precios están en su momento más bajo.

-Mejor no ir con novio/marido/compañero de rebajas. Casi con seguridad, ninguno de los dos manejará los mismos tiempos. Uno necesitará pasar un rato más largo ojeando camisetas; el otro querrá pasar por caja cuanto antes; uno se probará ocho prendas en el probador; otro preferirá cambair de tienda. Así, uno se sentirá siempre arrastrado por el otro de un lado a otro. Sin olvidar el factor consenso. Y luego llegan las discusiones. Opiniones que nunca debieron decirse en voz alta. Reproches. Los «ay, ay, ay». Y los «madre mía». Cada uno a su tienda. Y hora y lugar de encuentro pactado. Es la mejor opción.

-No dudes. Y en caso de no estar seguro del todo, cógelo. Hazlo tuyo. Porque si no, volará al rato. Si finalmente no te convence, siempre estás a tiempo de arrepentirte y devolverlo. Eso sí, controla los plazos.

-Nada de salir de rebajas el día de la ola de calor que todos los informativos llevan anunciando días. Ni tampoco un día que diluvie. No con tacones, ni con ropa incómoda. Tampoco con bolsos pequeños y, sobre todo, no con poco tiempo.

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-Ojo con aquellos modelos que se acumulan en masa en las rebajas. Por ejemplo, una determinada blusa. Quedan miles iguales en plenas rebajas. Algo raro sucede. Si no, no quedarían tantas. Este tipo de productos, que no se venden bien, suelen sentar mal, suelen tener patrones extraños o ser de tejidos de calidades regulares. Descártalos.

-Salir de rebajas el primer día, el segundo, el tercero, no es una buena idea. Primero, el hambre de compra te cegará. Te contagiarás del fervor general. Y acabarás llevándote a casa toda la tienda. Segundo, los mejores saldos hay que buscarlos, dejarlos reposar, esperar a  las devoluciones de las primeras compradoras, esperar a las segundas y a las terceras rebajas. He ahí donde se hallan los verdaderos chollos.

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