«Muchos no recordarán que en El Corte Inglés se fumaba y cerraba a mediodía»

El jefe de Personal del centro vigués, Alfonso Rial, empleado desde la apertura, recuerda la revolución que supuso para la ciudad su puesta en marcha

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vigo / la voz 10/05/2017 00:37 h

Era viernes aquel 12 de septiembre de 1975. Un viernes distinto, porque los vigueses estaban expectantes ante la inauguración en su ciudad del primer macrocentro comercial de Galicia. Ese día se inauguraba oficialmente El Corte Inglés con gran boato representando a la firma el presidente del consejo de administración, Ramón Areces, y representando al Gobierno el subsecretario de Comercio Interior, Leopoldo Zumalacárregui, «además del director general, Isidoro Álvarez o el director de la sucursal viguesa, don José Ramón Tabargo», contaba la crónica de La Voz de Galicia. Estrenábamos un nueva época, una manera distinta y lúdica de entender el consumo. «Desde ayer todo Vigo ha comenzado a desfilar por lo que sin pecar de exagerados, se ha calificado como el mejor centro comercial de Europa», proseguía la crónica.

Lo vivió muy de cerca Alfonso Rial Costas. El jefe de Personal de Vigo desde el 2011 forma parte de la plantilla de los primeros días de aquel edificio sin ventanas que despertaba la curiosidad de todo el mundo. Él ya estaba en el mismo departamento, pero su cometido en los inicios era llevar la gestión del taller de confección y costura, que con los años fue subrogado y desapareció. En 1985 se hizo cargo del departamento de administración de Personal y en 1999 abarca el ámbito regional al tener también centros en Santiago y A Coruña.

De aquellos tiempos, Rial, que es natural de Nigrán, recuerda que la gente no tenía una idea clara de lo que El Corte Inglés suponía para la ciudad. El reclutamiento comenzó dos años antes de la apertura. «Sonaba ya como una empresa estable y consolidada, por eso un compañero de la firma en la que yo estaba antes, ya contratado en el de Madrid, me animó a que me presentase».

Para engrasar la maquinaria se puso en marcha un equipo llegado de las cuatro provincias gallegas, «muchos de Ourense y de Lugo, también de A Coruña, pero menos». Y con refuerzos de otros grandes almacenes ya en funcionamiento en España. «Nosotros fuimos el centro número once», subraya. En el sector, ser trabajador de El Corte Inglés era formar parte de un privilegiado grupo laboral. Rial asegura que todavía lo es: «El nivel de empleados con contrato indefinido sigue siendo muy elevado, superior al 90 %», afirma añadiendo que ahora la plantilla, que sigue rondando el millar de personas, está viviendo un cambio generacional inevitable. «Los que teníamos 20 años cuando empezó, ahora andamos cerca o pasamos de los 60», advierte.

Al veterano directivo le parece que lo que más ha hecho cambiar a este sólido emblema del comercio es la tecnología, porque la atención personalizada sigue siendo su gran baza. «No existía la informática y, al menos en nuestra sección, de ser una labor manual ha pasado a estar todo controlado por la computación». En sus inicios era como un parque temático lleno de atracciones, como su párking aéreo. «En Vigo no había ninguno, ni aéreo ni subterráneo. La gente se perdía en él. Nos pedían que les acompañáramos hasta el coche».

Entre los hitos más importantes que trajo fue el pago con la tarjeta del propio establecimiento. «No había precedentes, fue algo totalmente innovador», evoca. Un adolescente de hoy ya no recordará las máquinas por las que los empleados las pasaban tras ponerles encima la factura con papel de calco con copia para el cliente. Y eso que tampoco hace tanto que lo que Rial llama las Farrington (por la marca) fueron sustituidas por lectores ópticos.

El Corte es un mundo de costumbres únicas. ¿Alguien no ha visto alguna vez a un trabajador meter dinero en un tubo que sube y baja por todas las plantas? «El tubo neumático, sí, pues cae dentro de la caja fuerte», revela. Hay elementos que forman parte de la memoria colectiva, como probar las escaleras mecánicas por primera vez en tu vida. Otras se van olvidando. «Muchos no recordarán cuando en El Corte se fumaba y cerraba al mediodía». Los cambios de la sociedad han hecho desaparecer algunos departamentos, como el videoclub o que otros estén al borde de la extinción, como el de discos, que fue un mítico espacio, ahora arrinconado, donde los que peinan canas iban a escuchar vinilos tirando del cable de un auricular parecido a un teléfono. La sección infantil ha perdido muchos metros cuadrados mientras deportes ha crecido de forma salvaje.

También ha mermado la clientela lusa. «Sobre todo desde que abrimos en Gaia», reconoce. Ya no se repite la escena del atasco «desde Gran Vía hasta el seminario» en las jornadas festivas de Portugal. Y aunque admitían escudos, no se ha desterrado es el cambio de moneda extranjera.

Adecuarse a los tiempos es otra de las claves de su éxito. Al hilo del furor por la restauración han puesto en valor la terraza del último piso, desaprovechada durante años, y han diversificado la oferta gastronómica, «con operadores externos que aportan variedad y otro tipo de público». La introducción de firmas externas ha ido in crescendo. «En 1975 solo estaba perfumería», recuerda. «Y que devolvemos el dinero si el cliente no queda satisfecho sigue en vigor desde el minuto uno», concluye respecto al mantra.

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