La risa, la mejor terapia

Aunque no lo parezca están realizando un ejercicio. La carcajada estalla en la clase y se contagia. No hay peligro mayor que el de liberarse. Desconectar de los problemas y del estrés para permitirse un placer: sonreír.

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Nos sale de forma espontánea pero también podemos adiestrarla. Con ejercicios de respiración se induce lo que Pilar Lorenzo define como risa consciente. Se consigue gracias a un tipo de yoga, el de la risa, que enseña en sus talleres. «Tras superar una depresión me di cuenta de que la alegría es una actitud interna, nos apropiamos de nuestro derecho a ser felices», enfatiza. Imparte cursos a comunidades de vecinos, como los de la foto, de Vigo, pero también a grupos de profesionales, acaba de realizar uno dirigido a médicos de atención primaria, o a personas que están atravesando un bache emocional. «Nunca me ha gustado la expresión que dice que hay que reírse de uno mismo», comenta mientras recuerda cómo decidió crear Risa Activa hace unos años. «Fue tras asistir a unas sesiones que me ayudaron a dejar atrás un mal momento personal, de mucha ansiedad», cuenta. A continuación explica su punto de vista sobre la citada frase hecha: «Intento evitar la risa que conlleva burla o que separa, la de las bromas pesadas. Nadie es perfecto», subraya.

Los suyos son talleres de tú a tú y, preferiblemente, en grupo. «No necesitamos a nadie para reírnos pero, cuando estamos rodeados de personas con las que nos encontramos a gusto, la risa también realiza una función social?, dice Pilar. «Tenemos que recuperar el derecho a reír, aunque no nos sobren los motivos para hacerlo. Cuando vemos que un niño se parte sin un motivo aparente nunca lo juzgamos. ¿Por qué lo hacemos con los mayores?», se pregunta. «Pretendo que cada persona se redescubra a sí misma a través de sensaciones positivas», continúa.

El humor terapéutico empezó a desarrollarse hace unos años sustentándose en la capacidad para liberar endorfinas, neurotransmisores opioides, que tiene la risa. Existen estudios que apuntan además que los optimistas son más longevos. Aunque las razones puramente científicas sobre estos resultados son cuestionadas, que una sonrisa puede tener un efecto analgésico en el que la protagoniza y en el que la observa está a prueba de cualquier test. «No se trata de huir de los problemas, ni de disfrazarlos o banalizarlos», explica Pilar. «Desconectamos y nos relajamos. Ejercitamos nuestro cerebro social, alejamos los miedos. No hay que olvidar que la risa está asociada al placer, por eso a veces reímos en situaciones difíciles», reflexiona, al mismo tiempo que incide en la falta de comunicación que impera en plena era de las redes sociales. Combatir la soledad es un reto contra el que se puede luchar desde dentro, trabajando nuestro estado de ánimo.

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