Tranquilos


11/03/2017 05:00 h

«Tranquilos». Así, en castellano, quiso transmitir calma a los empleados de Citroën en Vigo el presidente del grupo francés, Carlos Tavares. «Los trabajadores de PSA y Opel en España pueden estar tranquilos», dijo literalmente en el acto de presentación del nuevo gigante del automóvil. Siempre que cada centro de producción alcance «el nivel de rendimiento establecido», no será necesario cerrar fábricas ni despedir gente. El razonamiento deja claro el camino: es probable que los trabajadores tengan que volver a asumir recortes, como lo hicieron para conseguir las furgonetas del proyecto K-9. Y la competencia entre factorías hará más fáciles las rebajas: si no lo haces tú, lo harán otros. Así que no va a quedar otra que seguir el consejo de Tavares. Y tomarse una tila. Ahora bien: nadie puede creer que no se vayan a vivir ajustes de plantilla. Porque con su unión podrán ahorrar mucho PSA y Opel en innovación y en proveedores. También, ampliando su mercado. Pero duplicidades siempre van a existir. Y hasta ahora solo se conoce una fórmula para solucionarlas.

Es cierto que esto no tranquiliza mucho. Pero el tema de verdad preocupante es del que nadie habla: Citroën en Vigo necesita hoy la mitad de empleados que hace una década para fabricar los mismos coches. La robotización es imparable. Y el empleo industrial va a quedar muy tocado. Esto, y no la fusión, es lo interesante. Y no lo van a solucionar ni Tavares ni los trabajadores ni los sindicatos. Esto exige un cambio de modelo económico, incluso global. Y es aquí donde asombra que nuestros políticos hablen de otros temas y sigan tan «tranquilos».

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